RECUERDOS PARA LA MEMORIA..
El otro motivo es la poca cintura política de Aznar; su escasa capacidad para responder ante asuntos no previstos y de modo simultáneo en varios frentes, pero la razón que mejor explica su reacción y la del PP ante los atentados del 11 de marzo es la aversión hacia ETA y el nacionalismo, al haber convertido el combatirlos en uno de los ejes fundamentales de su política.
Podría decirse que ETA, y por añadidura los partidos nacionalistas, han proporcionado el pretexto necesario para que el Gobierno haya podido expresar con toda su energía -sin complejos- la carga de centralismo y autoritarismo que encerraba su programa, en el que la unidad de España se entiende como uniformidad, autoridad y disciplina.
Al presentarse como el máximo garante de la unidad de España, el PP había logrado capitalizar en beneficio propio la lucha contra el terrorismo como expresión violenta del separatismo, de tal modo que, dando por supuesto que un acontecimiento de la magnitud de estos atentados debería influir necesariamente en la intención de voto de los electores, también cabría esperar que los ciudadanos entregaran su confianza al partido que más se había distinguido en la lucha contra ETA.
Esta es la razón que parece explicar la resistencia del Gobierno a admitir que los atentados no habían sido obra de ETA, reforzada, además, por otra: atribuir la autoría a algún grupo de fanáticos islamistas podía suponer el retorno a la escena política de aquello que a toda costa se quería evitar: el recuerdo del multitudinario rechazo a la invasión de Iraq, que en el momento álgido de la movilización ciudadana las encuestas habían estimado en el 91%.
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