RECUERDOS PARA LA MEMORIA.
Hay otros motivos que explican la actitud de Aznar, además de su devoción por la política ultraliberal -ferozmente desigualitaria- de la Casa Blanca, y uno de ellos es su moral profundamente maniquea, que intelectualmente le conduce a elaborar representaciones bipolares de la realidad.
En este tema, como en otros, Aznar ha dividido el mundo en dos bandos: el de los terroristas y el de quienes les combaten, y además sólo concibe un modo de hacerlo: el patrocinado por el trío de las Azores.
Empero, el terrorismo es un fenómeno más complejo.
En el caso del practicado por grupos fanáticos islamistas, no es, como pretende el equipo de la Casa Blanca, influido aún por el paradigma bipolar de la guerra fría, un movimiento unificado y mucho menos expresión de uno o más Estados, noción ésta bastante ajena a las interpretaciones más extremas del islamismo (6), sino un método de lucha, aplicado con diversos grados de intensidad, adoptado por grupos y movimientos con distintos propósitos, que requieren, por lo tanto, tratamientos diferentes para ser combatidos.
En el caso de Al Qaeda, la confusión puede ser mayor, ya que, desde un punto de vista occidental, una primera impresión puede ofrecer la apariencia de un nuevo enfrentamiento entre la modernidad occidental y el arcaísmo asiático, sin percibir que tanto los métodos como la ideología y los componentes de esa maraña de grupos tienen mucho de occidentales; son híbridos; o como escribe John Gray, son un subproducto de la globalización.
Y añade: No hay estereotipo que resulte más pasmoso que el que describe a Al Qaeda como un retroceso a los tiempos medievales (...) Pese a que afirmen ser los exponentes de una tradición indígena, sus fundadores han reinterpretado el islám a la luz del pensamiento occidental contemporáneo (Gray, J., Al Qaeda y lo que significa ser moderno, Barcelona, Paidós, 2004). Y retornando al caso de España, no sólo por los objetivos sino también por los procedimientos, hay gran diferencia entre el terrorismo de ETA, un método al servicio de un proyecto totalitario, teñido de etnicismo que defiende un proyecto colectivista nacional, y el de los grupos cercanos a Al Qaeda, que, sin visos de racismo, impulsan un proyecto religioso transnacional, sin que quepa admitir justificación para ninguno de ellos.
PIO...PIO...
Hay otros motivos que explican la actitud de Aznar, además de su devoción por la política ultraliberal -ferozmente desigualitaria- de la Casa Blanca, y uno de ellos es su moral profundamente maniquea, que intelectualmente le conduce a elaborar representaciones bipolares de la realidad.
En este tema, como en otros, Aznar ha dividido el mundo en dos bandos: el de los terroristas y el de quienes les combaten, y además sólo concibe un modo de hacerlo: el patrocinado por el trío de las Azores.
Empero, el terrorismo es un fenómeno más complejo.
En el caso del practicado por grupos fanáticos islamistas, no es, como pretende el equipo de la Casa Blanca, influido aún por el paradigma bipolar de la guerra fría, un movimiento unificado y mucho menos expresión de uno o más Estados, noción ésta bastante ajena a las interpretaciones más extremas del islamismo (6), sino un método de lucha, aplicado con diversos grados de intensidad, adoptado por grupos y movimientos con distintos propósitos, que requieren, por lo tanto, tratamientos diferentes para ser combatidos.
En el caso de Al Qaeda, la confusión puede ser mayor, ya que, desde un punto de vista occidental, una primera impresión puede ofrecer la apariencia de un nuevo enfrentamiento entre la modernidad occidental y el arcaísmo asiático, sin percibir que tanto los métodos como la ideología y los componentes de esa maraña de grupos tienen mucho de occidentales; son híbridos; o como escribe John Gray, son un subproducto de la globalización.
Y añade: No hay estereotipo que resulte más pasmoso que el que describe a Al Qaeda como un retroceso a los tiempos medievales (...) Pese a que afirmen ser los exponentes de una tradición indígena, sus fundadores han reinterpretado el islám a la luz del pensamiento occidental contemporáneo (Gray, J., Al Qaeda y lo que significa ser moderno, Barcelona, Paidós, 2004). Y retornando al caso de España, no sólo por los objetivos sino también por los procedimientos, hay gran diferencia entre el terrorismo de ETA, un método al servicio de un proyecto totalitario, teñido de etnicismo que defiende un proyecto colectivista nacional, y el de los grupos cercanos a Al Qaeda, que, sin visos de racismo, impulsan un proyecto religioso transnacional, sin que quepa admitir justificación para ninguno de ellos.
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