Mensajes de FREILA (Granada) enviados por antonio:

Agorafobia. Fobia a los lugares abiertos o muy concurrido
Agitación psicomotora. Excesiva actividad motora asociada a una sensación de tensión interna. Habitualmente, la actividad no es productiva, tiene carácter repetitivo y consta de comportamientos como caminar velozmente, moverse nerviosamente, retorcer las manos, manosear los vestidos e incapacidad para permanecer sentado.
si llateloas ganado todo el dia puniendo mensajes
descansa un poco
ya estoy de vuelta fina y como ves no se digna de entrar nadie de freila, valla paisanos que tengo
me voy a ver el futbol
hasta luego
buenas tardes antonio
sienpre solo donde esta victoria
no labeo esque esta enferma
y tu que tal llevas el dia
buenas tardes antonio
sienpre solo donde esta victoria
no labeo esque esta enferma
y es raro que ha esta hora no esté por el foro
buenas tardes antonio
sienpre solo donde esta victoria
no labeo esque esta enferma
hola fina, pues no se donde estará
¿Qué ha sido de esas muchachas que cifraban todas sus esperanzas en el aprendizaje de esa lengua prohibida para huir del país? Una esperanza frágil pues, como sólo tienen frente a ellos una oposición debilitada, los talibanes avanzan de victoria en victoria y controlan ahora más del 80% del país.
¿Por qué correr entonces tantos riesgos para enseñar clandestinamente?

queremos aprender. Ustedes son mujeres libres, pueden leer, estudiar, pensar. Pues bien, las afganas aspiran a otro tanto. Los talibanes nos prohíben estudiar, pues tienen miedo de que nos rebelemos. Somos educadas, ellos son incultos, es eso lo que los asusta.” En la habitación contigua, las alumnas de Shamira repiten una lección de literatura inglesa en un murmullo. Será uno de sus últimos cursos. Algunas semanas más tarde los talibanes entran a la fuerza en todas las escuelas clandestinas, destruyendo cuanto encuentran a su paso. ... (ver texto completo)
Pese al terror que reina en el país, las mujeres no vacilan a veces en rebelarse. Bajo el chadri, Shamira lleva un vestido largo. Tiene anillos en las manos y las uñas de los pies pintadas. En su rostro ovalado brilla una mirada penetrante y levemente temerosa. Antes de que llegaran los talíbanes, Shamira eracatedrática de derecho en la Uni versidad de Kabul. Hoy enseña inglés en una de las numerosas escuelas clandestinas de Kabul, que reciben a unas ochocientas muchachas. En dos oportunidades durante ... (ver texto completo)
En Kabul 13% de las mujeres son jefes de familia. Deben alimentar solas a sus hijos, aunque les está prohibido trabajar. Desafiando los palos que les propinan los jóvenes talibanes de la milicia “de promoción de la virtud y prohibición de los vicios”, algunas vagan por las calles, mendigando al azar una magra ración. Otras hacen cola ante los centros de las organizaciones humanitarias. Pero en julio de 1998 los talibanes expulsaron a las treinta ONG que actuaban desde hace años en la capital en ruinas. ... (ver texto completo)
En el Afganistán de los talibanes, “estudiantes de religión”, sólo los médicos varones pueden ejercer en los hospitales, pero no tienen derecho ni a atender ni a operar a una mujer. El doctor Shams, que tuvo que dejar morir a su prima sin poder brindarle los cuidados indispensables, da rienda suelta a su ira: “Los talibanes no son más que extremistas, militares que imponen su voluntad al pueblo por la fuerza. Son salvajes, que no consideran a la mujer como un ser humano y la han relegado a la categoría ... (ver texto completo)
Kabul, marzo de 1998. Llueve desde hace diez días en la capital afgana en ruinas, y las callejuelas del enorme bazar central no son más que inmensos lodazales. Arrastrando los pies, los kabulíes, envueltos en la delgada túnica que les sirve de manto, deambulan por las calles. Hay hombres, pero pocas mujeres. En ese país en guerra desde 1 979, la mujer está sometida actualmente a una ley implacable. En pocos meses han arreciado las prohibiciones sobre una población femenina desarmada y atemorizada. ... (ver texto completo)
Las mujeres de Afganistán sufren mucho más que una burka. Tienen hambre, carecen de escue­las para sus hijos, de médicos y hasta de agua. Sus hombres mueren como moscas en una guerra que aún no terminó, por mucho que Washington diga lo contrario, y que desangra una tierra seca que antes fue próspera y que ahora, entre lo poco que tiene, figuran enormes campos de cultivo de droga. Sé que muchas de esas mujeres se pondrían no una sino mil burkas si pudieran dar respuesta al ruido de la panza de sus ... (ver texto completo)
Fue hace ya más de dos años, cuando cubrí la guerra de Afganistán, pero no lo olvido la larga túnica celeste que caía con ruedo desparejo y Oue, en su paso, arrastraba el barro de la calle siempre parece haber barro y polvo en esas callejas- y la rejilla a la altura de los ojos por la que no supe si descubrió la impertinencia de mi curiosidad ante aquella vi­sión reveladora de un abismo entre culturas. instuí que era una mujer joven, pero no puedo decid o con certeza. Luego vi otras mu­chas, muchísimas. ... (ver texto completo)
Los hombres no son los únicos que se resisten al cambio de los códigos culturales. Una trabajadora del comité internacional de Rescate contó la historia de una aldeana que le dijo que deseaba que vuelva el régimen talibán. Pensaba que entonces había igualdad, dice la trabajadora, que los talibanes habían devuelto su lugar a las mujeres educadas. las mujeres rurales no sufrieron más de lo habitual en ese período. Lo que las mujeres rurales todavía no advierten es que su sufrimiento solo se apaciguará ... (ver texto completo)
Algunas mujeres de la ciudad empezaron a asistir a la escue­la, a sus trabajos, o a ir de compras sin la compañía de un hombre, pero son minoría. Han sido testigos y víctimas de los cambios más drásticos durante las décadas pasadas. En la década del 60 tenían trabajo, educación, representación en el gobierno, opciones; durante el mandato sin ley del gobierno talibán, sus derechos fueron más y más restringidos. Nazyfa Satar, una ginecólogo especializada en Paquistán, regresó a Ka­bul en abril. Había ... (ver texto completo)
Temor por la vida
Leila Achakzai, de 26 años, vive con su esposo, Fahim, en la casa de su madre en Kabul. Lella, que está a punto de tener su segundo hijo, dice que no tiene médico y que no sabe dónde dará a luz. Aunque nació y creció en Kabul, jamás ha podido salir de su propio vecindario, de modo que la ciudad es para ella un misterio amenazante.

Cuando una mujer está embarazada, los afgailos dicen que está enferma. En la Maternidad Malalai, la mayor del país, las mujeres son dadas de alta ... (ver texto completo)
La ley patriarcal

"Me temo que estaremos aquí mucho tiempo", dice Rahima, de 35 años, mientras se acomoda el velo y alza a sus dos melli­zas. Aquí es la cárcel de Kabul para mujeres donde Rahima pa­sa sus días con otras 28 afganas y sus respectivos hijos, que son encarcelados con ellas. Rahima dice que fue a prisión por negar­se a casarse con su cuñado después de la muerte de su esposo, rechazando así la costumbre tra­dicional afgana. Huyó de la casa de su familia política y su cuñado la hizo ... (ver texto completo)
Los afganos confían la seguridad a tropas extranjeras hasta que se establezca su propio ejército, y en la ayuda externa para ingresar en el siglo XXI. Pero las mujeres han descubierto que su esperanza de un nuevo Afganitán está muy lejos. Deben luchar contra un patriarcado de siglos, que la guerra ha arraigado, y las pocas que han logrado empezar o retomar sus carreras son voces aisladas en un mundo de hom­bres. Pero no se rinden.
enían prohibido consultar a un médico varón, y las médicas no podían trabajar. Tampoco podían salir de sus casas sino estaban acompañadas por un pariente varón. Los talibanes habían prometido paz y seguridad después de dos décadas de guerra y violencia, pero lo que les dieron fue presión. El actual gobierno presidido por Hamid Karzai, había prometido construir una nación en las que se garantizara a las mujeres los derechos. Y desde que empezó la guerra, en octubre de 2001, Estados Unidos prometió ... (ver texto completo)
Han pasado ya mas de un año y medio desde que el régimen talibán – calificado por la ONU como el más misógino del planeta- fue derrocado por la fuerzas de coalisión lideradas por los EE. UU., tras mas de 6 años de dominio en Afganistán. El régimen negaba a las mujeres y niñas los derechos civiles básicos, como educación, salud, asistencia médica, trabajo.
Esa noche en Tuzla, los espectadores —la mayoría mujeres— salieron conmocionados de la sala. Algunas, con los ojos todavía húmedos, se han quedado sin palabras. Un poco más tarde, Eilla Vickovic, con hiyab, ya está en condiciones de hablar: “Esta película puede ofrecernos un futuro mejor a los bosnios, sobre todo a las que tienen miedo de que la sociedad no las entienda si cuentan que han sido violadas. Pero todo el mundo conoce los hechos desde hace tiempo ¿Cómo es posible que haga falta una película ... (ver texto completo)
Grbavica, cuya exhibición ha sido prohibida en la República Serbia de Bosnia, y cuy estreno en Belgrado contó con la presencia de seguidores de Mladic y Karadzic que trataron de abortar la proyección, está batiendo récords de taquilla en la Bosnia croata y musulmana. Esta película ha sido capaz de llevar las violaciones sistemáticas del ámbito de lo privado al terreno de lo público, algo inédito en Bosnia. Que no se olvide es algo que obsesiona a su joven directora. “Fueron actos diseñados para humillar. ... (ver texto completo)
LAS MENTIRAS DE LA GUERRA. Muchas de la madres que decidieron quedarse con sus hijo los han criado en los campos de refugiados, al amparo de las mentiras de la guerra. Pero es tos niños y niñas tienen hoy 14 años y quieren saber quiénes fueron sus abuelos paternos quiénes son sus tías.., y para eso no hay res puesta. Sus madres fueron violadas tantas veces que, aunque se atrevieran a decirles que si padre no fue un héroe, serían incapaces de da con su identidad. “Son niños muy inseguros muy dependientes. ... (ver texto completo)
Grbavica cuenta la historia de una mujer violada durante la guerra. La precariedad económica en la que sobreviven las mujeres como Esma, la protagonista. Y habla de los hijos gestados en las violaciones, que hoy son adolescentes y que empiezan a preguntar por 1 identidad de sus padres.
A falta de iniciativas estatales, Grbavica la película bosnia recientemente premiada en Berlín, podría ser el catalizador de la esperada catarsis colectiva que anime a las mujeres a hablar y que recuerde al gobierno bosnio s cuenta pendiente con las víctimas olvidadas.
Kebo echa también el resto de pelotas fuera. Culpa a las mujeres de no querer hablar: “El Estado no puede hacer nada si ellas no reconocen lo que les ha pasado”. Y asegura que su gobierno no dispone de recursos para atender a estas mujeres. Sorprende, sin embargo, ver cómo Sarajevo es hoy una ciudad completamente reconstruida, donde apenas queda rastro de los morteros y las granadas en los edificios, y donde el dinero no ha alcanzado para la reconstrucción de las vidas de los que quedaron dañados ... (ver texto completo)
SIN DERECHOS ESPECÍFICOS. “No hay una definición clara de quiénes son las mujeres víctimas de la guerra. No tienen ningún derecho específico”, reconoce el ministro bosnio de Derechos Humanos y para los Refugiados, Misrad Kebo, que defiende que las mujeres violadas no deben tener un tratamiento especial, y culpa a las autoridades serbias de que los violadores sigan en la calle y de que el reconocimiento como víctimas ni siquiera exista en la República Srpska. “Esto es un problema regional, no sólo ... (ver texto completo)
Ahora, Sivac no tiene trabajo y es difícil que lo consiga en una comunidad en la que los musulmanes no son bienvenidos. A sus 55 años, tampoco tendrá derecho a una jubilación. En la República Serbia de Bosnia, las mujeres que estuvieron en los campos ni siquiera son consideradas víctimas del conflicto. En el resto de Bosnia, las mujeres que fueron violadas sistemáticamente durante la guerra están consideradas víctimas desde el año pasado, y en teoría, tienen derecho a una pensión, igual a Jade un ... (ver texto completo)
En ese campo, los soldados elegían cada día a unas cuantas chicas a las que se llevaban para violarlas. Unas volvían marcadas por las torturas. Otras, ni siquiera volvían.
Sivac, que pertenece a una asociación de mujeres víctimas de la guerra, sostiene que muchas no quieren testificar porque tienen miedo. “Los agresores siguen teniendo puestos importantes en la República Serbia de Bosnia. Muchos son héroes militares”, asegura en una cafetería con aire turco de Kozarac. Prueba de ello es lo que queda del campo de concentración de Trnopolje, hoy reconvertido en escuela y asociación de vecinos y en cuya entrada una gran águila esculpida en piedra rinde homenaje a los ... (ver texto completo)
“Siempre tuve claro que iba a volver. Esta es mi ciudad. El primer día que llegué a mi casa, había un cartel que decía: ‘Esta es la puerta de Omarska’. Ahora me encuentro por la calle con hombres que me maltrataron y otros que han salido después de cumplir dos tercios de su condena”, explica Sivac. ¿Cómo reacciona? “Les miro a los ojos. Es lo único que puedo hacer, con esa gente no se puede hablar. Para nosotras, la mejor lucha es la verdad”, dice esta mujer que ha testificado en el TPIY contra varios ... (ver texto completo)
Allí, las casas son nuevas, levantadas sobre las cenizas a las que quedaron reducidas las viviendas de los bosnios, quemadas por los soldados y milicianos serbios.
“Estuve allí casi dos meses. Hablar de que pasó dentro es durísimo”, dice Sivac, que cuenta que la tortura y las violaciones eran generalizadas y que antes de la guerra era juez Prijedor, una ciudad entonces multiétnica unos 20 kilómetros de la frontera con Croacia y donde hoy día los musulmanes forman una minúscula comunidad, asentada en Kozarac.
Nusreta Sivac es una de las pocas que optó por el regreso y ahora le toca cruzarse en la calle con los hombres que la torturaron en los tres campos de concentración en los que estivo en 1992: Omarska, Trnopolje y Keraten conocidos por las imágenes que dieron vuelta al mundo y en las que se veía a hombres famélicos tras la alambrada.
SOSPECHOSOS EN LIBERTAD. Junto a Milosevic y al resto de los grandes nombres del TPIY, fuentes judiciales del país estiman que alrededor de 10.000 sospechosos (en su mayoría procedentes de las filas de los fanáticos serbios, pero también bosnios) siguen en libertad. La mayor parte de ellos vive en la República Serbia de Bosnia, una de las dos entidades del país, y que, tras la expulsión de miles de musulmanes durante la guerra, se ha convertido en una zona étnicamente limpia, casi sin presencia musulmana. ... (ver texto completo)
Mientras Cupina habla, por el televisor desfilan las imágenes del entierro de Miíosevic en Pozarevac la ciudad natal del caudillo ultra-nacionalista serbio. “Los soldados que vinieron a Nevesinje eran serbios, no bosnios. Esto no fue una guerra civil, fue un genocidio orquestado por Milosevic. Ha muerto después de haber consumido la mayor parte del tiempo y del dinero del tribunal de La Haya. ¿Y ahora qué?”, se pregunta esta mujer.
Maida Cupina también testificó en Holanda. Fue contra Milosevic. Tampoco tiene trabajo y vive en un piso que le ha prestado el tribunal. A sus 50 años es alta y va muy arreglada. Pelo bien teñido, colorete y labios perfilados. Su imagen esconde a una mujer hundida. “Tengo que ser valiente y seguir, por mis hijos”, dice. “Me violaron delante de mi marido y de mis dos hijos. Me encerraron en casa de mi padre donde estaba disponible para los soldados durante las 24 horas. ‘Musulmana inútil’, me gritaban ... (ver texto completo)
En el tribunal montado hace un año en Bosnia para juzgar a criminales de guerra y que reemplazará al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY), un equipo de psicólogas atiende a las que han decidido testificar contra sus violadores. Jasmina Pusína, una de las terapeutas, explica que muchas mujeres no hablan con la esperanza puesta en el olvido. “Intentan olvidar sin sabe que nunca podrán. Conviven con sus secretos hasta que un día se vienen abajo. Tarde o temprano sucede, es sólo cuestión de tiempo” asegura Pusína, quien explica que las terapias tratan de ensamblar las piezas del rompecabezas del horror. Los olores, los sonidos, las imágenes de los días de la tortura para hacer a las mujeres conscientes del trauma, y para que aprendan a convivir con él. Estas terapias las dirigen las ONG, que trabajan de forma intermitente, en función de las ayudas internacionales. Marijana —nombre ficticio— hace tiempo que decidió hablar y recomponer su espeluznante historia. La ha contado en La Haya. Haber testificado no la ha vacunado, sin embargo, contra el inevitable derrumbe cada vez que revive su paso por un campo de concentración en Visegrado, al este del país. “Me violaron varias veces. Tantas que no sabría contarlas. Mi hijo, de 16 años, lo vio todo. Olían mal, a cebolla, a alcohol. Estaban muy sucios. Me enseñaron varios cuchillos. ¿Cuál es el más afilado me preguntaron?”. Marijana rompe a llorar: “Vi cómo pasaban el cuchillo por el cuello de mi hijo. Les pedí que me mataran a mí. No entiendo qué hemos hecho para ser tan odiadas”. Vuelve el llanto y la respiración entrecortada, pero Marijana quiere continuar: “Lo tenían todo pensado, todo planeado para humillamos y destrozar a nuestra comunidad. Ahora nosotras no valemos para nada, y el gobierno hace oídos sordos, pero, si seguimos calladas, no llegaremos a ninguna parte”, afirma esta mujer que vive en Sarajevo, y que dice adivinar la llegada del frío invierno bosnio en las cicatrices de su cuerpo. Manjana reconoció en el campo de concentración a Milan Lukic, entregado por Argentina al TPIY el pasado febrero, después de siete años de fuga. Lukic operaba bajo las órdenes de los prófugos Radovan Karadzic y su jefe militar, Ratko Mladic, acusados de genocidio por la Matanza de Srebrenica, en la que exterminaron a 8.000 musulmanes bosnios en 1995. ... (ver texto completo)
Quedamos para otro día, lejos de la presencia de la madre. “Los soldados nos llevaron a la escuela de Rogatica. Cada noche y cada día venían, con un calcetín en la cabeza, y nos preguntaban: ‘Quieres que te viole o prefieres mirar?’. A veces era un hombre, a veces un grupo. Así durante un mes.” Hasija llora, toma aire y piensa. “Mataron a mi padre y mi hermana de tres años no pudo escapar del campo. Si no fuera porque tengo que ocuparme de mi familia, me haría algo a mí misma”, asegura esta mujer ... (ver texto completo)
Llegaron a esa casa a los tumbos, después de que las echaran de las nueve anteriores por no pagar el alquiler. Hasija habla de las penas que pasa para sacar adelante a esa familia, sin trabajo y sin más ayuda que la pensión de su padre, muerto en la guerra. En total, 170 euros a los que hay que restar los 100 de alquiler. Hasija salta de un tema a otro y pronto explica que las pastillas para los nervios le impiden centrarse. Sentada en el suelo de un cuarto de estar que hace las veces de cocina y ... (ver texto completo)
UN TEMA QUE NO SE TOCA. En una de las cinco colinas que rodean Sarajevo, la ciudad que estuvo cercada 43 meses durante la guerra, vive Hasija Brankovic. A sus 35 años, casi nunca habla de lo que le hicieron los soldados durante el mes que pasó en un campo de concentración en Rogatica, en la República Serbia de Bosnia. Su hermana mayor y su madre, que medio ha perdido la cabeza, también pasaron por los campos, pero ese tema no se toca, a pesar de que las tres viven en la misma casa raquítica y duermen ... (ver texto completo)
Sin ayudas estatales, estas mujeres malviven en los arrabales de las ciudades bosnias. Pese a los enormes problemas psicológicos que arrastran, carecen de seguridad social y sus ingresos se reducen a la pensión de viudez, cuando toca. Dayton y el gobierno bosnio insisten en que deberían volver a las tierras de las que fueron expulsadas, pero a ellas les aterroriza la idea del regreso, porque temen verse las caras con sus violadores, la gran mayoría aún libres. Y las autoridades bosnias se escudan ... (ver texto completo)
Se desconoce cuántos niños son hijos de los violadores, pero las organizaciones hablan de miles. Muchos fueron entregados en adopción en Europa, otros viven en orfanatos bosnios y muchos otros han crecido junto a sus madres, creyendo que su padre fue un shaheed, un musulmán que murió en la guerra defendiendo a su patria. Jasmila Zbanic, la directora de Grbavica, que realizó un intenso trabajo de campo para preparar la película, explica que “las mujeres, cuando salían de los campos, se hallaban en ... (ver texto completo)
Para ellas, la guerra y la barbarie de los campos de concentración no ha terminado. Viven presas de las imágenes de horror que reaparecen sin aviso y sin falta a diario en sus cabezas. El momento en el que el soldado maloliente dice “vas a tener un hijo serbio” y la violan entre varios, cuando el uniformado toma el cuchillo y le rebana el cuello a su hijo, o el instante en que comienzan a cortarle los pechos. Pero ni siquiera pueden permitirse pensar en todo esto, porque les toca sacar adelante a ... (ver texto completo)
Eso fue durante la guerra declarada en Bosnia (1992-1995) por el recientemente fallecido líder serbio Slobodan Milosevic cuando la antigua república yugoslava optó por la independencia. Hoy, diez años después de que los líderes políticos firmaran la paz en los Acuerdos de Davton., estas mujeres son aún la viva imagen del conflicto. Mientras que los hombres caídos en la guerra son shaheed —héroes—, de ellas nadie quiere oír hablar; la palabra violación es demasiado fea como para estar presente. Estas mujeres son las víctimas olvidadas, que han necesitado de una película, Grbavica, ganadora del último Festival de Berlín, para que su país y el mundo se acuerden de que existen. Más de 20.000 bosnias musulmanas fueron sistemáticamente violadas por las fuerzas serbias en la campaña de limpieza étnica orquestada por Milosevic. Algunas dicen que les cuesta demasiado vivir, y que si no se matan es por sus hijos, muchos de ellos fruto de las violaciones que rompieron sus vidas. ... (ver texto completo)
Las violaron una y otra vez, noche y día, hasta cansarse. Mataron a sus maridos hijos y hermanos, delante de sus ojos.
miles de mujeres musulmanas fueron torturadas y violadas salvajemente durante la limpieza étnica orquestada por el líder serbio recientemente fallecido slobodan milosevic. ya pasaron 10 años del final de la guerra, y mientras se calcula de 10000 los culpables que siguen impunes, los hijos de aquellas violaciones buscan la verdad mientras sus madres son segregadas
Buenas trdes Freila!
Buenas Antonio!
Veo que sigues al pie del cañon.. y sin refuerzos!
Te deseo un buen sabado, si se puede pasaremos mas tarde aqui para mi recien comienza el dia!
Un abrazo hasta luegooooo.
que tal estas ana, que pases un buen dia