Con mucha frecuencia, los humanos solemos hacer como el avestruz: esconder la cabeza para no ver lo (desagradable) que nos rodea, como si el dolor, la enfermedad o la muerte, no formasen parte de nuestra existencia, como si ocultándolos dejasen de ser una realidad. Hace años, no tantos, los enfermos permanecían en la cama de su casa, rodeados y aliviados por seres queridos y cuando llegaba la hora de partir no estaban solos. Ahora parece que ya no existe el dolor ni la enfermedad, pues los alejamos ... (ver texto completo)
Y es que la salud Manuel, solamente la apreciamos cuando la perdemos. No saboreamos la dicha de estar sanos. Yo que he pasado por una prueba pequeña comparada con otras, me di cuenta que hay mucho padecimiento. Oí muchos ayes, lloros, gente decelerada... En una palabra: Mucho sufrimiento. Y yo en veinticuatro horas que estuve ingresado no me rebullí porque me consideraba un afortunado entre tanto mal. Y eso que tenía dos agujas clavadas, una en la mano y otra en el brazo con suero y los electrodos y el tensiómetro permanentes.
¡Cuando salí que afortunado me sentí Dios mío...!
Un abrazo. ... (ver texto completo)
¡Cuando salí que afortunado me sentí Dios mío...!
Un abrazo. ... (ver texto completo)