Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Allí existía un esplendoroso palacio que pertenecía al Rey de los Mares. Estaba realizado de coral y de caracolas y adornado con perlas de todos tamaños, estrellas y esponjas, y allí vivía el rey junto con sus seis lindas hijitas.
La sirenita

Había una vez…

…Un hermoso lugar, en lo más profundo de los mares donde el agua es pura y transparente como el cristal, y en ella abundan las plantas, las flores y los peces de formas extraordinarias.
Hola Alconcheleros:

Quiero comunicaros que estamos en un proyecto junto con el Ayuntamiento para que nos declaren nuestras fiestas patronales de Interés Turístico Regional ya que con ello pensamos que puede dar lugar a mejoras para nuestro pueblo.

Un abrazo

José Ramón Mota
Hola J. R. M.
Me parece estupendísimo este proyecto, seria todo un logro para nuestro pueblo.
Saludos y a por ello.
Rs.
Todos los animales del bosque estaban en pie de guerra para proteger a la Reina de las Mariposas, y un ejército de abejas, avispas y abejorros fue tras Mariel. Corriendo despavorida, la niña entró en su casa dio libertad a las mariposas que retenía. Desde aquel día, la niña no volvió a cazar ni una sola mariposa. Todos los días iba al bosque y las observaba y les hacía fotografias volando en total libertad, y con el tiempo todos los animales del bosque se le acercaban y la respetaban.
Después de quitar a la libélula del cazamariposas, volvió Mariel a empuñarlo y, cuando ya estaba a punto de dejarlo caer sobre la preciosa mariposa, un abejorro se le echó encima y…¡la reina de las mariposas levantó el vuelo!
Subió lentamente por el tronco de un árbol y, cuando estaba a punto de capturarla la imagen de la niña se reflejo en el agua y el precioso insecto echó a volar. Mientras miraba con la esperanza de encontrar otra mariposa para su colección, Mariel vio sobre el tronco de un árbol medio caído una preciosa mariposa con unos colores y formas que nunca había visto antes, la bonita mariposa se recreaba con su imagen en el agua. Pero cuando iba a cazárla, una libelula se lo impidió sujetando la red.
La reina de las mariposas

Mariel tenía una gran colección de mariposas que había ido capturando en el bosque cercano a su casa. Un día, paseando por el bosque vio a una hermosísima mariposa posada sobre un nenúfar en medio del estanque.
El ogro, de alguna extraña manera, consiguió una escalera, y empezó a trepar y a trepar, y la torre dejó de ser segura… ¡Hasta que el hijo más joven, pleno de gallardía, le disparó! Tan certeros fueron sus perdigones que los ojos del ogro volaron, y después lo hizo su cabeza. Los siete hijos de la anciana portaron a la ahora dichosa princesa frente a su padre. El Rey, eternamente agradecido a los siete hermanos, los recompensó de forma justa y abundante, y aprendió la lección de que no debía decidir ... (ver texto completo)
Era obvio que no todo podía salir bien, y el ogro no estaba dispuesto a perder aquello que se había ganado, muchos dirían que justamente. De esta forma, fue tras los siete hijos de la anciana. Uno por uno, levantaron obstáculos para evitar que el ogro les diese alcance. Todos menos el mayor, quien se encargaba de dar aviso de la cercanía del ogro. El primero de sus hermanos lavó sus manos y produjo un mar infinito de espuma de jabón. El siguiente, con mayor agresividad, transformó un bloque de hierro ... (ver texto completo)
La princesa, que no sabía dónde se había metido sin siquiera decidirlo, no hacía más que sollozar por la ventana. Así pudo confesar a una anciana el complejo dilema en el que se había visto envuelta. Ésta, decidida a hacer el bien por la princesa, le comentó que tenía siete maravillosos hijos, quienes la ayudarían. Y así fue, pues al mismo día siguiente todos juntos aparecieron y rescataron a la princesa de aquella terrible casa.
El Rey no contaba con aquellos que conocían de primera mano a las pulgas, es decir, los ogros. Uno de ellos, cabía esperar, resolvió el acertijo, y pudo casarse, porque el Rey era un hombre de palabra, con la princesa. Una vez unidos en matrimonio, el ogro llevó a su princesa a su morada, decorada de la forma en que un ogro la puede embellecer, como podéis imaginar. Por ejemplo, colgando en las paredes huesos de hombres que él mismo se había comido. Yendo más allá, el ogro entregó a su esposa cuerpos humanos para alimentarse. ... (ver texto completo)
La pulga

Había una vez, tiempo bien atrás un Rey que se sentía profundamente unido a una pulga. La historia se remontaba al momento en que la pulga, tras picar al Rey, le proporcionó destreza y virtudes. La obsesión del Rey fue progresiva, hasta el punto de criar la pulga y conseguir que alcanzase el tamaño de una oveja.
Llegado el momento, la mandó despellejar, e hizo la siguiente promesa al reino:
“- ¡Aquel que sea capaz de adivinar de qué bestia procede esta piel, será merecedor de la mano ... (ver texto completo)
Y así se casaron la ratita presumida y el gato blanco de dulce voz. Los dos juntos fueron felices y comieron perdices y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El cerdo desaparece por donde vino y llega un gato blanco, y le dice a la ratita: – Ratita, ratita tú que eres tan bonita ¿te quieres casar conmigo? –. Y la ratita le dijo:
Y la ratita le dijo: – No sé, no sé, ¿y tú por las noches qué ruido haces? –. – Oink, oink-. – Ay no, contigo no me casaré que ese ruido es muy ordinario-.
– No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces? –. – Guau, guau-. – Ay no, contigo no me casaré que ese ruido me asusta-.
Y la ratita le respondió: – No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces? –
– Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? –.
La ratita se guardó su moneda en el bolsillo y se fue al mercado. Una vez en el mercado le pidió al tendero un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casita. Al día siguiente cuando la ratita presumida se levantó se puso su lacito en la colita y salió al balcón de su casa. En eso que aparece un gallo y le dice:
– Ya sé me compraré caramelos… uy no que me dolerán los dientes. Pues me comprare pasteles… uy no que me dolerá la barriguita. Ya lo sé me compraré un lacito de color rojo para mi rabito.-
La ratita presumida

Erase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita estaba barriendo su casita, cuando de repente en el suelo ve algo que brilla… una moneda de oro. La ratita la recogió del suelo y se puso a pensar qué se compraría con la moneda
A la mañana siguiente, mientras el sol se levantaba sobre el palacio, el príncipe pidió al rey la mano de su bella hija. Y cuando éste les dio su bendición, partieron hacia el reino del príncipe. Todo el mundo aclamó a los príncipes al verlos partir en un resplandeciente carruaje tirado por ocho briosos corceles. Y la princesa y el príncipe encantado vivieron felices el resto de su vida.
—Pues mañana mismo iremos a mi reino y nos casaremos.
—Sí, acepto.
—Soy el príncipe de Nara. Hace muchos años, cuando no era más que un niño, una hechicera me convirtió en una rana. Dijo que nunca dejaría de ser una rana hasta que una hermosa princesa me diera un beso. Y tú, querida mía, hermosa mía, has roto el maleficio. ¿Querrás casarte conmigo, amada mía?
— ¿Quién…, quién eres tú? —preguntó asombrada la princesa.
—Ya está. Ahora ya puedes mirar —dijo una voz suave junto a ella. Allí, tendido en el lecho, con la cabeza apoyada en una mano y mirándola con sus oscuros ojos, yacía el hombre más apuesto que ella había visto jamás.
La princesa cerró los ojos e inclinándose sobre la rana le dio un apresurado beso.
— ¡No lo hagas! Me asusta la oscuridad. Anda, dame un beso.
—Está bien —dijo la princesa—. Uno solo. Pero antes déjame apagar la vela.
— ¡Te lo suplico! —insistió la rana.
— ¡He dicho que no!
— ¡Por favor, uno solo!
— ¡Ni hablar! —contestó la princesa.
— ¡Dame un beso! —dijo.
La rana saltó rápidamente sobre la almohada, croando muy contenta
—Si vas a pasarte la noche quejándote porque no te dejo dormir sobre mi almohada, tendré que ceder a tus pretensiones. ¡Pero no te muevas de ese lado de la cama!
La princesa volvió a encender la vela.
—Voy a echarme a llorar —dijo la rana desde el sofá.
Con estas palabras, la princesa apagó la vela de un soplo.
—No me importa. Díselo a quien quieras. ¡No dormirás sobre mi almohada!
—Entonces se lo contaré a tu padre.
— ¡Te repito que no!
—Pero me prometiste…
— ¡No! —gritó la princesa.
—Pues déjame dormir en tu almohada.
— ¿De veras te parezco repugnante? —Bien pensado, no. Tú me hiciste un favor y debería estarte agradecida.
El rey insistió y la obligó a coger con los dedos a la viscosa rana. Pero al llegar a su habitación, la princesa la arrojó sobre el sofá, diciendo: — ¡Dormirás ahí! ¡Y no te muevas! La rana observó a la linda princesa con mirada triste, mientras ésta se disponía a acostarse.
Es repugnante. No me obligues a dormir con ella, padre, te lo ruego.
—murmuró bañada en lágrimas—.