Sivac, que pertenece a una asociación de mujeres víctimas de la guerra, sostiene que muchas no quieren testificar porque tienen miedo. “Los agresores siguen teniendo puestos importantes en la República Serbia de Bosnia. Muchos son héroes militares”, asegura en una cafetería con aire turco de Kozarac. Prueba de ello es lo que queda del campo de concentración de Trnopolje, hoy reconvertido en escuela y asociación de vecinos y en cuya entrada una gran águila esculpida en piedra rinde homenaje a los soldados que han dejado sus vidas para formar los cimientos de la República Srpska”. Ramos de flores frescas yacen sobre la nieve, al pie del monumento.