Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

No —dijo Martín—. Me encuentro raro.

Martín llevaba puesto su mejor traje y a mí me pareció que tenía muy buen aspecto.

—A mí no me pareces raro.

—Mi madre me ha cortado el pelo y me ha dejado tres calvas —dijo Martín.

Me acerqué a él y vi que, efectivamente, ¡Martín tenía tres calvas! La madre de Martín era como la mía. ¡Le había rapado demasiado!
No estaba nada convencido. Nadie se presenta a una fiesta de cumpleaños luciendo tres calvas.

Fuimos caminando a casa de Martín con nuestros regalos y... mis tres calvas.

Llamamos a la puerta y nos abrió la madre de Martín; parecía muy enfadada.

—Ya están todos aquí y Martín se niega a salir de su habitación.

Subí las escaleras y entré en la habitación de mi amigo. Martín estaba mirándose en el espejo y llorando a lágrima viva.
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—No puedo —respondí. También me puse el sombrero vaquero para sentarme a cenar. —Quítate el sombrero —dijo mi papá. Papá tiene una gran calva. La miré y pensé que no podía explicarse mi proceder, porque a él ya no puede crecerle el pelo. Después de cenar me fui a mi habitación, cerré la puerta con llave y me miré al espejo para ver si me había crecido el pelo. Pero no. "Si duermo con el sombrero puesto", pensé, "la cabeza me sudará toda la noche y mé crecerá el pelo". A la mañana siguiente lo primero ... (ver texto completo)
Entre mí pensaba... "Puede que no vaya a la fiesta de Martín ahora que tengo que ponerme el sombrero vaquero para taparme las tres calvas."

Todos mis amigos se habían reunido en la tienda y compraban regalos para Martín.

— ¿Por qué llevas puesto ese sombrero vaquero? —me preguntó el hombre de detrás del mostrador.

—Para que le sude la cabeza —respondió Diana.

—El sudor hace que el pelo crezca más deprisa —dijeron José y Diana.
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"Ahora no me divertiré en la fiesta de Martín", pensé.

Me tapé las calvas con mi sombrero vaquero y salí a jugar.

— ¿Por qué llevas tu sombrero vaquero? —preguntó José.

—Porque me da la gana.

—Pero si hace calor —dijo Diana—. Te sudará la cabeza.
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Las tres calvas

Martín nos había invitado a mí y a los demás chicos a su fiesta de cumpleaños.

Mi mamá me dijo:

—Te cortaré el pelo antes de la fiesta.

— ¡No me lo cortes demasiado!
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Cuando la mujer del pastor intentato cocinarlo, se dió cuenta de que realmente no era un cordero, sino un lobo, y llamo a su marido, este reconoció all lobo que ya habia intentado en varias ocasiones atacar a sus ovejas, y se puso muy contento por haberlo matado.

Debemos tener mucho cuidado, pues las apariencias engañan.
Al atardecer, para su protección, el rebaño fue llevado a la parte de la granja donde pasaba la noche, quedando la puerta asegurada. El lobo se dijo “ahora cuando el pastor se duerma cogeré a la oveja que esté más gorda y me daré un auténtico festín”.
Lobo con piel de cordero

Erase una vez un lobo que tenía mucha hambre, y quería comerse una oveja de un rebaño que vivía cerca de su casa. Pero el pastor del rebaño siempre estaba muy atento y por muchos intentos que hacía nunca lo conseguía. Pensó un día el lobo en cambiar su apariencia para que así le fuera más fácil conseguir su comida. Paseando por el bosque con gran sorpresa vio una piel de oveja y se le ocurrió ponerla por encima para parecer una oveja. Así lo hizo y se fue a pastar con ... (ver texto completo)
HEART- OF-GOLD

I want to live,
I want to give
I've been a miner
For a heart of gold.
It's these expressions
I never give
That keep me searching
For a heart of gold
And I'm getting old.
Keeps me searching
For a heart of gold
And I'm getting old.

I've been to Hollywood
I've been to Redwood
I crossed the ocean
For a heart of gold
I've been in my mind,
It's such a fine line
That keeps me searching
For a heart of gold
And I'm getting old.
Keeps me searching
For a heart of gold
And I'm getting old.

Keep me searching
For a heart of gold
You keep me searching
For a heart of gold
And I'm getting old.
I've been a miner
For a heart of gold. Quiero vivir,

Quiero entregar

He sido un minero
Por un corazón de oro

Son estas expresiones
Que nunca digo
Las que me mantienen buscando
Un corazón de oro.

Y me estoy haciendo viejo.
Eso me mantiene buscando
Un corazón de oro
Y me estoy haciendo viejo.

He estado en Hollywood
He estado en Redwood
Crucé el océano
Por un corazón de oro.

He estado en mi mente,
Es una línea tan delgada
Que me mantiene buscando
Un corazón de oro

Y me estoy haciendo viejo.
Eso me mantiene buscando
Un corazón de oro
Y me estoy haciendo viejo.

Me mantienen buscando
Un corazón de oro.
Tu me mantienes buscando
Un corazón de oro.

Y me estoy haciendo viejo.
He sido un minero
Para encontrar un corazón de oro. ... (ver texto completo)
Y, a pesar de todo, ¡qué cachorrito tan mono era!
--dijo Alicia, mientras se apoyaba contra una campanilla para descansar y se abanicaba con una de sus hojas
--. ¡Lo que me hubiera gustado enseñarle juegos, si... si hubiera tenido yo el tamaño adecuado para hacerlo! ¡Dios mío! ¡Casi se me había olvidado que tengo que crecer de nuevo! Veamos: ¿qué tengo que hacer para lograrlo? Supongo que tendría que comer o que beber alguna cosa, pero ¿qué? Éste es el gran dilema.
Realmente el gran dilema era ... (ver texto completo)
-- ¡Qué cosa tan bonita!
--dijo Alicia, en tono muy cariñoso, e intentó sin éxito dedicarle un silbido, pero estaba también terriblemente asustada, porque pensaba que el cachorro podía estar hambriento, y, en este caso, lo más probable era que la devorara de un solo bocado, a pesar de todos sus mimos.
Casi sin saber lo que hacía, cogió del suelo una ramita seca y la levantó hacia el perrito, y el perrito dio un salto con las cuatro patas en el aire, soltó un ladrido de satisfacción y se Este documento ha sido descargado de http://www. escolar. com abalanzó sobre el palo en gesto de ataque. Entonces Alicia se escabulló rápidamente tras un gran cardo, para no ser arrollada, y, en cuanto apareció por el otro lado, el cachorro volvió a precipitarse contra el palo, con tanto entusiasmo que perdió el equilibrio y dio una voltereta. Entonces Alicia, pensando que aquello se parecía mucho a estar jugando con un caballo percherón y temiendo ser pisoteada en cualquier momento por sus patazas, volvió a refugiarse detrás del cardo. Entonces el cachorro inició una serie de ataques relámpago contra el palo, corriendo cada vez un poquito hacia adelante y un mucho hacia atrás, y ladrando roncamente todo el rato, hasta que por fin se sentó a cierta distancia, jadeante, la lengua colgándole fuera de la boca y los grandes ojos medio cerrados.
Esto le pareció a Alicia una buena oportunidad para escapar. Así que se lanzó a correr, y corrió hasta el límite de sus fuerzas y hasta quedar sin aliento, y hasta que las ladridos del cachorro sonaron muy débiles en la distancia. ... (ver texto completo)
--Ahora mismo voy a acabar con esto
--se dijo Alicia para sus adentros, y añadió en alta voz
--: ¡Será mejor que no lo repitáis! Estas palabras produjeron otro silencio de muerte. Alicia advirtió, con cierta sorpresa, que las piedrecillas se estaban transformando en pastas de té, allí en el suelo, y una brillante idea acudió de inmediato a su cabeza.
«Si como una de estas pastas», pensó, «seguro que producirá algún cambio en mi estatura.
Y, como no existe posibilidad alguna de que me haga todavía mayor, supongo que tendré que hacerme forzosamente más pequeña».
Se comió, pues, una de las pastas, y vio con alegría que empezaba a disminuir inmediatamente de tamaño. En cuanto fue lo bastante pequeña para pasar por la puerta, corrió fuera de la casa, y se encontró con un grupo bastante numeroso de animalillos y pájaros que la esperaban. Una lagartija, Bill, estaba en el centro, sostenido por dos conejillos de indias, que le daban a beber algo de una botella. En el momento en que apareció Alicia, todos se abalanzaron sobre ella. Pero Alicia echó a correr con todas sus fuerzas, y pronto se encontró a salvo en un espeso bosque. ... (ver texto completo)
-- ¿Una carretada de qué?
--pensó Alicia.
Y no tuvo que esperar mucho para averiguarlo, pues un instante después una granizada de piedrecillas entró disparada por la ventana, y algunas le dieron en plena cara.
-- ¡Tenemos que quemar la casa!
--dijo la voz del Conejo.
Y Alicia gritó con todas sus fuerzas:
-- ¡Si lo hacéis, lanzaré a Dina contra vosotros! Se hizo inmediatamente un silencio de muerte, y Alicia pensó para sí:
--Me pregunto qué van a hacer ahora. Si tuvieran una pizca de sentido común, levantarían el tejado.
Después de uno o dos minutos se pusieron una vez más todos en movimiento, y Alicia oyó que el Conejo decía:
--Con una carretada tendremos bastante para empezar.
-- ¡Vaya! ¿Conque es Bill el que tiene que bajar por la chimenea? se dijo Alicia
--. ¡Parece que todo se lo cargan a Bill! No me gustaría estar en su pellejo: desde luego esta chimenea es estrecha, pero me parece que podré dar algún puntapié por ella.
Alicia hundió el pie todo lo que pudo dentro de la chimenea, y esperó hasta oír que la bestezuela (no podía saber de qué tipo de animal se trataba) escarbaba y arañaba dentro de la chimenea, justo encima de ella. Entonces, mientras se decía a sí ... (ver texto completo)
-- ¿Un brazo, majadero? ¿Quién ha visto nunca un brazo de este tamaño? ¡Pero si llena toda la ventana!
--Seguro que la llena, señor. ¡Y sin embargo es un brazo!
--Bueno, sea lo que sea no tiene por que estar en mi ventana. ¡Ve y quítalo de ahí! Siguió un largo silencio, y Alicia sólo pudo oír breves cuchicheos de vez en cuando, como « ¡Seguro que esto no me gusta nada, señor, lo que se dice nada!» y « ¡Haz de una vez lo que te digo, cobarde!» Por último, Alicia volvió a abrir la mano y a moverla ... (ver texto completo)
Eso sí que no
--pensó Alicia.
Y, después de esperar hasta que creyó oír al Conejo justo debajo de la ventana, abrió de repente la mano e hizo gesto de atrapar lo que estuviera a su alcance. No encontró nada, pero oyó un gritito entrecortado, algo que caía y un estrépito de cristales rotos, lo que le Este documento ha sido descargado de http://www. escolar. com hizo suponer que el Conejo se había caído sobre un invernadero o algo por el estilo.
Después se oyó una voz muy enfadada, que era la ... (ver texto completo)
-- ¡Mary Ann! ¡Mary Ann!
--decía la voz
--. ¡Tráeme inmediatamente mis guantes! Después Alicia oyó un ruidito de pasos por la escalera. Comprendió que era el Conejo que subía en su busca y se echó a temblar con tal fuerza que sacudió toda la casa, olvidando que ahora era mil veces mayor que el Conejo Blanco y no había por tanto motivo alguno para tenerle miedo.
Ahora el Conejo había llegado ante la puerta, e intentó abrirla, pero, como la puerta se abría hacia adentro y el codo de Alicia estaba ... (ver texto completo)
--Era mucho más agradable estar en mi casa
--pensó la pobre Alicia
--. Allí, al menos, no me pasaba el tiempo creciendo y disminuyendo de tamaño, y recibiendo órdenes de ratones y conejos. Casi preferiría no haberme metido en la madriguera del Conejo... Y, sin embargo, pese a todo, ¡no se puede negar que este género de vida resulta interesante! ¡Yo misma me pregunto qué puede haberme sucedido! Cuando leía cuentos de hadas, nunca creí que estas cosas pudieran ocurrir en la realidad, ¡y aquí me ... (ver texto completo)
--Estoy segura de que, si como o bebo algo, ocurrirá algo interesante
--se dijo
--. Y voy a ver qué pasa con esta botella. Espero que vuelva a hacerme crecer, porque en realidad, estoy bastante harta de ser una cosilla tan pequeñeja.
¡Y vaya si la hizo crecer! ¡Mucho más aprisa de lo que imaginaba! Antes de que hubiera bebido la mitad del frasco, se encontró con que la cabeza le tocaba contra el techo y tuvo Este documento ha sido descargado de http://www. escolar. com que doblarla para que no se le rompiera el cuello. Se apresuró a soltar la botella, mientras se decía:
-- ¡Ya basta! Espero que no seguiré creciendo... De todos modos, no paso ya por la puerta...
¡Ojalá no hubiera bebido tan aprisa! ¡Por desgracia, era demasiado tarde para pensar en ello! Siguió creciendo, y creciendo, y muy pronto tuvo que ponerse de rodillas en el suelo. Un minuto más tarde no le quedaba espacio ni para seguir arrodillada, y tuvo que intentar acomodarse echada en el suelo, con un codo contra la puerta y el otro brazo alrededor del cuello. Pero no paraba de crecer, y, como último recurso, sacó un brazo por la ventana y metió un pie por la chimenea, mientras se decía:
--Ahora no puedo hacer nada más, pase lo que pase. ¿Qué va a ser de mí? Por suerte la botellita mágica había producido ya todo su efecto, y Alicia dejó de crecer. De todos modos, se sentía incómoda y, como no parecía haber posibilidad alguna de volver a salir nunca de aquella habitación, no es de extrañar que se sintiera también muy desgraciada. ... (ver texto completo)
--. Claro que
--siguió diciéndose Alicia
--, si a Dina le daba por empezar a darnos órdenes, no creo que parara mucho tiempo en nuestra casa.
A todo esto, había conseguido llegar hasta un pequeño dormitorio, muy ordenado, con una mesa junto a la ventana, y sobre la mesa (como esperaba) un abanico y dos o tres pares de diminutos guantes blancos de cabritilla. Cogió el abanico y un par de guantes, y, estaba a punto de salir de la habitación, cuando su mirada cayó en una botellita que estaba al ... (ver texto completo)
-- ¡Qué raro parece
--se dijo Alicia eso de andar haciendo recados para un conejo! ¡Supongo que después de esto Dina también me mandará a hacer sus recados!
--Y empezó a imaginar lo que ocurriría en este caso: « ¡Señorita Alicia, venga aquí inmediatamente y prepárese para salir de paseo!», diría la niñera, y ella tendría que contestar: « ¡Voy en seguida! Ahora no puedo, porque tengo que vigilar esta ratonera hasta que vuelva Dina y cuidar de que no se escape ningún ratón»
--Y, a pesar de todo, ¡qué cachorrito tan mono era!
--dijo Alicia, mientras se apoyaba contra una campanilla para descansar y se abanicaba con una de sus hojas
--. ¡Lo que me hubiera gustado enseñarle juegos, si... si hubiera tenido yo el tamaño adecuado para hacerlo! ¡Dios mío! ¡Casi se me había olvidado que tengo que crecer de nuevo! Veamos: ¿qué tengo que hacer para lograrlo? Supongo que tendría que comer o que beber alguna cosa, pero ¿qué? Éste es el gran dilema.
Realmente el gran dilema ... (ver texto completo)
-- ¡Cómo, Mary Ann, qué demonios estás haciendo aquí! Corre inmediatamente a casa y tráeme un par de guantes y un abanico! ¡Aprisa! Alicia se llevó tal susto que salió corriendo en la dirección que el Conejo le señalaba, sin intentar explicarle que estaba equivocándose de persona.
licia en el País de las Maravillas

Capítulo 4 - LA CASA DEL CONEJO

Casa Conejo Era el Conejo Blanco, que volvía con un trotecillo saltarín y miraba ansiosamente a su alrededor, como si hubiera perdido algo. Y Alicia oyó que murmuraba:
-- ¡La Duquesa! ¡La Duquesa! ¡Oh, mis queridas patitas! ¡Oh, mi piel y mis bigotes! ¡Me hará ejecutar, tan seguro como que los grillos son grillos! ¿Dónde demonios puedo haberlos dejado caer? ¿Dónde? ¿Dónde? Alicia comprendió al instante que estaba buscando ... (ver texto completo)
Mientras entran en clase, Cristina choca sin querer con otra niña que, al mirársela, toda enfadada, le dice:

- ¡Ep! Vigila, que con esta esponja gigante que tienes por pelo ¡no pasamos las dos a la vez!
Del encontronazo, a la niña se le cae un muñequito que llevaba en el bolsillo, pero no se da cuenta. Cristina la deja pasar sin contestarle, pero empieza a estar harta de tanta bromita...
La clase continúa y aún le faltan algunas más, pero Cristina no tiene ganas de pelearse con nadie. Sólo ... (ver texto completo)
- ¿Y mi goma? El niño de las pecas ha perdido la goma de borrar. Buscan y buscan, pero la goma no aparece. ¿Qué misterio no? Como no quieren perder el tiempo de recreo, deciden salir y seguir buscando después de jugar.
Cristina en el recreo se lo está pasando muy bien con unas niñas, cuando de repente una le dice: -Y tú. ¿Por qué llevas una col en la cabeza? Todas ríen, pero a Cristina no le hace ninguna gracia. Sólo la mira y no le dice nada. Cuando la maestra les llama para volver a entrar y las niñas se levantan para ir hacia dentro, la bromista hecha de menos una pinza del pelo. Entre todas miran y remiran, pero la pinza no aparece. ¡Qué misterio! ... (ver texto completo)
El escondite de Cristina

Hoy es el primer día de colegio y Cristina está muy emocionada.

Lo tiene todo a punto: el uniforme, la cartera, el almuerzo...

¡Sólo le falta vestirse y ya estará a punto de ponerse en marcha!

Como tiene el pelo muy, muy rizado, sólo la peinan los días que cota lavarse el pelo. Después se le hacen esos rizos tan pequeños y cerrados, y por allí ¡no hay forma de pasar el peine!
Con la cartera al hombro y el uniforme puesto, Cristina entra en clase y... ... (ver texto completo)
En aquel momento, la pelusa de la nariz de la abuela era tan espesa que su resfriado se sintió calentito y desapareció.

Palitroque y la caravana magica

- ¡Nunca lo hubiera creído! -dijo ella-. ¡Estoy curada! ¡Celebrémoslo con una buena tarta, bien pegajosa!

Así que se sentaron juntos a merendar. Incluso permitió que Petronila se uniera a la fiesta.

-Siempre y cuando -dijo la abuela Sarmiento- se limpie todas sus patas.
Justo en ese instante, un agudo chillido resonó en la cocina.

- ¡Oh, Palitroque, ayúdame! ¡Ven rápido!

Palitroque y el señor Malaspintas entraron corriendo en la cocina... y se echaron a reír cuando vieron a la abuela Sarmiento. ¡Su nariz estaba cubierta de pelusa blanca!

- ¡No os quedéis ahí parados! ¡Haced algo! -gritó.

El señor Malaspintas miró el frasco de la cura rápida para resfriados y reconoció al instante el famoso brebaje Pelón del Doctor Hierbabuena.

-No te preocupes. El crecepelo del Doctor Hierbabuena nunca funciona. Se te habrá quitado todo por la mañana. ... (ver texto completo)
Yo lo hice lo mejor que pude, ¿verdad, Petronila?

-Desde luego que sí -rechinó la araña, asomándose por la pequeña puerta verde en el sombrero de Palitroque.

- ¡Tú no te metas en esto! -estalló la abuela.

Palitroque iba a darle a su abuela el remedio para los resfriados cuando llamaron a la puerta. Dejó el frasco sobre la mesa y fue a abrir.

Como era muy curiosa, la abuela abrió el frasco, hundió su nariz dentro del líquido y se puso a hacer burbujas...
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Una carretilla de guisantes, supongo -dijo con retintín.

-No sea tonto, señor Malaspintas. Una carretilla para llevarlo todo a casa.

Palitroque y Petronila volvieron al bosque embrollado. Los árboles temblaban; seguramente la abuela Sarmiento seguía estornudando.

-He vuelto -gritó Palitroque-. He hecho toda la compra.

La abuela Sarmiento miró la carretilla por encima de su enorme nariz roja y su gran pañuelo blanco.
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Se paró cuando vio que la abuela había olvidado escribir la cantidad que quería de cada cosa. Bueno, quizá él podría adivinar cuánto.

-Mmm, dos cestos de leche y un litro de nabos..., un saco de mantequilla y un pan de tocino.

El señor Malaspintas se rió entre dientes.

- ¿En rebanadas? -dijo refiriéndose al tocino.

-Mm, rico y crujiente -dijo Palitroque-. Y media docena de coles y una jarra de pan, por favor.
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Palitroque se asomó por encima del mostrador y allí estaba el señor Malaspintas.

-Pasa, pasa. Tú eres el pequeño nietecito de la señora Sarmiento, ¿no?

-Eso es -respondió Palitroque-. Ella no se encuentra muy bien. Así que hoy he venido yo a hacer la compra.

-Dime en qué puedo servirte.

Palitroque sacó su lista de la compra.
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El interior del carromato era bastante más grande que lo que parecía desde fuera, y sus estanterías estaban repletas de cajas, botellas y cestas. El señor Malaspintas tenía de todo, desde un calcetín de elefante hasta el cepillo de dientes de un ratón. Palitroque paseaba asombrado entre las alfombras de piel de zorro, las alas de mariposa, los huesos de ballena y los barcos metidos en botellas. Había cintas de pelo para buitres, libros de canciones para ciervos, libros de ortografía para duendes ... (ver texto completo)
Dubidí, dubidá: como verás este sombrero está ocupado, así que te vas.

Pero el frasco permaneció donde estaba, y, en cambio, Palitroque salió despedido de su propio sombrero.

- ¡Oh! Lo siento, Palitroque. Mis encantos siempre salen mal.

Palitroque se levantó y se puso de nuevo el sombrero.

-No importa -dijo- Mira, Petronila, podemos hacer aquí la compra.
... (ver texto completo)
Palitroque y la caravana mágica

-Ahora llévate esto a casa y haz que tu abuela lo huela. Pero en cualquier caso, muchacho, no dejes que lo beba o lo derrame sobre nada.

-De acuerdo. Muchísimas gracias -dijo Palitroque.

Puso el frasco debajo de su sombrero para conservarlo bien y entonces Petronila, que se había echado un rato para dormir en él, se despertó de repente.

" ¿Qué es este olor espantoso?" pensó, oliendo la botellita del brebaje Pelón. "Tendré que hacerlo desaparecer con magia ... (ver texto completo)
- ¡Vengan, vengan! -gritaba-. Compren una botella del brebaje Pelón y su pelo crecerá tan recio como la hierba en los pastos. Es la octava maravilla del mundo. ¡Lo vendo barato, a mitad de precio!

-Perdóneme -dijo Palitroque-. Mi abuela ha pescado un resfriado espantoso. ¿Tendría usted algo para curárselo?

-Claro que lo tengo, mozalbete -mintió el Doctor Hierbabuena-. Tengo en mi tienda justo lo que necesitas.

Naturalmente, el Doctor Hierbabuena no tenía tal cosa, sino cientos y cientos ... (ver texto completo)
Cuando ambos se marchaban, la abuela Sarmiento estornudó con su enorme nariz y todos los árboles del bosque embrollado se agitaron.

Palitroque y Petronila llegaron al final del bosque. Y allí, en un claro, estaba el mercado, lleno de gente extraña e interesante.

Palitroque pasó frente al mago de la fortuna, un adivino que hacía trucos con globos, y frente a una anciana que tricotaba vestidos de cuerda. El último carromato pertenecía al Doctor Hierbabuena, un curandero
- ¿Qué te ocurre? -preguntó Palitroque, entrando en el dormitorio.

-He pescado un horrible resfriado -se lamentó-. Tráeme el pañuelo. Está colgado detrás de la puerta.

- ¿Esta cosa? Pensé que era una sábana -se burló Palitroque mientras descolgaba el enorme pañuelo.

-No seas descarado -le riñó la abuela- Hoy irás por mí al mercado. Estoy demasiado enferma. Mira, he escrito la lista de la compra.

-Dámela -dijo Palitroque orgullosísimo, mientras se ponía su sombrero (donde vivía Petronila, ... (ver texto completo)
Palitroque y la caravana mágica

En la casa del viejo roble, la abuela Sarmiento se levantó una mañana con un terrible resfriado.

- ¡Pali... Pali... tro... Achís! -estornudó.
Al escuchar esto, el cuervo sacó pecho, abrió el pico y lanzó un fuerte graznido.

El pedazo de queso se le cayó de la boca, yendo a parar a las fauces de la zorra, que aguardaba debajo este momento.

-Gracias, querido -exclamó-. Ahora sabrás cuál es el precio de la vanidad.

Y riéndose, se zampó el queso.
Al cuervo le encantaron estos halagos. Con la cabeza muy erguida, se pavoneó por la rama, esperando recibir nuevos cumplidos. Y así fue.

-Un pájaro tan bonito como tú debe tener una voz maravillosa -le dijo la zorra astutamente-. Si quisieras cantar para mí, me harías muy feliz.
- ¡Qué olor más bueno! -dijo, relamiéndose el hocico. Se le hacía la boca agua con aquel tufillo que venía de las alturas. Entonces vio al cuervo con su hermoso trozo de queso en el pico.

A la zorra le gustaba mucho el queso y era muy astuta. Así que le dijo:

- ¡Qué pájaro tan bonito eres, cuervo! ¡Con tus plumas tan brillantes, tu pico tan afilado y tus ojos tan redondos!
Hice bien en esperar", pensó el cuervo, lanzándose a recoger el queso con el pico. " ¡Qué listo soy!"

Casi sin tocar el suelo se volvió a su rama del árbol. Estaba a punto de empezar a comer cuando una zorra salió del campo de maíz.
La zorra y el cuervo

Un gran cuervo negro volaba sobre un campo de maíz dorado, cuando vio a un grupo de personas merendando a la sombra de un castaño.

"Qué suerte, pensó. "Seguramente, esta gente me dejará algún bocado sabroso."

Con esta ¡dea se instaló en una rama, justo encima de ellos.

Esperó y esperó, hasta que su paciencia se vio recompensada. Al irse, los excursionistas dejaron un gran trozo de queso.
Entonces, antes del anochecer, aparece él y cielo y mar se cubren de una luz dorada. Y la gente en la Tierra sabe que no habrá viento al día siguiente y que el tiempo será bueno. Tal como lo prometió el hijo del Sol un día a su madre.
Pero en otoño, cuando la niebla se extiende por el mar y el cielo se cubre de nubes, ella recuerda la promesa del niño. Arranca las finas plumitas blancas de los pechos de los pájaros y las arroja al viento. Transformadas en copos de nieve, vuelan hacia el oeste para llevar un mensaje al muchacho que le recuerda: " ¡Hijo del Sol, el mundo está gris y solitario! ¡Déjanos ver tu rostro dorado!
El muchacho dio el vestido mágico a su madre y voló hacia el oeste, dejando al pescador y a su mujer muy entristecidos. Desde aquel día, cuando la mujer se sienta en la arena y afloja su vestido mágico, el viento se pone a soplar y el mar se agita. Cuanto más lo afloja, más crece la tormenta.