Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Al estar en una cueva, el coyote, el venado, el armadillo, la iguana y el tlacuache tomaron la decisión de proporcionar a sus amigos tan valioso elemento.
Varios hombres hicieron el intento de robarse el fuego, pero murieron acribillados por las flechas de sus enemigos; otros cayeron prisioneros y fueron arrojados al fuego.
Para evitar que los huicholes pudieran robarles tan grandioso tesoro, organizaron un poderoso ejército y siempre mantenían guardianes de día y de noche.
Un día cayó un rayo y provocó el incendio de varios árboles. Los hombres vecinos de los huicholes, y enemigos de ellos, aprisionaron el fuego y no lo dejaron apagar. Para ello nombraron comisiones que se encargaron de cortar árboles para saciar su hambre, porque el fuego era insaciable devorador de plantas, animales y todo lo que se ponía a su alcance.
No sabían cultivar la tierra, no conocían ninguna industria. Sus habitaciones eran cuevas o simplemente en los huecos de los árboles o en sus ramas formaban sus hogares. Vivían tristes, muy tristes; pero había muchos animales que estudiaban la forma de hacerlos felices.
Las noches eran para ellos como terribles pesadillas y no había más que un solo deseo: que terminaran pronto para que el sol, con sus caricias bienhechoras, les diera el calor que tanto necesitaban.
Leyenda del fuego

Hace muchos años en el pueblo de los huicholes no tenían el fuego y, por ello, su vida era muy triste y dura. En las noches de invierno, cuando el frío descargaba sus rigores en todos los confines de la sierra, hombres y mujeres, niños y ancianos, padecían mucho.
Ya nos explicará Qnk dónde se puede encontrar este puente desde donde despedía a su amiga Palmi. Un beso Qnk
Hola Milagros, te explico donde está este puente. Lo podemos encontrar en el pueblo de Palomera a unos 10 km. de Cuenca.
Ahi pase muchos días en compañia de mi buena amiga Palmira, que hace unos años yá nos abandono, era el pueblo de sus padres y como comprenderás a las fiestas no fallabamos, jejejej.
Saludos ya fresquitos.
Fuente: http://www. aragonesasi. com/elfos/07/l02011pw. htm
Ambos reyes y sus descendientes mantuvieron la amistad desde entonces, y se intercambiaron regalos: caballos de guerra, perros de caza, armaduras y cadenas. Y el rey Arawn dio a su amigo el nombre de Señor de Anwn para siempre.
-Prueba mayor de amistad no existe en el mundo. Agradece a los dioses haber topado entre los mortales con un verdadero amigo, y no lo pierdas; ni a él, ni tampoco a mí, si osarais enfrentarme de nuevo a la duda.
Por su parte, Arawn regresó a su reino y lo encontró como esperaba, pero cuando se reunió con su esposa esa noche, y la abrazó, y la besó, y la cubrió de caricias como antaño, no recibió ni palabras ni caricias ni besos de ella. Y cuando le preguntó por qué era así con él, ella le respondió que no hacía más que comportarse como él había hecho durante un año. Y entonces Arawn comprendió, y le contó la verdad a su esposa, y ésta se alegró, y fueron felices, y ella le dijo:
Volvió Pwyll a la carrera, y convocó a sus caballeros. Y les pidió que con sinceridad respondieran sobre cómo había gobernado él mismo durante un año. Y todos a una respondieron que nunca hubo mayor justicia, ni más dones de su mano, ni mejor suerte para tierras, animales y gentes. Y Pwyll agradeció en su interior a Arawn los favores recibidos.
-Sabía que confiaba en un buen hombre y un gran guerrero. Recupera tu físico, pues has cumplido de sobras con tu palabra, vuelve a Dyfed y ve lo que allí he hecho en este año.
Con un terrible mirada, comprendiendo que su final estaba cerca, Havgan el usurpador llamó a sus criados y éstos se lo llevaron de allí. Pwyll, todavía bajo la apariencia y pertrechado con las armaduras de Arawn, recorrió todas las tierras, castillos y señoríos, y los recuperó para Annwn. Sólo entonces volvió al bosque. Ya lo esperaba allí el verdadero Arawn, sonriendo.
-Sé con seguridad que me habría de arrepentir si tratara de terminar contigo con otro mandoble; no habrá más te digo.
-Por compasión, termina lo que empezaste, remátame y vuelve vencedor- gritó el guerrero. Pero Pwyll recordó lo que le dijó Arawn y no quiso embestir de nuevo, aunque estaba preparado:
Entonces fué Pwyll en la figura de Arawn con sus pertrechos de combate al vado del río en medio del bosque de Glyn Cuch, y allí estaba esperando Havgan, su enemigo, impresionante con su armadura negra y su lanza inmensa. Y no se lo pensaron dos veces, que tal como se vieron se calaron los yelmos, empuñaron las picas y lanzaron a galope las monturas envueltas en bardas volando al viento. El choque fue brutal. Havgan dejó caer su lanza, estaba malherido y a duras penas se mantenía en la silla:
Allí lo esperaba la mujer de Arawn, pensando que era él, y deseando, supuso, el mismo trato de todas las noches. La mujer era bella, como sólo pueden serlo las hijas de las hadas. El compromiso era gobernar un territorio, mas no mancillar sus posesiones, pensaba en su interior Pwyll, por eso se mantuvo firme, se volvió contra la pared de piedra, en silencio, sin contestar a las preguntas ni a los ruegos de la desconcertada esposa. Toda la noche la pasó así, y tras la primera noche, las siguientes, ... (ver texto completo)
Mas no había supuesto Pwyll que los problemas vendrían después de tratar con guerreros, terratenientes y ciudadanos. Esa parte fue fácil, la justicia fluía de sus manos pues tenía la verdad asentada en su mente. Lo difícil vino cuando se retiró a sus habitaciones al término del primer día.
Se agitaba nervioso el caballo mientras el Rey de las Hadas hablaba, y al fin arrancó al galope, perdiéndose entre los árboles, camino de Dyfed. Pwyll apenas salía de su asombro, pero la palabra estaba dada. Parecía que su montura conociera el camino, pues en breve lo llevó hacia un castillo, que supuso era el que iba a tener que gobernar durante un año bajo la apariencia física de Arawn.
-Un momento, Pwyll, debéis saber que mi enemigo Havgan, goza de mágicas protecciones. Cuando os enfrentéis a él, dadle sólo un golpe, y no le deis el de gracia, pues si lo hicierais reviviría con igual fuerza.
Volvió el rey de Annwn, pero apenas había recorrido unos metros cuando volvió, gritando:
-Sea pues este el lugar, el bosque de Glyn Cuch, pero escuchad, durante este tiempo vos seréis Arawn y yo seré vos, vos gobernaréis mis tierras y mis gentes en Annwn y yo lo haré bajo vuestra misma apariencia en vuestro reino, Dyfed. Nadie sospechará nada, pues la figura de Arawn será la vuestra, y la de Pwyll será la mía. Ese es el trato.
Ahora, cabalguemos hacia nuestros nuevos destinos, y volveremos a vernos cumplido un año.
-De nobles es ofrecer antes de pedir, mi señor. Nunca rechacé un lance, y no lo haré al término de un año, que sea aquí donde nos reunamos.
-Puesto que aceptáis antes de escuchar, sabed que vuestra lanza deberá erguirse en vuestro brazo al término de un año. Sois el elegido para batiros en duelo contra mi enemigo, el caballero Havgan, que se ha apropiado de buena parte de mis tierras.
-Sea, mi señor Arawn. Decídme que queréis de mí.
-Mi nombre es Arawn, rey de Annwn, y no esperaba menos de vos. El Hado ha querido reunirnos aquí y ahora y vuestro compromiso es bienvenido y aceptado.
-Lo siento de veras, señor, y si en mí está el arreglarlo, os ofrezco cuanto soy y tengo en reparación de tal afrenta, mi señor. Más decidme, ¿cuál es vuestra gracia?
-Pues hicisteis mal al no seguir vuestro primer impulso: la pieza se ha perdido.
-Siento haberos defraudado, señor, pero pensé que era ajeno...
-Esperaba más de vos, Pwyll. Confiaba en contar con vuestros brazos en esta cacería...
Entre las brumas que de repente parecían trepar por los troncos apareció un hombre montado a caballo, al paso. Por la boca, el animal humeaba aliento caliente. Bajo un yelmo de brillante plata, el extraño habló:
Cabalgaba por un bosque cerrado y oscuro, a la caza del ciervo, un caballero llamado Pwyll, señor de las tierras de Dyfed. Habíase quedado sólo, y hasta la vista de sus propios perros había perdido entre tanta espesura. Por eso se extrañó y su caballo se removió inquieto cuando vio aparecer entre los árboles un ciervo a la carrera, perseguido de cerca por una manada pequeña de perros que no eran los suyos, ladrando y aullando enloquecidos. Su primer impulso fue seguirlos, pero enseguida se dio cuenta ... (ver texto completo)
La leyenda del rey Pwyll

Mabinogi se denominaba cada una de las leyendas galesas que todo juglar debía aprender. Una de estas reliquias de la memoria mitológica era la historia del rey Pwyll, parte de la cual cuento aquí en una adaptación libre y personal, para que forme parte del cada vez más rico acervo de ELFOS:
Preparados para caminar por el foro esta temporada?
seguro que sí.
Fuente: http://www. aragonesasi. com/elfos/01/vigilant. htm
Al cabo de un tiempo, por un extremo del bosque de Carterbaugh, salieron un hombre y una mujer. Caminaban a duras penas, apoyándose el uno en la otra, en dirección al castillo cercano, cuando una tropa de soldados les dio el alto. Los hombres armados tardaron más de diez minutos en convencerse de que aquella joven vestida con harapos, de rostro demacrado, ojos enrojecidos, mechones blancos en el cabello y mirada demente, decía la verdad cuando se presentó como la Princesa Juana. Al cabo de muchos ... (ver texto completo)
El caballo negro se encabritó una vez más, una llamarada verde iluminó los ojos de la Reina élfica, y los árboles parecieron abrirse como una cortina que engulló a la oscura aparición.
-Está bien, lo habéis conseguido. Habéis logrado vencer a la Reina de los Elfos. He cometido un error que nunca volveré a cometer: he infravalorado tu valor, el valor de una mujer humana. La vergüenza y el orgullo herido son ahora mi penitencia, por encima de mi odio y mi afán de venganza. Pero huid, rápido, marchad lejos de aquí. El deseo de volver a encontraros dentro de mis dominios mantendrá mi ira encendida, y si tal ocurre, si volvemos a encontrarnos, creedme que no se habrá visto hasta entonces una venganza igual ni en este mundo ni en los otros. ... (ver texto completo)
Entonces, un viento de tempestad se levantó al instante, el aire se puso a silbar como mil serpientes al unísono, y las copas de los árboles se azotaron unas a otras, provocando un estruendo enorme, a la par que los rayos chasqueaban sobre ellos y los truenos retumbaban ensordecedores. Como surgido de la misma noche, un enorme potro negro pareció volar hasta donde estaban la princesa y el vigilante. Los belfos de la bestia lanzaban espumarrajos, sus relinchos destrozaban los tímpanos y sus cascos ... (ver texto completo)
Haciendo acopio de valor, Juana salió de su escondite y se dirigió con paso decidido hacia el corcel blanco. Tuvo que esquivar a varios caballos, y ninguno de los jinetes parecía ver lo que sucedía delante de él. Tampoco Tam la miró cuando se puso a andar a su lado, antes de coger las riendas. Luego tiró de la brida y el animal, piafando nervioso, se detuvo. Tam parpadeó un momento, como si despertara de un sueño, levantó la pierna contraria por encima del lomo del caballo, y se deslizó a este lado ... (ver texto completo)
Afortunadamente, un caballero se adelantó unos pasos colocándose entre ella y la reina, y siguieron su camino. Detrás, el grupo estaba formado por una veintena de elfos y elfas, se oían canciones lejanas y música de laúd y arpa. Pero Juana observó con gran extrañeza que las pisadas de los cascos de los enormes caballos, todos negros, no hacían ningún ruido. Al cabo de un rato que a la muchacha le pareció muy breve, apareció el segundo grupo de jinetes, con los caballos animados en un lento trotecillo. ... (ver texto completo)
No pudo saber cuánto tiempo pasó. Un ruido como de hojas arrastradas por el viento la sacó de su ensimismamiento. Por el camino de su izquierda los árboles parecían moverse. Unas sombras se fueron haciendo cada vez más consistentes. Alguien vestido de un blanco deslumbrante, visible aún en medio de la negrura de la noche, como una fosforescencia venida de otros mundos, apareció ante sus ojos. Se trataba de la imponente figura de la Reina de los Elfos, ataviada con gasas de suaves colores luminiscentes, ... (ver texto completo)
Dicho esto, echó a correr y desapareció entre los árboles enseguida. La princesa se dio cuenta entonces de que la noche ya se había cerrado sobre el bosque, oscuridad sobre oscuridad, y se apresuró a buscar el camino que la conduciría a la encrucijada. No fue muy difícil, después de unos instantes de aturdimiento. El estrecho sendero pelado, sin hierba, resaltaba por su claridad sobre el resto de la maleza, y lo siguió, hasta llegar enseguida a otro lugar abierto, donde confluían los demás caminos. ... (ver texto completo)
-Y ahora debo marcharme. Confío en Vos, mi Señora, si algo saliera mal, con mi vida defenderé la vuestra, no lo dudéis. Y cuando salgamos de aquí, os lo juro por la memoria de mi padre y por esta su espada, seré vuestro esclavo y vuestro paladín.
La princesa asentía continuamente, y trataba de dibujar una débil sonrisa que ocultara el temor que sentía en ese momento. Se levantaron y esta vez fue Tam el que cogió su mano y la acercó a sus labios:
Como os decía antes, esta noche la Reina y su Corte de Elfos pasarán por la encrucijada que hay en el centro del bosque. Irán de camino hacia el castillo en ruinas, donde acude todo el Pueblo de las Hadas a celebrar el Solsticio. Deberéis estar allí, en el cruce mismo, escondida. Veréis a la Reina en cabeza, montada en su caballo y seguida de cerca por un grupo de jinetes. Detrás marchará otro grupo que dejaréis pasar. Por último, yo cabalgaré con los del tercer grupo. Me reconoceréis por mi montura, ... (ver texto completo)
La joven tan sólo pudo asentir con la cabeza, notaba un nudo en el estómago, la lengua paralizada y la boca seca.
-Está bien, mi Señora, creo que podemos intentarlo. Escuchad atentamente porque deberéis hacer todo exactamente como os lo diga, de no hacerlo así las consecuencias serían terribles, y no llego a imaginar de qué sería capaz la Reina élfica con una princesa humana bajo su poder... Recordad que nos encontraremos frente a poderes muy antiguos, no hablamos de fuerza ni de inteligencia, así que no tratéis de usar ni la una ni la otra. Ante los Elfos no sirve de nada preguntarnos la razón de lo que vemos, sencillamente lo vemos, sucede y ya está. Y debo preveniros de que os vais a enfrentar a sucesos horripilantes, pero deberéis soportar todas las visiones sin ceder en nada, sin flaquear ni un sólo instante. Pensad que el sufrimiento es tal sólo cuando lo reconocemos así ¿Estáis dispuesta a pesar de todo? ... (ver texto completo)