Desde que murió Franco, la derecha española ha tenido que ir demostrando día a día que asumía el sistema democrático que tenemos, frente una izquierda que representaba la democracia y la libertad. Estaba obligada a convencer a la ciudadanía de que no eran los herederos del régimen anterior, homologándose a las derechas de los países de nuestro entorno. En los últimos tiempos, incluso ha tenido el descaro de presentarse como el adalid de la libertad y la democracia.
En general, los politólogos y sociólogos que se han dedicado a definir el concepto de democracia (Bobbio, Sartori, etcétera) concluyen que los sistemas políticos de democracia representativa, como el español, se basan en dos ideas fuerza: la primera, que el poder reside y mana del "demos" o pueblo; y la segunda, que el imperio de la ley y el procedimiento son sagrados.
Sin embargo, la derecha madrileña no asume esta definición de democracia. Muy al contrario, Esperanza Aguirre utiliza la democracia para favorecer el negocio privado de unos pocos desde el poder político (y digo bien de unos pocos). En este camino que Aguirre transita con un pie dentro y otro fuera de la democracia en su sentido más puro, la meta es favorecer el binomio que forman dinero y poder. Al poder y al dinero se pueden subordinar todos los principios: da igual el medio ambiente, los servicios públicos, la transparencia en la gestión e incluso la propia democracia. Algunos ejemplos pueden servirnos para ilustrar esta afirmación.
Pio., ., , pio., ., , , .
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