Una carta como regalo
Franca desde muy pequeñita, amó las cartas. Para ella la llegada del cartero era una
fiesta.
Cartas de parientes de su
Italia natal, ya que a temprana edad había llegado a la
Argentina con su
familia, cartas de sus compañeros que estaban de vacaciones, cartas, cartas…
En esa época no había timbre, así que el cartero golpeaba las manos y la sorpresa era increíble.
Cuando llegó la revolución cibernética, ya en edad de merecer, Franca comenzó a sufrir los cambios.
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