Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

De ninguna manera –rebatió el tercer extranjero-. Has contado una mentira muy gorda, pero la mía lo es más aún.
-Mi abuelo es pescador. Fui ayer a encontrarme con él y ¿qué se os ocurre que vi? Tiene en su casa una nueva criada, y esa criada es un pez que consiguió pescar hace unos diez días. Y debo decir que lo ha amaestrado muy bien: el pez le ordena la casa, barre el suelo, cocina, friega los platos y va al mercado. Mi abuelo también le ha enseñado a cantar. Cuando volvimos de pescar, encontramos preparada una comida deliciosa. Después de comer, el pez subió a la terraza a tender las redes de mi abuelo ... (ver texto completo)
Los otros dos aceptaron y él comenzó, entonces, a contar su historia. Hela aquí:
-Mi tío es guardián de una mezquita. Ayer fui a reunirme con él y ¿qué pensáis que ocurrió? En cuanto nos fuimos a dormir, se levantó un viento que sopló cada vez más fuerte hasta que se transformó en un terrible ventarrón. Tan terrible que, en un momento determinado, elevó en el aire toda la ciudad, con sus mezquitas, sus casas, los jardines, las palmeras, las caravanas de camellos y hasta la tierra en la que todo ... (ver texto completo)
LOS TRES MENTIROSOS Y LA MONEDA DE COBRE. Cuento de Arabia

En una ciudad lejana de un país muy lejano, tres hombres que venían de tres lugares diferentes de la Tierra, se encontraron una moneda de cobre, en un sitio donde se cruzaban tres caminos. Primero pensaron en repartírsela en partes iguales, pero uno de ellos observó:
- ¿Repartir una moneda de cobre? ¡Sería una lástima! Démosla a aquel de nosotros que sepa decir la mentira más gorda.
Cuando llegó el invitado,
la vieja no pudo servir la cena:
era ella misma el guisado
con sal y una pizca…de cayena.
Sacó un pollo gordo de la nevera,
subió al tejado en un santiamén
y lo colgó de la chimenea
para que se ahumase bien.
Pero de pronto resbaló,
por la campana se precipitó
y en la caldera se hundió.
La vieja perdió un poco el miedo,
y quiso agradecer a su vecino
con un vaso de buen vino
y un plato de carne ahumada
con una rica ensalada.
La viejecita, en su casucha,
gemía: -Estoy ya muy debilucha,
no tengo hoz ni tijeras:
¿qué haré con tamaña enredadera?
La oyó quejarse un vecino,
un amable campesino,
y le dijo: -Mujer, no seas tan dura
y no pierdas la cordura:
ya encontraré yo el remedio.
LA VIEJECITA DEL MIJO. Cuento de Bulgaria

Una vez, una viejecita inquieta
sembró mijo en una maceta.
El mijo germinó
y casi hasta el cielo creció:
le llegaba hasta el hombro a la ardilla,
y al ratón, hasta la coronilla.
Cuando Cenicienta se enteró de lo que ocurría, fue al desván, se puso el vestido de diamantes, la diadema y el zapato de diamantes que le quedaba y acudió al palacio real. Podéis imaginaros lo que sucedió. Al ver a Cenicienta, el rey se levantó de la cama, le puso el zapato que había encontrado en el bosque y ordenó de inmediato los preparativos de la boda. En la fiesta nupcial, participaron barones, príncipes y caballeros, hombres y damas de la nobleza, y hasta las hermanas de Cenicienta. Todos ... (ver texto completo)
El rey se sentía profundamente infeliz porque Cenicienta se le había escapado por tercera vez. Sin embargo, para escapar a sus tristes pensamientos, decidió salir de caza. Cabalgando por el bosque mató un oso, un jabalí, muchos lobos y varios zorros, y de improviso, en un arbusto, descubrió el zapato de diamantes de Cenicienta. Asustado y dolorido, pensaba que a Cenicienta le había ocurrido algo malo.
A causa del dolor enfermó, cayó en cama, no hablaba, no comía, ya no dormía, y seguía mirando, ... (ver texto completo)
Siete días después, el rey ofreció de nuevo una fiesta con baile. Y esta vez Serafina encontró en la caja del desván un vestido de diamantes, un par de zapatos de diamantes y una diadema de diamantes. Y este vestido era tan hermoso que no se había visto jamás en todo el mundo uno igual.
Esa noche, en la fiesta, los caballeros y las damas de la nobleza, así como las hermanas de Cenicienta, se quedaron deslumbradas de tanto esplendor y el rey estaba firmemente decidido a no dejar escapar a Cenicienta ... (ver texto completo)
Serafina se puso el vestido de oro y se fue al baile. El palacio estaba lleno de damas y caballeros de la nobleza, y estaban también sus hermanas, pero Serafina era de nuevo la más bella. Y tampoco esta vez hubo quien reconociese en ella a Cenicienta. El rey no le quitó la vista de encima ni un instante, pero, cuando llegó la medianoche, Serafina se escabulló y volvió corriendo a casa. Durante toda la semana, las hermanas hablaron de la bellísima princesa vestida de oro.
Éstas no volvieron hasta el amanecer y, durante toda la semana, no hablaron de otra cosa que del magnífico baile y de la princesa vestida de plata, como si todo esto no tuviese nada que ver con ella.
A la semana siguiente, el rey ofreció una nueva fiesta y, naturalmente, Adela y Matilde no podían faltar. En cuanto cerraron la puerta, Serafina fue al desván, abrió la caja con la llavecita de oro y esta vez encontró un vestido de oro, un par de zapatos de oro y una diadema de oro. Jamás se había ... (ver texto completo)
Serafina se alegró muchísimo. Justamente esa noche había un baile en el palacio real, así que se puso el vestido de plata y fue hacia allí. El palacio estaba lleno de señores y damas de la nobleza. Allí estaban también sus hermanas, pero Serafina era la más bella de todas. Nadie reconoció en ella a la humilde Cenicienta, ni siquiera sus hermanas. Y el rey mismo no quiso bailar con ninguna otra, sino sólo con Serafina vestida de plata. Pero, cuando sonaron las doce de la noche, Serafina se escapó ... (ver texto completo)
-Compréndelo, Cenicienta, contigo haríamos un mal papel y nos ensuciarías los vestidos.
Una vez, mientras ordenaba la casa, Serafina encontró una pequeña llavecita de oro. La probó enseguida en todas las puertas, todos los armarios y todos los cofres y finalmente, en el desván, descubrió una pequeña caja que pudo abrir con la llave encontrada. Adivinad qué había dentro: un maravilloso vestido de plata, un par de zapatos de plata y una diadema de plata. No había en todo el reino un vestido tan hermoso ... (ver texto completo)
En ese momento comenzó la buena vida para las hermanas. Tenían una casa formidable, cubierta de oro y de plata, con campanas de plata en el techo, y también por dentro llena de oro, de plata y de piedras preciosas. Adela y Matilde se ponían de punta en blanco y se iban a la ciudad, donde nunca faltaban a un baile o a una recepción, incluso en el palacio del rey. Serafina, en cambio, se ocupaba de la casa. A fuerza de verla en la cocina trajinando con las cenizas, sus hermanas comenzaron a llamarla ... (ver texto completo)
-De acuerdo –dijeron-. Preparadnos entonces cuatro cerdos asados para el almuerzo.
Las hermanas se pusieron a trabajar en el acto y, cuando el almuerzo estuvo listo, Serafina atrapó cuatro ratones vivos y cosió la barriga de los cerdos después de meterlos dentro. Los ogros se zamparon los cerdos de un bocado y no se dieron cuenta de nada. Después de comer, se fueron a dormir para hacer mejor la digestión. Mientras dormían, los ratones comenzaron a roerles las tripas y les hicieron tantos agujeros ... (ver texto completo)
Pero Serafina les rogó:
-Por favor, dejadnos vivir. Cocinaremos para vosotros, barreremos la casa, lavaremos la ropa, coseremos, trabajaremos para vosotros día y noche, pero no nos quitéis la vida.
Al principio, los dos ogros no querían siquiera escucharla, pero se dieron cuenta de que por probar no perdían nada. Siempre estarían a tiempo de comerse a las tres hermanas.
Ah, qué bonito es este sitio –dijeron las hermanas y llamaron a la puerta.
La puerta se abrió y apareció una bruja horrible, tres veces más corpulenta que un hombre, que tenía un solo ojo en medio de la frente, quince dedos en cada mano y quince en cada pie, además de una boca que parecía la entrada a un horno. Y tras ella apareció un viejo aún más horrible, tres veces más grande y corpulento que ella, que también tenía un solo ojo, quince dedos en cada mano y quince en cada pie, además de una ... (ver texto completo)
-Pobres de nosotras, no sé que podremos hacer –se lamentaban Adela y Matilde-. Es de noche y no tenemos adónde ir a dormir.
Pero Serafina no desesperó. Trepó a un árbol, miró a su alrededor y, por el lado donde el sol ya se había puesto, vio brillar una lucecita. Las tres hermanas se pusieron en marcha y pronto llegaron frente a una magnífica casa, toda cubierta de oro y plata y con muchas campanas de plata en el tejado.
LA SABIA CENICIENTA. Cuento de Francia

Éranse una vez tres hermanas, Adela, Matilde y Serafina, la menor. Sus padres habían muerto y las tres hermanas salieron a buscar nuevos horizontes. Después de mucho andar, llegaron a un bosque muy espeso y oscuro y perdieron el rumbo.
Nada, nada, es sólo la rana del pozo. Quiere que le corte la cabeza, pero me da no sé qué.
-Anda –dijo la madre-, córtale la cabeza a la pobrecita si realmente es eso lo que quiere.
La muchacha se incorporó y le cortó la cabeza a la rana macho. Y en cuanto la cabeza quedó separada del cuerpo, la rana se transformó en un bellísimo príncipe, que se casó con la muchacha y vivieron siempre juntos, felices y contentos.
La rana macho cogió el hacha y croó:
Córtame la cabeza, niña bonita,
córtame la cabeza, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
Tráeme un hacha, niña bonita,
tráeme un hacha, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo, que quiere un hacha.
-Entonces ve –dijo la madre-, y tráele el hacha a la pobrecita.
La muchacha se incorporó y le llevó el hacha a la rana.
Hazme la cama, niña bonita,
hazme la cama, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo, que quiere dormir.
-Pues anda –dijo la madre-, y acuesta en la cama a la pobrecita.
La cama se incorporó y llevó a la rana macho a la cama.
En cuanto estuvo en la cama, la rana macho volvió a croar:
Hazme de comer, niña bonita,
hazme de comer, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo, que quiere comer.
-Pues anda –dijo la madre-, dale de comer a la pobrecita.
Cuando acabó de comer, la rana macho apartó el plato y volvió a croar:
Cuando llegó la hora de dormir, oyó croar junto a la puerta:
Abre la puerta, niña bonita
abre la puerta, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo que quiere entrar.
-Entonces ve –dijo la madre- y hazla entrar, pobrecita.
La muchacha se levantó e hizo entrar a la rana macho, que se sentó a la mesa y volvió a croar:
Porque el pozo se ha secado y no puedo llevarle agua a mi madre.
-No llores. Si me prometes que te casarás conmigo, te daré un cántaro lleno de agua.
La muchacha se echó a reír. ¿Dónde se ha visto que una chica se casase con una rana macho?
-De acuerdo –acabó diciendo-. Te lo prometo.
La rana saltó al pozo y volvió con el cántaro lleno de agua. La muchacha le dio las gracias y se dio prisa en volver a su casa muy contenta. Antes del anochecer, ya había olvidado por completo a su pretendiente ... (ver texto completo)
LA RANA MACHO Y SU ESPOSA. Cuento de Inglaterra

Una vez, una viuda quería hacer una tarta y le pidió a su hija que fuese a buscar agua al pozo. La muchacha cogió el cántaro y salió, pero, al llegar al pozo, vio que estaba seco. Se sentó en la hierba y comenzó a llorar, porque tenía miedo de que su madre la castigase si volvía con las manos vacías. Había otro pozo, pero se encontraba muy lejos, al otro lado del bosque.
Mientras lloraba con el cántaro entre sus manos y humedecía la hierba con ... (ver texto completo)
En una ocasión, Teseo se ofreció voluntario como víctima, con la intención de matar al Minotauro y liberar a Atenas de un cruel destino. Con la ayuda de Adriadna, la hija del rey, que se había enamorado de él, logro su propósito: Adriadna le ofrece a Teseo un ovillo de hilo que le ha dado Dédalo, el arquitecto del laberinto. Habiéndo atado uno de sus extremos en la entrada y siguiendo el hilo por los intrincados vericuetos del laberinto, Teseo puede, efectivamente, encontrar la salida.
La leyenda del minotauro. Mitología griega.
El minotauro era hijo de Pasifae, esposa del rey Minos de Creta y de un toro blanco enviado por Posidón, dios del mar. Minos había ofendido gravemente a Posidón quien como venganza hizo que Pasifae se enamorase del animal. Fruto de dicha unión nació el Minotauro, un ser violento, mitad hombre, mitad toro, que se alimentaba de carne humana. Para esconder su vergüenza y proteger a su pueblo, el rey Minos rogó al inventor Dédalo que le construyera un laberinto ... (ver texto completo)
- ¡Ay, qué es esto, que me matan! ¡Ay, qué susto, ahora sí que sé lo que es el miedo!

Y así es como Juan conoció el miedo.
Éste cumplió su palabra. Juan se casó con la princesa y decidió que nunca más se preocuparía de conocer el miedo porque no le hacía ninguna gracia.
Una tarde que Juan estaba durmiendo la siesta, llegó la princesa para enseñarle una pecera donde nadaban unos peces que le habían regalado; al acercarse a Juan, uno de los peces saltó y unas gotas de agua salpicaron la cara de Juan. Éste , que estaba medio dormido, dio un gran brinco del susto que se llevó y gritó:
-Cae de una vez y que caiga todo lo que tiene que caer, que ya tengo ganas de dormir.
Y allí cayeron manos y brazos y piernas y calaveras, todas pertenecientes a los frailes, y cada una corría en pos de las otras para juntarse en medio de un gran estrépito; así, cuando estuvieron todos, os frailes recompuestos, rodearon al muchacho, que los miró y dijo:
- ¿No será esto el miedo, verdad? Porque yo no sé lo que es el miedo.
Y los frailes desaparecieron de su vista, con lo que por fin se pudo dormir y durmió a pierna suelta hasta el día siguiente. Por la mañana se puso en pie y siguió su camino mientras pensaba: “ ¿Qué será eso del miedo, que todo el mundo habla de ello?”.
Conque al fin llegó a un reino donde había un rey que penaba porque un ogro tenía a su hija en su poder. Cuando llegó Juan Sin Miedo todos se admiraron de que no conociera el miedo y el rey le pidió que fuese a buscar la princesa, prometiéndole que, si se la traía, se la daría en matrimonio. Juan se fue a la cueva del ogro y cuando salió el ogro, como Juan no conocía el miedo, luchó con él, lo venció y rescató a la hija del rey. ... (ver texto completo)
- ¿Caigo o no caigo?
Y él contestó tan tranquilo.
-Cae o no caigas, que a mí lo mismo me da.
Y cayó por el hueco de la chimenea la cabeza de uno de los frailes muertos. La cabeza rodó y se le quedó mirando con los ojos abiertos. Y se oyó otra voz que decía:
- ¿Caigo o no caigo?
Y Juan Sin Miedo respondió lo mismo:
-Cae o no caigas, que a mí lo mismo me da.
Y esta vez cayó la mano derecha del fraile. Entonces otra voz volvió a repetir:
- ¿Caigo o no caigo?
Y Juan: ... (ver texto completo)
JUAN SIN MIEDO. Cuento tradicional español

Éste era un muchacho llamado Juan que no conocía lo que era el miedo. Todos en su pueblo conocían el miedo, pero él no; él no tenía miedo a nada porque no sabía lo que era el miedo. Así que un día decidió ver mundo por si podía conocer lo que era el miedo.
Se puso en camino y anduvo leguas y leguas hasta que se sintió cansado y tuvo que pedir posada en una casa donde vivía un matrimonio de ancianos. Se sentó a cenar con ellos y vio que en la mesa ... (ver texto completo)
EL RATÓN Y EL ELEFANTE. Cuento del Tíbet

Una vez, un ratón cayó en una tina de la que no lograba salir. Por más que chillaba lastimosamente, nadie lo oía. El pobrecito pensaba ya que aquella tina sería su tumba, pero un elefante llegó a pasar por allí y consiguió sacarlo de su trompa.
-Gracias, elefante. Me has salvado la vida. Sabré demostrarte mi gratitud.
El elefante se echó a reír diciendo:
- ¿Y cómo lo harás? No eres más que un ratoncito.
Un tiempo después, unos cazadores capturaron al elefante y lo amarraron con una cuerda para llevárselo a la mañana siguiente. Era de noche, el elefante yacía tristemente en el suelo y, por más que se esforzaba, no lograba desprenderse de la cuerda.
De repente, apareció el ratoncito y comenzó a roer la cuerda. Y roe que te roe, antes de que amaneciese, el elefante estaba libre.
- ¿Has visto, elefante? –dijo el ratón. He cumplido con mi palabra. Hasta un ratoncito insignificante puede a veces hacer lo que no puede hacer un elefante, por más fuerza que éste tenga. ... (ver texto completo)
Buén fín de semana. Aunque ahora va a ser un poco largo.
Imaginaos qué alegría cuando el hermano más joven volvió a casa con el mantel mágico que preparaba por sí solo la comida y la cena, con el gallito que escupía monedas de oro cada vez que cantaba y con el garrote embrujado que golpeaba cuando uno quería.
La miseria desapareció para siempre de aquella casa y nadie volvió a decirle al hermano menor que era corto de entendederas.
Entonces el tonto gritó:
- ¡Garrote, basta!
Y el garrote dejó de golpear. La posadera estaba verde y azul de tantos garrotazos y a duras penas lograba mantenerse en pie. Pero se dio prisa en entregar al tonto el mantel mágico y el gallito, aliviada de haber salvado el pellejo.
No bien dijo eso, el garrote voló por el aire y comenzó a darle golpes por todo el cuerpo. La posadera chillaba, el tonto se despertó y vio lo que estaba ocurriendo. La posadera le suplicaba:
-Señor, tenga piedad, ordénele a su bastón que me deje en paz. Le prometo que no volveré a engañar a nadie y le daré además, el mantel mágico o el gallito que lanza monedas de oro.
-Con que ésas tenemos –dijo el tonto, dándose una palmada en la frente-. Fue usted la que se burló de mis hermanos.
-Le juro que no lo volveré a hacer. Pero, por favor, detenga al garrote. Si sigue así, acabará matándome. ... (ver texto completo)
Señora, escúcheme bien. Tenga en cuenta que mi garrote no es un garrote cualquiera. Cuídese de decirle: “ ¡Garrote, golpea!”, porque será tarde para arrepentirse.
Pero, fiel a su mala entraña, en cuanto el tonto se durmió, la posadera cogió el garrote y dijo:
- ¡Garrote, golpea!
Transcurrido un año, el viejo le dio como recompensa un garrote diciéndole:
-Ten en cuenta que éste no es un garrote cualquiera. Si tú le dices: “ ¡Garrote, golpea!”, comienza a hacer de las suyas. Y solamente se detiene si le dices: “ ¡Garrote, basta!”.
El tonto le dio las gracias y retomó el camino de vuelta a casa. Y también él entró en la posada donde habían pernoctado sus dos hermanos. Cuando llegó la hora de dormir, le dijo a la posadera:
- ¿A dónde vas, jovencito?
-He salido a buscar trabajo, porque en casa no tenemos ya nada para comer.
- ¿Quieres trabajar conmigo?
-Con mucho gusto.
El gallo cantó y de su pico salió una moneda de oro.
La posadera preparó deprisa una cena tan deliciosa que ni ella ni el joven habían probado jamás: claro, porque tenía el mantel mágico. Pero, cuando el joven se durmió, le cambió el gallito mágico por otro cualquiera. Fue así como el segundo hijo, a su regreso, también fue objeto de burlas y carcajadas.
Le tocaba ahora al hermano más joven.
- ¡A ver qué haces, con lo tonto que eres! –lo ridiculizaban sus hermanos mayores.
Pero el tonto se ... (ver texto completo)
El joven le dio las gracias y retomó el camino de vuelta a casa. Al anochecer, entró en una posada, la misma en la que había pasado la noche su hermano mayor.
-Prepárame algo de cenar –le dijo a la posadera-. Tengo todo el dinero que haga falta.
Puso al gallo sobre la mesa y dijo:
- ¡Gallo, canta!
- ¿A dónde vas, jovencito?
-He salido a buscar trabajo porque en casa ya no queda nada para comer.
- ¿Quieres trabajar conmigo?
-Con mucho gusto.
El joven se fue con él, trabajó durante un año, y el viejo lo recompensó con un gallito diciéndole:
-Ten en cuenta que éste no es un gallo cualquiera. Si le dices: “ ¡Gallo canta!”, él obedece y lanza por el pico una moneda de oro.
De inmediato aparecieron sobre la mesa excelentes alimentos y bebidas que ni el joven ni la posadera habían visto jamás en su vida. El joven comió hasta saciarse, convidó también a la posadera y se fue a dormir. Pero la dueña de la posada era una desalmada y, durante la noche, cambió el mantel mágico por uno cualquiera.
Cuando el joven llegó a su casa, su mantel sólo provocó burlas y carcajadas. Le tocó al segundo hijo salir a buscar trabajo. Le tocó al segundo hijo salir a buscar trabajo.
Después ... (ver texto completo)
Ten en cuenta que éste no es un mantel común. Basta con que digas: “ ¡Mantel, prepárate!” y tendrás de comer y beber todo lo que quieras.
El joven le dio las gracias y emprendió el camino de vuelta a casa. Al anochecer, entró en una posada y le dijo a la posadera:
-No se preocupe por la cena: tengo algo mucho mejor. –Cogió el mantel mágico, lo extendió sobre la mesa y añadió-: ¡Mantel, prepárate!