Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:
— ¡Pero esto es horrible!
Al oír las duras palabras de su padre, la princesa se echó a llorar.
Las promesas obligan.
¡Pero espero y confío en que cumplirás tu palabra, hija mía!
La princesa, desesperada, miró a la rana, luego a su padre, y por fin otra vez a la rana.
—Me parece una promesa de lo más tonta —dijo enfadado el rey—.
— ¡Espérame! —gritó la rana, saltando de la mesa mientras la princesa corría hacia la puerta—. ¡Prometiste que me dejarías dormir sobre tu almohada!
La princesa bajó la mirada y guardó silencio. Tan pronto como pudo, se levantó de la mesa para ir a acostarse.
— ¡En tal caso, espero y confío en que cumplirás tu palabra, hija mía!
—Bueno, es posible.
La princesa se ruborizó y dijo:
— ¿Es eso cierto?
—No me ha invitado, pero me prometió que podría comer de su plato, hacerle compañía y ser amiga suya.
— ¿Has invitado a esta rana a cenar? —preguntó el rey.
— ¡Vete de aquí! Estás mojando la mesa —dijo irritada la princesa—. ¡Ugh, qué mal hueles!
— ¿Por qué no me esperaste? —preguntó la rana, ladeando la cabeza y parpadeando al resplandor de las lámparas.
Aquella noche, a la hora de la cena, la princesa se sirvió cumplidamente como postre un bizcocho con nata. Mas cuando fue a levantar la cuchara, oyó un ruido en la escalera; era como el eco de las pisadas de unos pequeños pies planos. ¡Era la rana verde! Dando un gran salto, aterrizó sobre la mesa junto al plato de la princesa.
Pero la princesa no la oyó. Ya se había olvidado del favor que le había hecho la rana.
— ¡Espérame! —dijo la rana, brincando tras ella—. ¡No puedo alcanzarte!
Luego limpió la pelota en la hierba y al poco rato volvía a lanzarla al aire mientras corría de regreso a palacio.
— ¡Ugh! Podrías haberla cogido con las patas.
La rana se sumergió en las aguas y regresó con la pelotita, sosteniéndola en su amplia boca verde. La princesa hizo una mueca de disgusto y tomó la pelota con sumo cuidado.
— ¡Sí, sí, jugaré contigo! ¡Te lo prometo! —exclamó la princesa— ¡Pero date prisa antes de que se hunda en el barro del fondo!
—Es muy solitaria la vida de una rana, sabes… —exclamó antes de sumergirse en el estanque.
— ¡Sí, sí, por favor!
La princesa aplaudió encantada y exclamó:
Si me prometes quedarte y hacerme compañía, jugar conmigo y dejar que coma de tu plato y duerma sobre tu almohada, me sumergiré en el estanque y la buscaré.
—No debes preocuparte —dijo la rana—
—He… he perdido mi pelota dorada -dijo, angustiada—. Se ha caído en el estanque y nunca la recuperaré.
Cuando alzó la vista, la princesa vio los ojos negros y saltones de una enorme rana que estaba sentada en la orilla del estanque. Tenía su abultado rostro muy cerca del suyo, y la princesa se echó hacia atrás.
—. Basta, preciosa, que vas a partirme el corazón con tu llanto.
— ¿Pero qué te sucede? —preguntó una extraña voz
— ¡Qué desgracia! ¡Hubiera preferido perder cualquier otra cosa antes que mi pelotita dorada! ¿Qué puedo hacer?
Hay que ver cómo se puso la princesa! Se arrojó al suelo junto al estanque y se puso a llorar y a gemir desconsoladamente.
La pelotita fue hundiéndose lentamente hasta llegar al fondo.
Un soleado día, la princesa se hallaba jugando en el bosque real, tratando de ver hasta dónde podía lanzar la linda pelotita. De pronto, la arrojó tan lejos que atravesó silbando las hojas de un tilo y se alejó rodando por el suelo hasta caer en un profundo estanque.
Su juguete favorito era una pelota dorada, que hacía rebotar sobre los muros de palacio o girar sobre un dedo, o se la colocaba sobre la nariz o la lanzaba muy alto para volver a recogerla cuando caía.
La rana encantada
Erase una vez un rey que tenía una hija tan bella, que hasta el sol parecía eclipsarse cuando sonreía.
Que cuento os ha gustado más, la Princesa y el frijol ó La Princesa y el guisante?
Menuda forma de averiguar si eres princesa, jejejejjej.
Menos mal jejeje que es un cuento............... ufffff!
Eso fue también lo que pensó el príncipe. Cuando bajó a desayunar, apenas miró a la hermosa joven supo inmediatamente que ella era la esposa con la que él había soñado. No necesitó presentación. No necesitó guisante ni colchones como prueba. Su corazón le había dicho desde el primer momento que había encontrado a su princesa.
- ¡Entonces eres una princesa de verdad! -exclamó-. Sólo una persona de sangre real puede tener una piel tan delicada y sensible. Sólo una auténtica princesa puede sentir la molestia de un guisante, colocado debajo de veintiún colchones.
La reina apenas podía creer lo que estaba oyendo
-Bueno, pues me sentía como si estuviera acostada sobre un guijarro. Y esta mañana he amanecido toda amoratada.
La joven se sonrojó, temiendo haberse mostrado desagradecida.
-Es imposible -dijo el rey- ¡Te dimos la mejor cama de todo el palacio!
Lamento deciros que no he dormido nada bien -respondió la desconocida- Siento parecer descortés, pero es que aun con todos esos colchones me sentía muy incómoda.
-le preguntó mientras la joven se sentaba a la mesa.
- ¿Cómo ha dormido mi querida princesa?
Durante la noche cesó la tormenta. A la mañana siguiente, cuando la bella huésped bajó a desayunar, la reina sonrió para sus adentros.
La niña subió a los aposentos, se puso un camisón y tuvo que usar una escalera para trepar a su cama.
-Te he preparado una cama -dijo a la encantadora joven- Estoy segura de que pasarás una buena noche.