(sigue)
Atocha marcó el inició de mi aversión a las grandes ciudades. El continuo trasiego de gente, los rostros desconocidos, el ruido y el ambiente denso eran suficientes para producirme desasosiego y abrumar al crío que yo era entonces y que echaba de menos la tranquilidad y seguridad que me ofrecía mi ciudad, pequeñita y acogedora. Me resultaba extraño aquel paisaje de edificios deslustrados, de tapias denegridas, de chabolas al borde de la vía y el tendido de infinidad de cables que surcaban ... (ver texto completo)
Atocha marcó el inició de mi aversión a las grandes ciudades. El continuo trasiego de gente, los rostros desconocidos, el ruido y el ambiente denso eran suficientes para producirme desasosiego y abrumar al crío que yo era entonces y que echaba de menos la tranquilidad y seguridad que me ofrecía mi ciudad, pequeñita y acogedora. Me resultaba extraño aquel paisaje de edificios deslustrados, de tapias denegridas, de chabolas al borde de la vía y el tendido de infinidad de cables que surcaban ... (ver texto completo)