Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

La bici de Miguel

Es fantástico! -suspiró Miguel, tendido en la cama y contemplando su póster favorito-.

¡Qué bárbaro! ¡El rayo del espacio, la bici espacial! ¡Menudo aparato!
Adios amiga Feli.
Oh! ¿Quién es?

-Todos dicen que deberíamos preguntarle al ornitorrinco.

Así pues, Lily y el canguro partieron en busca del sabio ornitorrinco.
-Muchas gracias, eres muy amable, pero ahora quiero volver a casa.

-Bueno, le he preguntado a todo el mundo -dijo el canguro, inclinando la cabeza- y todos están de acuerdo en que sólo hay una persona que puede saber dónde está tu casa.
En cuanto estuvo fuera, el pájaro se abalanzó sobre ella y, atrapándola por el cuello con su poderoso pico, la levantó del suelo. Aunque se retorcía y silbaba de furia, la serpiente no podía escapar. El pájaro la arrastró hasta la copa del árbol, donde la golpeó tres veces contra el tronco. La serpiente cayó muerta sobre una rama.

- ¡Ja, ja, ja! ¿Has visto eso? ¡Ja, ja, ja! ¡Qué divertido! ¡Ja, ja, ja!

Lily se estremeció. El pájaro aún estaba riendo y contando a sus amigos lo sucedido cuando ... (ver texto completo)
Lily volvió un poco la cabeza y miró hacia la entrada de la cueva. Había un gran pájaro posado en la rama de un árbol. Era el pájaro charlatán, tenía el pico abierto, como si sonriera. No paraba de mascullar.

- ¡Ja, ja! ¡Qué divertido! ¡Ja, ja! ¡Qué divertido! ¡Ja, ja!

"Yo no le veo la gracia", pensó Lily.

-El canguro ha salido a buscar fruta para el desayuno -dijo el pájaro-. Me pidió que te cuidara. Pero esa astuta serpiente se coló cuando fui a consultar al buho blanco por esta indigestión ... (ver texto completo)
Al despertar a la mañana siguiente, Lily tuvo la sensación de que corría peligro. De pronto, vio que sobre su estómago había una gran serpiente negra, enroscada. ¡Y el canguro había desaparecido!

El corazón le latía de prisa. No se atrevía a moverse. Entonces oyó una risa estridente.

-No tengas miedo. No te muevas y no te pasará nada. Yo mataré a la serpiente.
Bajo un cielo brillante de estrellas, el canguro saltaba con Lily arrebujada en la piel cálida y suave de su bolsa. Al fin llegaron a una cueva; se echaron juntos en el suelo arenoso y se durmieron en seguida.
Lily casi no se atrevía a mirar. ¿Estarían esperándole los cazadores, con sus lanzas puntiagudas? ¿Eran ellos los que movían los largos juncos de la orilla, o se trataba sólo de los peces? El canguro inclinó la cabeza y bebió. Esa noche el estanque estaba desierto.

Pronto revolotearon junto a ellos cientos de pajarillos en dirección al agua. Tras hundir el pico, regresaban de prisa a los matorrales.

Lily continuaba con el miedo encima. Corrió hasta el agua, bebió tres sorbos y regresó veloz ... (ver texto completo)
Estaba a punto de saltar de la roca cuando una paloma le advirtió:

- ¡Can-gu-gu-ro! ¡Cuidado! Anoche estuvieron aquí los humanos y mataron a diez de las nuestras. Bajamos a beber sólo un trago. Estaban esperándonos. Ahora tenemos demasiado miedo; no nos atrevemos a beber... ¡Y nos estamos muriendo de sed!

Lily volvió a esconderse en la bolsa, temblando de miedo por las horribles palabras de la paloma. Pero el canguro, valiente, dio un paso adelante y levantó su hocico olfateando el aire.

-No ... (ver texto completo)
— ¡Ah! Es una canción muy bonita -dijo el canguro-. Pero ahora, por favor, deja de cantar. Estamos llegando al estanque.

Lily miró por encima de la bolsa y se asustó muchísimo. Bajaban a saltos por una ladera muy empinada. A uno y otro lado había grandes rocas y no se veía ningún sitio seguro para posar las patas. Lily cerró los ojos. ¡Seguro que el canguro perdería el equilibrio y caerían al precipicio!

Pero el canguro logró llegar hasta el fondo y se detuvo en un gran promontorio justo encima ... (ver texto completo)
Lily no le prestaba mucha atención. Pensaba en que tenía hambre y sed, y que estaba perdida.

-Sin embargo -continuó el canguro-eres sólo una humana y muy pequeña. No tienes la culpa. Debes de tener mucha sed; a mí siempre me da mucha sed al atardecer. Sube a mi bolsa; iremos al estanque a beber. Luego intentaré encontrar tu casa.

Así pues, Lily se puso en pie y trepó a la peluda bolsa del canguro. Mientras iban saltando, Lily se mecía en la bolsa y estaba tan cómoda que comenzó a canturrear.
— ¡Ah! -dijo el canguro-. Estaba seguro de que habías perdido algo. Es horrible, ¿verdad? Te sientes como vacío por dentro. Dime cómo es Yo. Quizá lo haya visto, o podemos buscarlo juntos.

Lily se rió e intentó explicarle que lo que había perdido era su casa.

-Eso es típico de los humanos -dijo el canguro-. Si sólo tienes una casa, es fácil que la pierdas. Pero si tu casa estuviera en todas partes, nunca la perderías. Los humanos no saben vivir en el bosque.
Lily se secó los ojos con el vestido, aceptó las frutas y se las comió. Entonces sucedió algo muy raro; comenzó a oír ruidos por todas partes, como cientos de voces que hablaran al mismo tiempo. Luego oyó otra voz, más fuerte y clara que las demás.

-Me di cuenta en seguida de lo que te pasaba -dijo el canguro, con voz amable-. Estoy muy triste desde que perdí a mi pequeño canguro. Seguro que tú también has perdido algo.

-Bueno, he... sí-contestó Lily, preguntándose si estaba soñando-. En realidad, ... (ver texto completo)
De repente, con un gran salto, la liebre desapareció definitivamente. Lily miró a su alrededor. Los árboles y los matorrales parecían todos iguales. Comenzó a correr, esperando encontrar su casa, pero era inútil. Se había perdido en el bosque y empezaba a oscurecer. Se cubrió la cara con las manos y se puso a llorar.

Cuando levantó la vista, vio un gran canguro gris a pocos pasos de ella. El canguro la miró inclinando la cabeza; luego se fue y regresó con un montón de fresas, para ofrecérselas ... (ver texto completo)
Lily y el canguro

Lily salió de la granja detrás de una gran liebre de ojos brillantes, que se le había aparecido mientras estaba cogiendo flores en el jardín.

-No te alejes demasiado de la casa -le gritó su madre por la ventana de la cocina- Es muy fácil perderse en el bosque.

La liebre de vez en cuando se detenía, miraba hacia Lily, desaparecía, volvía a aparecer... y Lily se prestaba, divertida, al juego del escondite.
Amadeo siempre fue incauto y majadero, hasta el final.
El león no fue el único que escuchó la llamada del oso. Un gran oso pardo que se sentía muy solo la oyó y apareció por entre los árboles, con su gran corazón pardo lleno de amor.

Pero no encontró a su novia. Allí sólo estaba Amadeo. Sin embargo, sonrió mostrándole todos los dientes, y... ¡se lo comió de un solo bocado!
Entonces, por entre los árboles apareció un gran león hambriento pensando que su pareja le llamaba porque había encontrado algo suculento para comer. Cuando vio al viejo Amadeo, sonrió mostrándole todos los dientes.

Veloz como el rayo Amadeo tocó la flauta para imitar el sonido del oso pardo. El león se asustó tanto que huyó a través del bosque, como si lo persiguiera un verdadero oso pardo.
El ciervo no fue el único animal que oyó la llamada de su flauta. Un gran gato montés se acercó por entre los árboles, relamiéndose al pensar en el ciervo que se comería para cenar. Y al ver al viejo Amadeo se alegró todavía más; le mostró todos los dientes con su amplia sonrisa.

La escopeta de Amadeo estaba descargada. Rápido como un rayo, sopló en la flauta, imitando la llamada de un león. El gato montés se asustó tanto que salió corriendo por el bosque, como si le persiguiera un verdadero león.
Amadeo, enfadado, salió del almacén y se marchó a las Montañas Nubladas con comida abundante, su flauta y una escopeta.

Dicen que penetró en un bosque de robles y con la flauta imitó el sonido de un ciervo.

En efecto, un cervatillo rojo lo oyó y salió de entre los árboles. Con mucha calma, Amadeo cargó el arma y apuntó.

¡BANG!, disparó, pero erró el tiro.
- ¿Acaso te has comprado un fusil nuevo, Amadeo? -le preguntó alguien.

-Nooo... -respondió-. Con mi navaja y un pedazo de madera me hice una flauta; eso es todo.

Todos se rieron, imaginándose a Amadeo en las montañas, tocando música para los animales salvajes.

Amadeo miró indignado a su alrededor.

-Cuando soplo en esa flauta, puedo imitar el sonido del animal que quiera: ciervos, leones, osos...
... (ver texto completo)
El error de Amadeo

Amadeo era un majadero.

Amadeo

No le caía bien a nadie.

Un día llegó corriendo al almacén del pueblo, gritando y presumiendo de ser muy listo.
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Estoy agotado de cortar este trigo.

- ¿De veras? ¡Qué gracia! Yo me siento tan fresco como una rosa -decía Tomás, complacido.

El espantajo lo intentó de nuevo. Lanzaba las guadañas en todas direcciones, pero cada golpe las volvía más romas y melladas. Hasta que, furioso, las arrojó al suelo y gritó con gran voz: - ¡Quédate con tu birria de terreno! ¡No vale la pena!

De una zancada saltó la cerca y corriendo como un gamo se perdió en la lejanía. Desde entonces, nunca, nunca jamás el espantajo peludo volvió a molestar a Berta y Tomás. ... (ver texto completo)
- ¡Mira qué duros son los tallos de trigo por esta parte del terreno! -gritó.

-Pues por esta otra, no hay ningún problema -señaló Tomás.

El espantajo era tan tonto que no se había fijado en las varillas de hierro. Afiló las dos guadañas y la emprendió de nuevo a golpes con el trigo. De vez en cuando se paraba y secaba el sudor de su frente. No paraba de refunfuñar.

-Estoy agotado de cortar este trigo.
- ¡Eso! -respondió Tomás- ¡Me alegro de que ese tipo no tenga una mujer tan lista como tú!

Tomás labró la tierra y la sembró de trigo, y vio cómo crecía y crecía, alto y dorado. Un poco antes de la siega, compró unas varillas de hierro y por la noche se acercó sin hacer ruido a la parte de terreno que correspondía segar al espantajo. Allí clavó las varillas en el suelo entre los tallos de trigo.

El día de la siega llegó, y apareció el espantajo, empuñando una guadaña en cada una de sus manazas. ... (ver texto completo)
Tomás contó a Berta lo ocurrido.

- ¡Tiene unos brazos muy fuertes! Cortará diez veces más trigo que yo. Lo siento, pero esta vez estamos perdidos.

Berta se puso a pensar.

-Imagínate que ciertas espigas de trigo crecen con unos tallos más duros que los otros -dijo, al cabo de un minuto-. En tal caso, una de las guadañas se mellará mucho más de prisa que la otra.

Y le explicó su plan.
Tomás miró detenidamente los largos brazos de aquel tipo y se dio cuenta de que jamás podría cortar el trigo con la rapidez del gigantón.

-No, no hay trato -dijo Tomás.

-O aceptas o lucharás conmigo a muerte -gruñó el espantajo, alzando sus brazos peludos por encima de la cabeza y pataleando torpemente con sus enormes pies.

Conteniendo la risa, Tomás exclamó:

- ¡Qué terrible espectáculo! Por favor, nada de peleas. No me gustaría hacerle daño...

Chocaron sus manos para cerrar el trato y el espantajo se marchó entre grandes risotadas. ... (ver texto completo)
El peludo soltó un alarido feroz.

- ¡Has vuelto a engañarme, miserable enano! Te voy a...

-Calma, calma -gritó Tomás-. Un acuerdo es un acuerdo.

-Muy bien, granjero, de nuevo has ganado. Pero el año próximo nos repartiremos la parte de arriba de las mieses. Porque plantarás trigo. Y cuando llegue el momento de la recolección, nos pondremos los dos a segarlo. Tú empezarás por la parte norte del terreno y yo comenzaré por la parte sur. Cada uno nos quedaremos con todo el trigo que seamos capaces ... (ver texto completo)
-Planta cebada, querido. Ya veremos qué hace el espantajo peludo con las raíces de la cebada.

Así pues, en cuanto terminó de recoger las patatas, Tomás preparó el terreno y sembró cebada. Removió la tierra, la regó y cuando llegó la primavera aparecieron los verdes tallos que se transformarían después en una alfombra de oro. Llegado el momento de la recolección, el espantajo se presentó para llevarse la mitad de la cosecha.

-Ahí la tiene -dijo Tomás-, para mí la parte de arriba y para usted ... (ver texto completo)
- ¡Tunante! ¡Tramposo miserable! -rugió el tipo aquél-. ¡Esto no es honrado! Te voy a...

-Un trato es un trato. Llévese la parte de arriba del patatal y déjeme en paz.

El peludo gigantón echaba humo de rabia. Pensaba... " ¡Humpf! ¡Vas a ver lo que es bueno la próxima vez!"

Entrando en la conversación, Berta le preguntó: - ¿Qué quiere el próximo año, la parte de arriba o la de abajo? Usted vuelve a escoger.

- ¡La parte de abajo, desde luego! ¡La próxima vez vosotros os quedaréis con la de arriba!

Dejando esto bien claro se fue en medio de una gran pataleta.

- ¿Qué haremos ahora? -preguntó Tomás. ... (ver texto completo)
Y eso hizo Tomás: aró el campo y plantó patatas. Arrancó las malas hierbas y cada día observaba cómo iban creciendo las matas verdes. Cuando llegó la época de la recolección, el peludo espantajo apareció por allí y exigió su parte.

-Ahí la tiene -exclamó Tomás- La parte de arriba es suya. Hermosas plantas de patatas que sirven para..., bueno, usted verá lo que hace con ellas. Las patatas son para mí.
Vamos a ver, señor espantajo, ¿qué parte quiere usted de la cosecha, la de abajo o la de arriba?

- ¿Qué, qué, qué?

-Quiero decir si prefiere la parte que crece por encima de la tierra o la que crece por debajo. Lo uno o lo otro. Rápido. Decida.

-Oh, yo quiero la parte de arriba, naturalmente. Vosotros os quedaréis con las raíces.

La sorpresa del espantajo se convirtió en carcajada limpia cuando sellaron con un apretón de manos el mutuo acuerdo.

- ¡Formidable! -dijo Berta mientras se dirigían a casa- Lo que tienes que hacer ahora es plantar patatas. ... (ver texto completo)
-Bueno, pues ahora soy yo el que está aquí -respondió Tomás-. Esta tierra es mía.

Se quedaron frente a frente. A juzgar por sus miradas desafiantes, ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.

Entonces Berta dijo:

-Se me ocurre una idea. Tú, Tomás, plantas y él recoge la cosecha. Luego la repartís entre los dos.

-Hum... De acuerdo -dijo el tipo.

Tomás no veía claro por qué iba a tener que hacer él todo el trabajo, y al final darle la mitad al otro. Pero Berta le hizo un gesto con la mano para que se callara. ... (ver texto completo)
- ¡Fuera de mi terreno! -gritó, agitando sus brazos como las aspas de un molino.

- ¿Su terreno?-dijo Tomás, dirigiéndose al personaje.

-Eso he dicho: mi terreno. Un terreno que antes de ser mío fue de mi padre, y del padre de mi padre y...

-Usted bromea -dijo Tomás-. Pagué mi buen dinerito por este terreno y firmé la escritura.

- ¡Tú lo que tienes que hacer es largarte! ¡Yo estaba aquí primero! -vociferó el espantajo lleno de rabia.
Tomás y Berta al oír estas palabras volvieron la cabeza y se quedaron pasmados al ver un enorme tipo peludo, parado a unos cuantos metros. Sus ojos parecían inyectados de sangre y su nariz era tan roja y redonda como una remolacha. Unas largas y puntiagudas orejas asomaban entre sus pelos, tiesos como las púas de un erizo. Le cubrían unas barbas tan enmarañadas como las matas de espino.

Vestía una ropa andrajosa y por los agujeros de sus harapos asomaban las rodillas y los codos llenos de pelos. En verdad nunca habían visto nada parecido, con aquellos brazos tan largos y los puños grandes como nabos. ... (ver texto completo)
El espantajo peludo

Hubo una vez un granjero llamado Tomás que compró una tierra a un precio bajísimo.

El espantajo peludo

-Parece demasiado barato -dijo Berta, su esposa-. ¿No crees que puede haber algún truco?

-Claro que no, mujer-respondió Tomás-Se trata de un buen terreno. Y es mío. ¡Todo mío!

- ¡Mío, quieres decir! ... (ver texto completo)
El pobre zorro tuvo que quedarse dos días y dos noches en su triste encierro. ¡Nunca jamás volvería a comer tanto!
- ¡No digas tonterías y sácame de aquí! -le chilló el zorro— Me muero, en serio.
A esto la comadreja replicó: -Lo tienes bien merecido por comer demasiado. Lo malo es que tienes los ojos más grandes que el estómago. Tendrás que quedarte ahí hasta que adelgaces... y entonces podrás salir. Así aprenderás a no ser tan glotón.
-A mí no me lo parece -rió la pequeña comadreja- El árbol es igual de grande que cuando lo he visto esta mañana. Quizá tú hayas engordado.
-Oye, comadreja, ayúdame a salir. El árbol está encogiendo y me está aplastando.
En ese mismo momento, una comadreja pasó por allí y, al verla, el zorro exclamó:
ISocorrooo! iSocorrooo! Sacadme de esta horrible trampa.
El zorro comió, comió, comió... y comió todavía un poco más. ¡No había comido tanto en toda su vida! Pero cuando terminó todo y quiso salir del árbol, no pudo moverse ni un centímetro. ¡Se había vuelto demasiado gordo para salir por el hueco! Pero el zorro glotón no cayó en la cuenta de que había comido demasiado y pensó que el árbol se había hecho más pequeño. Asomó la cabeza por el agujero y gritó:
El zorro glotón

Un buen día, un zorro encontró una cesta de comida que unos granjeros habían dejado en el hueco de un árbol. Haciéndose tan pequeño como pudo, pasó por el estrecho agujero para que los demás animales no le vieran zampándose aquel rico banquete.
- Un borracho está en una jaula del zoo cantándole una nana a la gorila.
- ¿Qué demonios hace usted ahí?- Le pregunta el guarda.
- Pues ya lo ve, durmiendo la mona.
Un catalán está buscando dentro de un charco removiendo toda la suciedad. Un amigo que le ve le pregunta:
- ¿Qué estás buscando?
- Nada una moneda de 5 céntimos que se me ha caído aquí.
- Pero hombre, le contesta el otro, una moneda de 5 no va a ninguna parte.
- Pues por eso mismo tiene que estar aquí.
Dos amigos, uno saca la cartera con una foto de su nueva novia:
- Mira, esta es mi novia. ¿Qué te parece?.
- ¡Impresionante!
- ¡Hombre, tampoco exageres!
- No, no, si es impresionante de verdad. Si tuviera bigote, sería clavadita a Hitler.
Perdone, ¿pasará por aquí el 25? - pregunta un señor a otro en la parada del autobús.
El otro se queda pensando y al poco le responde:
- No, lo siento. El 25 estaré en Bilbao.
Solté una carcajada, me quité el sombrero vaquero y le mostré a Martín las tres calvas mías.

Feliz cumpleaños, Martín —dije. ¡Y él también se echó a reír!

Así que bajamos luciendo nuestras respectivas calvas y no paramos de divertirnos en toda la tarde. La fiesta resultó completa.