Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:
Luego se llevaron el cubo y lo vaciaron en el lago, entre algas y hierbas acuáticas, y del hombrecillo no se oyó nunca más.
Al final todos entendieron en el misterioso visitante nocturno debía ser un espiritu del agua que de vez en cuando daba un paseo por el jardin.
Del viejo no se encontró ni rastro. Parecía que se hubiera disuelto en el líquido y lo único que flotaba en el agua era la cuerda.
Aunque no entendían para qué lo quería, se lo llevaron y el hombrecillo primero se puso a mirar el reflejo de su cara en el agua, y después se tiró de cabeza al cubo, derramando el agua.
Le hicieron un montón de preguntas, pero él les miraba extrañado y no respodía.
Luego llamó a los demás, que llegaron con las antorchas en la mano, y por fin se descubrió que el prisionero era un viejo bajito y tan palido que daba miedo, con aspecto enfermo, vestido con un larga túnica amarilla mojada que goteaba, como si acabara de salir del agua.
Sin embargo, después de medianoche se quedó dormido de verdad, casi sin darse cuenta, y no se despertó hasta que algo frío le rozó la cara: eran lo gélidos dedos del hombrecillo que le tocaban con delicadeza. Entonces el hombre se puso en pie, atrapó al intruso y le ató a la barandilla antes de que pudiese decir ni media palabra.
Su hijo mayor que era muy fuerte, y no tenía miedo, se tumbó en la terraza con una cuerda gruesa junto a él y esperó, fingiendo que dormía, pero manteniendo un ojo abierto y el otro cerrado.
La noche siguiente, el hombre y sus hijos montaron guardia. Quería ver si el pequeño personaje aparecía de nuevo, y sobre todo quería saber quién era y de donde venía.
El hombre le vio desaparecer en silencio y después corrió a llamar a su mujer y a sus hijos, que fueron con antorchas y se pusieron a buscar al hombrecillo. Sin embargo, por mucho que se esforzaron, no lograron encontrarle.
"Debe ser el espiritu de un muerto que viene a por mi", pensó el hombre, aterrorizado. Pero por suerte el hombrecillo se levantó y se marchó lentamente, siguiendo el sendero que llevaba al viejo lago.
El hombre no se movió, fingiendo que seguía dormido, y el hombrecillo extendió una mano y empezó a tocarle la cara. Tenía los dedos frios como los de un cadaver y además estaban resbaladizos y mojados.
Por fin concilió el sueño, pero al rato oyó unos pasos ligeros y se despertó. Junto a él había un hombrecillo de menos de un metro de estatura que se acurrucó a su lado y le miró durante unos instantes.
Una noche, en un antiguo palacio de Japón rodeado de un gran jardín, un hombre se tumbó en la terraza a tomar el aire porque hacía mucho calor y no podía dormir.
El príncipe, dándose cuenta de que algún enemigo se ha hecho con el poder del anillo, navega hasta una isla habitada por ratones. Alarmada por los feroces gatos negros, la Reina Ratón envía un emisario para solicitar al barco que se aleje de la isla. El príncipe, astuto él, acepta, a cambio de que le ayuden a encontrar su anillo de bronce. La Reina Ratón, voluntariosa, pone a funcionar su red de espías, que no es ni más ni menos que todos los minúsculos ratones del mundo. Tres de ellos informan valiosamente ... (ver texto completo)
Pero, ¡no acaba ahí la historia! Pues ambos viven un corto período de felicidad, mientras un estudiante de magia negra se acerca a comprender la verdad acerca del genio del anillo de bronce… Navegando el nuevo príncipe en su barco dorado, el mago negro persuade a la princesa para intercambiar el célebre anillo por peces rojos. Una vez tiene en sus manos el aro de bronce, el mago pide transformar por completo el navío: de oro a madera podrida, de marineros esbeltos a horripilantes, de tesoros enjoyados ... (ver texto completo)
El hijo del jardinero, previsiblemente, acepta, pero pone objeciones cuando descubre quién es el novio… La treta del hijo del jardinero se lleva a cabo, pues éste cuenta al Rey que el pretendiente no es digno de la princesa, y ofrece demostrar que es poco más que un esclavo. De esta manera, y pese a las negativas del novio, las marcas del anillo en su espalda lo delatan. Así es como el hijo del jardinero recibe la completa bendición del Rey y le concede la mano de la princesa…
Al tiempo que la princesa se prepara, infeliz, para la boda con el hijo del Primer Ministro, el Rey se da un garbeo por el puerto, preguntándose de quién será el lujoso y resplandeciente velero que luce en él. Más impresionado queda si cabe con el capitán del barco, el hijo del jardinero, a quien primero invita a la boda sin reconocerlo y posteriormente le hace padrino de la misma, concediéndole el inigualable honor de subir a su hija al altar.
Entonces, llegado el momento, se encuentra con su rival, el hijo del Ministro, quien había gastado todo el oro con el que había partido. Irreconocible, el hijo del jardinero lo apoya otorgándole un barco, con la condición de marcar la piel de su dorso con el sello del anillo de bronce calentado. Hecho esto, el hijo del jardinero demanda un nuevo deseo al anillo, el de construir un navío de madera podrida, color negro, velas rasgadas y marineros enfermizos. De esta guisa retorna el hijo del Primer ... (ver texto completo)
Así actuó el hijo del jardinero y así revivió el sultán en su forma más joven y vigorosa. El muchacho, visto el éxito cosechado, también hace caso a la mujer en cuanto a la solicitud de recompensa, y pide un simple anillo de bronce. Dicho anillo es simple sólo en apariencia… puesto que contiene, ni más ni menos ¡que a un Genio de los Deseos! Efectuados estos, el hijo del jardinero cambia el rumbo de su viaje por completo, y lo hace a bordo de un velero espléndido, cargado de joyas, un casco dorado ... (ver texto completo)
La desventaja de partida se acentúa más adelante. El hijo del Primer Ministro, que viaja más rápido, se encuentra con una mujer en harapos, quien demanda su ayuda para alimentarse, la cual el viajero rechaza. No así obra el hijo del jardinero, quien sí se detiene y le brinda comida y parte de sus bienes, amén de llevarla a lomos de su maltrecho caballo. Juntos, prosiguen la marcha. Al paso por la siguiente ciudad, el heraldo anuncia que el sultán que gobierna está muy enfermo. Si alguien pudiese ... (ver texto completo)
El propio jardinero, de hecho, fue el origen de los nuevos conflictos, pues la princesa se enamoró de su hijo. El hijo del jardinero, como podéis imaginar, no era el pretendiente ideal para el Rey, quien deseaba como tal al hijo del Primer Ministro. El Rey, sabedor de que todavía tiene un as en la manga, lo juega de la mejor forma posible. De esta forma, envía en un viaje muy muy lejano a los dos pretendientes. Aquel que primero regrese, se hará con la mano de la princesa. La injusticia se cierne sobre el hijo del jardinero, pues parte en situación de desigualdad al usar el hijo del Primer Ministro un caballo y mucho oro; mientras que el suyo está cojo, y sólo dispone cobre. ... (ver texto completo)
El anillo de bronce
Tiempo atrás, un Rey en un castillo vivía desesperado. Pero, ¿por qué? Pues la razón bien sencilla era: carecía de jardines, de lugares frondosos y floridos que embelleciesen el reino. Por el contrario, el castillo estaba rodeado de tierras baldías, un feo páramo. Por suerte, el Rey encontró una solución, la cual halló en un jardinero, descendiente de los mejores jardineros. Éste consiguió hacer florecer aquella tierra, pero otros problemas aparecieron…
Y aprendió la lección de no acercarse nunca a los humanos.
Con el tiempo las heridas del tigre sanaron, pero para siempre su piel llevo las rayas anaranjadas que lo quemaron, y las marcas negras donde las cuerdas se habían quemado.
“He cumplido mi parte del trato. Te he traído la sabiduría “, dijo el hombre, y él y sus hijos pusieron la paja en el suelo bajo el tigre. Entonces el hombre le prendió fuego a la misma. Llamas anaranjadas brillaron y quemaron al tigre. El tigre rugió de dolor, hasta que por fin el fuego quemó las cuerdas y pudo escapar, y se tiró al rio para resfrescar su piel chamuscada por el fuego.
Un poco más tarde, el hombre volvió al campo con sus tres hijos. Cada uno llevaba costales de paja seca.
El tigre tenía miedo de que el hombre cambiara de opinión acerca de compartir su sabiduría. Pensó en el gran poder que la sabiduría le daría – con su fuerza, y con sólo un poco de la sabiduría del hombre, él gobernaría a todas las criaturas de la tierra, el mar o el cielo. Quería tanto ese tesoro, que accedió a que el hombre lo atara con una cuerda al tronco del árbol de plátano.
El hombre comenzó a caminar hacia el pueblo, pero había andado solo unos pasos, y se dió la vuelta y dijo: “Por favor, perdóname. Me preocupa la idea de dejar a un tigre hambriento aquí con mis animales. ¿Me dejas que te ate a este árbol mientras voy a buscar la sabiduría? De esa manera no estaré preocupado”.
El tigre caminó alrededor del hombre antes de dar su respuesta, “Voy a esperar, pero asegúrate que vuelves, o si no, voy a visitar tu campo todos los días hasta que vuelvas, y la próxima vez podría ser que tuviera más hambre que curiosidad”
Y el hombre de hecho podía oír el sonido de su estómago. Él respondió al tigre: “Bueno, por supuesto, con mucho gusto compartire mi sabiduría contigo. Pero por casualidad me la he dejado hoy en casa, y tengo que ir a buscarla para ti. Si vienes conmigo, me temo que los aldeanos tendrán miedo. ¿Puedes esperarme aquí un rato? ”
“Lo que uste decida, yo estaría encantado”, dijo el Tigre, “Pero ¿me oyes ese sonido? Es mi estómago ruidoso. No he dormido ni comido en tres días, por que quería conocer la respuesta a la pregunta, pero ahora estoy empezando a sentir que debería comer algo. ”
El hombre se limpió con miedo el sudor de la frente y dijo con tanta calma como pudo, “La sabiduría es un tesoro. ¿Quieres que te de un poco, de ese tesoro? ”
El tigre vio que no iba a obtener una respuesta sensata de aquel búfalo, así que se presente frente al hombre de un gran salto, y mientras permanecía de pie frente ale agricultor, este temblaba, entonces le dijo, “No me tengas miedo hombrecillo, porque yo no he venido a comerte. Estoy aquí en busca de la sabiduría. Por favor contesteme a esta pregunta, ¿Qué es esa cosas a la que los hombres llaman la sabiduría? ¿Cómo es? ¿De donde viene eso? ¿Podría compartirla conmigo? ”
El búfalo siguió comiendo hierba durante un rato, y finalmente respondió, “lo siento, no tengo ni idea. ¿Por qué no se lo preguntas? ”
El tigre se arrastró sobre su vientre, con sus poderosos brazos a través de la hierba, y cuando estaba justo detrás del búfalo, susurró, “No tengas miedo. Yo no vengo para atacarte, sino para buscar tu consejo. Quiero que me respondas a una pregunta- porque tengo mucha curiosidad. He estado observando el hombrecillo insignificante que es tu amo. Él no tiene fuerza, ni un agudo sentido del olfato. Sus manos no son fuertes y sus dientes no están afilados, sin embargo, te ordena y hace que trabajes para él. Usted, por el contrario, es una hermosa bestia con una fuerza enorme. Usted pesa veinte veces más que el, y es mucho más alto, y yme consta que puedes luchar con todas las bestias de la selva. He oído que la fuente del poder del hombre es algo que se llama sabiduría. Así que dime, oh búfalo, ¿qué es la sabiduría? ¿De dónde viene, de donde la ha conseguido el hombre? ” ... (ver texto completo)
Cómo obtuvo las rayas el tigre
OTRA VERSIÓN DE COMO OBTIENE LAS RAYAS EL TIGRE
Hace mucho tiempo, cuando los animales aún tenían el poder de la palabra, un gran tigre blanco, se acerco hasta el borde de la selva que estaba cerca de los campos de arroz. Vio a un hombre sentado bajo un árbol de plátanos comiendo su almuerzo. No lejos de allí había un búfalo que también estaba tomando un descanso de su trabajo de arar los campos. La gran bestia agitaba su cola para ahuyentar a las moscas.
Y suerte que Pedro y Pablo, los hermanos mayores, habían perdido sus orejas, pues, de lo contrario, habrían tenido que escuchar con dolor cómo su hermano menor, Juan “Botas”, se había convertido en el mayor héroe del reino. Al fin y al cabo, no estaba tan loco como ellos pensaban, y su forma de maravillarse por todo había servido de algo…
Todo quedaba hecho y solucionado para el Rey, pues la luz retornó al castillo y disponía de un pozo de agua infinita. Extasiado de felicidad el monarca, recompensó a Juan con la mitad de su reino y con la princesa, tal y como había prometido.
“- ¡A fluir! – gritó Juan, y en menos de un instante el agua empezó a correr del agujero al pozo, en forma de arroyo, con tal velocidad y caudal que en muy poco tiempo estaba rebosante.
Juan pulió su gran obra a su gusto y semejanza, y fue entonces cuando llegó el momento de hacer uso de la nuez. Colocó a ésta en una esquina del pozo creado y retiró el parche de musgo que en su momento puso.
“- ¡A cavar se ha dicho! – Y la pala comenzó a cavar más y más, como si el mundo fuese a acabarse, retirando tierra y roca allá por donde pasaba, hasta que un pozo hermoso e inmenso surgió del suelo.
Era el turno de la pala, la cual Juan empuñó desde el fardo y sacó a relucir.
-Lo sé. Pero prefiero probar primero – dijo Juan decididamente, mientras sacaba su hacha del fardo y la empuñaba con osadía. – ¡A talar! – le dijo “Botas” a ésta. Y el hacha taló sin detenerse y con agresividad, haciendo saltar por los aires astillas y restos, hasta que el roble cayó redondo.
“- ¿De verdad osa intentarlo, después de ver lo que le ha ocurrido a sus hermanos mayores? No le quepa duda que la sanción será la más dura de todas si usted erra.
Casi sin pretenderlo, el turno de Juan había llegado. El Rey, consciente de que era el menor de los hermanos, le espetó:
Llegado el turno de Pablo, más de lo mismo volvió a ocurrir. Por consiguiente, no pudo escapar de las garras de los Guardias Reales, quienes dieron buena cuenta de su intento fallido deportándolo a la isla. Con más saña recortaron, de hecho, las orejas de Pablo, pues el Rey sabía que debía haber aprendido la lección de su propio hermano mayor.
Pedro y Pablo, los hermanos mayores, arrogantes, muy seguros estaban de poder conseguir tal hazaña. Así fue como Pedro probó el primero, por ser el mayor. Al igual que había sucedido con todos los aspirantes anteriores, por cada esquirla retirada, dos nuevas crecían. De esta manera Pedro no pudo evitar el horroroso castigo…