Seis horas sobre el suelo helado del baño. Y quien me mantuvo con vida tenía cuatro patas.
Fue un martes, pocos días antes de
Navidad. Afuera, la ciudad estaba gris y húmeda. Dentro, el apartamento parecía demasiado silencioso. Yo estaba sentado en mi sillón, mirando el chat familiar, como si en cualquier momento fuera a aparecer un
mensaje distinto: “Papá, voy para allá.”
No apareció. Mi hijo escribió primero:“Perdón, papá. Pasaremos las
fiestas con los padres de Laura. Hablamos el 24, ¿sí?”
Después
... (ver texto completo)