Quiero hacer uan reflexión y al mismo tiempo que comparación, sobre los chicos que nos han alegrado con la conquista del campeonato del mundo de baloncesto.
Aparte de ser unos extraordinarios baloncestistas, han demostrado ser un equipo, unas personas normales, que no andan por "las galasias". Que no se les ha subido el orgullo a la cabeza.
Lo mismo que su entrenador, la fuerza moral que demostró, que a pesar del afallecimiento de su padre, estuvo al pie del cañón, sin transmitirlr nada sus chicos, para no descentralos.
También merece mi admiración, la afición, que demostró no ser tan cerril como la del fútbol, que para festejar algún triunfo de su equipo, finalizan destronado el mobiliario urbano, e incluso saqueando alguna tienda.
Como son varios los lugares en que lo han hecho, que cada uno elija el que quiera.
¿Y qué decir de la prepotencia de los jugadores de fútbol, que se endiosan y creen tener más derechos que cualquier ciudadano, incluso requiriendo la presencia del alcalde? Como diciendo: Es que somos nosotros, los semidioses.
"Vanidad de vanidades", que decúia la mística Santa Teresa de Jesús.
C del M.
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