Mensajes enviados por La Fueya:

Gracias a ellos se sabe que los obreros cobraban regularmente en grano, y les abastecían de sal, vestidos y herramientas, pero el resto de enseres como muebles o aceite debían comprarlos.
ARTESANOS

La gran mayoría trabajaba para el faraón, los templos y los nobles fabricando y decorando las casas, los muebles y las tumbas.

Casi todo lo que se conoce sobre ellos procede del estudio del poblado de Deir el-Medina, donde los escribas registraban cualquier detalle.
Durante la inundación, los campesinos se dedicaban a la limpieza de los canales de regadío o eran llamados para trabajar en las obras públicas.
En la siega también participaba toda la familia: el hombre delante con una hoz de madera y pedernal y mujeres y niños detrás recogiendo las espigas. Concluida la recolección, se llevaba la cosecha a la era donde se trillaba con la ayuda de bueyes y se transportaba a los silos públicos. De allí se repartía a funcionarios, esclavos, obreros y se guardaba el excedente para compensar los malos tiempos.
Al terminar, el ganado se soltaba en la parcela para que enterrara con las pezuñas la simiente.

Mientras llegaba la cosecha, se supervisaban los canales de riego y se cuidaba de la ganadería: ovejas y cabras que pastaban cerca del desierto y bueyes y cerdos criados en corrales.
Después de que los terrenos inundados afloraran, era necesario volver a medir y señalar las lindes, tarea que realizaban los escribas. Tras esto, el cabeza de familia trabajaba la tierra, llevando un arado de madera del que tiraba una pareja de bueyes dirigidos por un niño, y detrás el resto de la familia sembraba el grano, proporcionado por los almacenes del Estado.
AGRICULTORES

Regían su vida por las estaciones, que para ellos eran tres: Inundación, Siembra y Cosecha, pero de forma especial por las crecidas del río.
Está documentado en papiros de la dinastía XVIII que algunos trabajadores se vendían a sí mismos, asegurándose así mejores condiciones de vida. Otra cosa era el trato que recibían a manos de sus guardianes los prisioneros de guerra destinados a las minas de Nubia y el Sinaí.
Un esclavo tenía derechos legales, podía conseguir riquezas, y recibía un buen trato, sobre todo los destinados al servicio doméstico. Debían recibir como pago alimentación y alojamiento, pero también una cantidad determinada de telas, ropas y aceite, y podían comprar tierras o ser mantenidos por su amo
ESCLAVOS

Al principio, la línea que separaba al esclavo del siervo era muy tenue, ya que todo Egipto pertenecía al faraón. Las campañas bélicas victoriosas trajeron multitud de esclavos reales como botín de guerra, por lo que la abundancia hizo que fueran distribuidos entre los templos y los particulares.
En ella había una columna central de madera, que sujetaba el techo. Unas escaleras llevaban a la bodega, y una puerta daba paso al resto de las habitaciones, si es que las había, que eran almacenes y dormitorios. Se cocinaba en la calle, si la casa era muy pequeña, o en el patio trasero, donde había un horno y un pequeño almacén de grano.
Se accedía por una puerta de madera, y en la primera estancia se encontraba un altar, y se guardaban lámparas, jarras, braseros. A continuación se pasaba a la sala principal, iluminada con pequeñas ventanas que podían estar o no protegidas por contraventanas o celosías, y donde podía haber una bodega o recipientes cerámicos.
Una residencia estándar cobijaba de cinco a diez personas, padres con sus hijos, a veces de distintas madres porque la mortalidad era alta y los divorcios frecuentes. Las casas se pintaban de blanco y las habitaciones estaban en línea, unas detrás de otras ocupando entre 40 y 120 m².
Las casas de los ricos eran mayores, o bien unían dos, por lo que tenían más habitaciones, cochera, jardines, fuentes, huerto e incluso baño (el retrete era un recipiente de piedra con tapa), y estaban decoradas con frescos.
Maquetas de viviendas.

Podemos hacernos una idea de cómo eran las casas de la clase alta por las maquetas, sobre todo del Imperio Medio que reyes y nobles colocaron en sus tumbas durante el Imperio Antiguo, aunque a partir del Imperio Nuevo sólo se encuentran representaciones en papiros o pinturas. También se ha encontrado mobiliario, ajuar, juegos de mesa y herramientas.
Las primeras viviendas que conocemos datan del Periodo Predinástico: construidas con paredes de adobes y el techo de troncos cubiertos por hojas de palmera y barro, eran casas sencillas, pequeñas, semisubterráneas y con el techo inclinado, muy parecidas a las actuales. Incluso la técnica permanece inalterada, con los bloques de barro y paja secándose al sol, material frágil en el tiempo, que no nos ha dejado restos arqueológicos, al contrario que las tumbas o los templos: los vivos no necesitaban ... (ver texto completo)
Gracias al basurero cercano, donde se ha recogido gran cantidad de ostraca, los trozos de cerámica que se usaban para escribir ya que el papiro era difícil de obtener, se han podido conocer los diferentes aspectos de la sociedad. Incomprensiblemente, las basuras se eliminaban arrojándolas tras la muralla y cuando el montón era excesivamente alto se quemaban.
Desde la puerta de la muralla partía una calle que atravesaba todo el poblado, y que con otras cuatro distribuía las viviendas.
En tiempos de Thutmose I, constaba de unas 40 viviendas familiares, rodeadas de una muralla. Sucesivas ampliaciones la llevaron a tener 70 casas intramuros y unas 50 en el exterior en la época de su apogeo durante el reinado de Ramsés II, al trasladar la capital desde Tebas al delta y abandonar la necrópolis tebana.
Deir el-Medina estaba poblada por los constructores de las tumbas reales. Fue fundada por Amenhotep I alrededor de 1560 a. C. y abandonada repentinamente durante el reinado de Ramsés XI hacia el 1085 a. C., lo que ha facilitado su estudio a fondo.
En Deir el-Medina las primeras casas carecían de cimientos, mientras que las ampliaciones los tenían en piedra, formando muros que acababan con filas de ladrillos y en Amarna, la ciudad real, los edificios son de piedra con una base subterránea de yeso y grava. No había barrios ricos y pobres, las casas se mezclaban y eran de disposición y tamaño semejante, salvo para los personajes de clase alta. En general, los miembros de una misma familia vivían en un mismo barrio.
Las ciudades solían crecer alrededor de su templo principal y, a excepción de los centros administrativos o de barriadas con un objetivo preciso (como el barrio obrero de Amarna), no se hacía una planificación previa.
Los mandos estaban formados por miembros de familias de cierta categoría, los únicos que podían acceder a la escuela de oficiales y que conseguían prestigio y fama en la batalla, logrando sus ascensos. La tropa tenía la esperanza de conseguir un terreno de 3’25 Ha, sin distinción entre nativos y mercenarios, parcela que podían heredar sus descendientes siempre que entre ellos hubiese un varón apto para enrolarse.
En cuanto al armamento, pinturas y relieves nos han dejado testimonio del uso del arco, aljaba para las flechas y cimitarra, así como lanza, y una maza sustituida posteriormente por un hacha. También llevaban puñal al cinto y un escudo de cuero.
Los hicsos habían introducido el caballo y el carro de guerra, cuyo uso quedó restringido al faraón y los nobles, y estos cuerpos de élite quedaban encuadrados en Divisiones de infantería, que constituían la principal masa de combatientes. Cada una iba mandada por un general y recibía el nombre de un dios; estaban divididas en batallones y estos en compañías formadas por unos 200 hombres, repartidos en secciones de 50.
Durante el Primer Periodo Intermedio y a consecuencia de la inestabilidad, los distintos gobernadores crearon ejércitos privados, y comenzó una práctica que se hizo habitual: el empleo de fuerzas mercenarias extranjeras. Ya en el Imperio Nuevo, tras la derrota de los hicsos, la dinastía XVIII comienza una serie de campañas militares y conquistas para las cuales el ejército necesitó una elaborada organización.
En el Imperio Antiguo, el ejército se denominaba mesha, cuya traducción viene a ser “agrupación de fuerzas”: y efectivamente, eso era, unos grupos que se reunían en caso de necesidad para apoyar a pequeñas unidades permanentes. Este ejército tenía entre sus funciones la protección de fronteras y del comercio marítimo, pero también la realización de todo tipo de trabajos públicos.
Egipto era un enclave protegido por la naturaleza: ésta le proporcionaba un río que le daba vida, y más allá el desierto que hacía imposible una invasión, al menos hasta el Imperio Medio cuando las fronteras se revelaron poco seguras y los faraones decidieron actuar en el exterior, luchando por Siria y Canaán, enfrentándose así a otros imperios. Se hizo entonces imprescindible un ejército organizado.
Había especialistas en medicina del trabajo, por la urgencia de poner de nuevo al obrero a trabajar, obrero al que se atendía de forma gratuita. Otras especialidades relevantes eran la Ginecología, debido a lo importante que eran los hijos, y la Cirugía. La medicina se enseñaba en la Casa de la Vida adscrita a los diferentes templos.
Heródoto relata:
La medicina está dividida de esta manera: cada médico cuida una enfermedad y no más. Todo está lleno de médicos, pues unos lo son de los ojos, otros de la cabeza, otros de los dientes o de la región abdominal; y otros de enfermedades inciertas (medicina interna). Tierra fecunda que produce gran cantidad de drogas: unas son remedio, otras, veneno. País de médicos, los más sabios del mundo.
Surgió como en otras partes del mundo, con la observación del efecto que algunas plantas tienen sobre el ser humano: sanan, curan o matan. Dada la tendencia del egipcio a estudiar todos los fenómenos naturales, pronto surgió un cuerpo médico que alcanzó un gran prestigio, incluso en el extranjero.
La estricta maquinaria estatal, que intervenía en todos los asuntos, y el almacenamiento de excedentes impidió que se aplicaran las leyes de la oferta y la demanda, evitando diferencias de precios y consiguiendo 30 siglos sin inflación.
Espejo de cobre

Otras materias primas:

* Piedra: sacada de las canteras del país y empleada en templos, muelles, tumbas o canales.
* Adobe: creado a partir de paja y barro del Nilo y destinado a la edificación de viviendas y la alfarería;
* Madera: importada del Líbano, era empleada para barcos y sarcófagos.
* Cobre: procedente de las minas del Sinaí, servía para la fabricación de herramientas y armas.
* Hierro: importado del Imperio Nuevo, su uso se extendía desde las herramientas ... (ver texto completo)
Rigurosamente administrados por escribas especializados, los almacenes tenían varias funciones:

* Acumular reservas para tiempos de escasez.
* Pagar los salarios de todo empleado (obrero, artesano o funcionario) al servicio del Faraón, templo o noble responsable del almacén.
* Distribuir las simientes para la siguiente siembra.
* Vender los excedentes al exterior.
Estas estructuras fueron sustituidas en el Imperio Medio por edificios cuadrangulares con varias aberturas en el tejado que constituían en sí mismos silos. Por último existía un último tipo de granero exclusivo para el almacenaje de semillas de siembra que se diferenciaba del resto por su forma trapezoidal.
En el Imperio Antiguo estos silos tenían formas cónicas con una abertura en su extremo superior para verter el contenido. En el caso de que fueran demasiado altos se habilitaban escaleras auxiliares para facilitar la descarga.
Estas infraestructuras de almacenaje eran de vital importancia ya que servían para conservar los excedentes durante la estación de la crecida. Durante las diferentes etapas del Antiguo Egipto presentaron diversas morfologías.
La riqueza provenía de los excedentes agrícolas: nada más recoger la cosecha, los productos y las cabezas de ganados “cobrados” como impuestos eran llevados a los silos de los respectivos organismos, verdaderos núcleos de toda la organización egipcia.
La economía del antiguo Egipto estaba totalmente intervenida. El Estado controlaba la agricultura, era propietario de las minas, repartía los alimentos, recaudaba impuestos y controlaba el comercio exterior.
Los árboles eran escasos, por lo que estaba totalmente prohibido cortarlos sin permiso real. Generalmente los frutales estaban en los jardines privados de las familias ricas.
Se cultivaba principalmente trigo, cebada, lino, higos, cebolla, lechuga, y recibió especial cuidado la vid, mimando el vino, del que se indicaba en el ánfora procedencia, año de cosecha, y nombre del viticultor, y era muy apreciado. Con la cebada se preparaba la cerveza, barata y abundante.
La estabilidad económica hizo que no variaran las condiciones en 3000 años: fuera buena o mala la cosecha, al arrendador o al recaudador de faraón habían de entregarse 7 u 8 khar (86 litros de grano) por cada arura (0'25 ha).
La tierra fue al principio propiedad real, pero sucesivas donaciones reales derivaron en un régimen latifundista en el que se arrendaban las parcelas a distintas familias. Normalmente, los contratos eran anuales y se renovaban si no había incumplimiento, de forma que eran heredables por los hijos.
Las primeras canalizaciones datan del 3500 a. C., y en 1830 a. C. se establece el primer plan de regadíos en el Bajo Egipto que garantizará en el futuro reservas de agua para permitir los cultivos en la estación seca.
Numerosas pinturas en templos y tumbas nos han dejado constancia tanto de los esfuerzos dedicados a la agricultura, columna vertebral de la economía, (Los faraones se preocuparon de realizar costosas obras de canalización para domesticar al Nilo) como del trabajo del campesino.
Es evidente que la civilización egipcia no podría haberse desarrollado sin el Nilo: al desbordarse fertilizando periódicamente sus riberas con limo, permitía abundantes cosechas.
La jerarquía dependía de la Gran Esposa Real, y tenía a su cargo a los funcionarios que trabajaban para los talleres, los administradores y los sirvientes. La directora llevaba el título de Sehpset "la venerable", de las demás mujeres, las pertenecientes a la nobleza tenían el de Ornato Real.
Una importante actividad que se realizaban en las escuelas de la Casa Jeneret era la confección de vestidos, y elaboración de útiles de belleza y aseo, pues disponían de talleres de alfarería, tejidos, y carpintería.
La Casa Jeneret era una dependencia de la casa de la reina, donde se educaban las damas de la corte en muchos aspectos, pero sobre todo se instruían en música y danza, aprendiendo a tañer el arpa, el laúd, o la flauta. Sus danzas rituales y melodías apaciguaban a las divinidades y el ambiente de armonía regocijaba a todo el mundo.
En estas casa de vida también funcionaban unos establecimientos que podrían ser considerados una especie de sanatorio.