Cuando Washakie se acercaba a su ochenta cumpleaños, sus pensamientos se dirigían, más y más, hacia el pasado. Las paredes de su cabaña, a orillas del Wind River, estaban cubiertas de cuadros que él había pintado sobre piel de alce. Mostraban escenas de
caza, en las que él perseguía búfalos, y sus victorias como valiente guerrero. En su día, se había decidido a conducir a su
pueblo por el
camino del hombre blanco y si ahora miraba hacia atrás, posiblemente no le había quedado otra opción. Los shoshonis
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