Buenos días Deza: Hoy me levantado muy optimista por la sencilla razón que el Ministro de trabajo e inmigración me asegura la pensión hasta el 2025. Para entonces, si es que vivo, con la limosna que nos den, pues no tengo plan privado, creo que llegue para la cazuelita de sopas de ajo que es lo que comían los viejos en mi niñez. Según se ve, la vida se repite.
El señor ministro de trabajo e inmigración dijo anteayer que aconsejaba a los trabajadores hacerse un plan de pensiones que complete el sistema ... (ver texto completo)
A VUELTAS CON EL VOCABULARIO

AMOLAR: Me doy una vuelta por otro foro y veo que el abuelo nos obsequia con esta palabra que, instalado como estoy en la diáspora y en la madurez, ya tenía casi olvidada. Doy fe que en estas tierras sureñas no he oído nunca este verbo en ninguno de sus tiempos.
De chavales, y puede también dar fe mi buen amigo Félix, del que me alegra sobremanera su participación activa en el foro, era corriente que usásemos el verbo amolar. "Anda y no amueles"; "No te amuela ése..." ... (ver texto completo)
Buenos dias amigos del foro y visitantes buen jueves, animo a todos.
un saludo con cariño
Manuel pasa buen dia, un abrazo
El árbol es uno de los símbolos esenciales de la tradición. Algunos pueblos eligen su árbol: por ejemplo, la encina era árbol sagrado para los celtas; el fresno para los escandinavos; la higuera en la India (bajo este árbol recibió Buda la iluminación). Así mismo, en la mitología existen vínculos entre árboles y dioses: el cedro era el árbol de Osiris; la encina de Júpiter; el laurel de Apolo
El árbol manifiesta en general la vida del cosmos, así como la naturaleza humana (macrocosmos-microcosmos). ... (ver texto completo)
CURIOSIDADES SOBRE LA @

Conocidísima por todos cuantos tengan un ordenador e indispensable para enviar correos electrónicos, y ya usada por la gente del campo desde hace siglos.
Suena todavía, de forma vaga e imprecisa, como una vieja unidad de peso o volumen y que se sigue usando hoy día, y no ya sólo en la Red, sino en algunas regiones como unidad de peso en agricultura.
En la región levantina, comarcas de cítricos de Castellón, Valencia y Alicante, la arroba (@) se utiliza para pesar, vender ... (ver texto completo)
EL ARROBO DE LA ARROB@

A la moda tan políticamente correcta, es un decir, de desdoblar los genéricos por sistema, vengan o no vengan al caso, o sea, aquello de padres-madres, usuarios-usuarias, foreros-foreras, visitantes-visitantas... y tantas más, hay que añadir esa otra de llenar todo de @rrobitas, supongo ue para dárselas de muy feminista (o feministo) y que supone toda una coz para este idioma nuestro que llamamos castellano o español. Conozco el caso de alguna directora que las usa en las ... (ver texto completo)
Finalmente, la lógica del sistema de reparto hace necesario igualar la edad de jubilación de las personas, con independencia del capital que hayan aportado y acumulado, y al margen de cualquier otra consideración. Esto impide a quienes aman su trabajo continuar más allá de la edad prevista, y a quienes desean retirarse más temprano, hacerlo aunque hayan cotizado sobradamente. Además, las diferencias de longevidad entre individuos, determinadas frecuentemente por la genética o por las dolencias de ... (ver texto completo)
Y por último añado:
En la sociedad, los efectos del sistema de reparto son muy negativos. Por un lado, el sistema de reparto encarece el trabajo, lo que incide negativamente en el empleo y fomenta la contratación precaria o incluso irregular. Por otro lado, los trabajadores perciben acertadamente la cotización como una especie de impuesto, y no como una forma de ahorro e inversión. Son especialmente los jóvenes quienes se sienten robados mediante unas cotizaciones que, como intuyen acertadamente, nunca recuperarán. Esto hace que muchos traten de evitar el pago, lo que incrementa la economía sumergida. La injusticia del sistema de reparto se hace aún más palpable en el caso de los trabajadores autónomos.
Uno de los efectos sociales más nocivos del sistema de reparto es la politización de las pensiones. Como es el Estado quien decide todo (cuánto se cotiza, cuánto cobran los jubilados, a qué edad puede uno retirarse, etc.), los diversos partidos utilizan la política de pensiones como arma electoral, máxime si tenemos en cuenta que la inversión de la pirámide demográfica hace de los pensionistas un colectivo estratégico para ganar unas elecciones.
Pero el efecto más lamentable del sistema de reparto es el empobrecimiento generalizado de todo un segmento de la población: nuestros mayores. Las personas que llevan toda una vida trabajando se convierten, al jubilarse, en rehenes de la voluntad social y política de las generaciones siguientes, ya que en realidad son ellas quienes les pagan. Todo lo que ellos cotizaron esforzadamente durante décadas ya se gastó tiempo atrás para atender a otros pensionistas, en un círculo vicioso cuya ruptura es hoy una necesidad social acuciante.
Así, los ancianos saben que dependen de la buena voluntad de los jóvenes, y el conflicto intergeneracional está servido cuando la demografía no acompaña, cuando apenas dos trabajadores deben soportar la pensión de cada jubilado, por baja que sea.
El sistema de reparto hace necesaria la intervención de las familias para completar de alguna manera el ingreso de sus mayores. Esto crea numerosas injusticias, ya que unas familias pueden y quieren ayudar a sus padres y abuelos, y otras no. Por supuesto, los ancianos sin descendientes se ven particularmente penalizados. Y los trabajadores en activo con padres ancianos, sobre todo si son hijos únicos, se ven obligados a contribuir doblemente al sistema: por un lado, con unas cotizaciones desmedidas y, por otro, ayudando directamente a sus propios mayores.
Y sin embargo, los jubilados deberían ser generalmente las personas proporcionalmente más acomodadas en todas las capas de una sociedad, puesto que llevan toda una vida trabajando, ahorrando e invirtiendo. Pero el sistema de reparto se ha quedado con su dinero, no lo ha capitalizado y se lo ha gastado en atender sus obligaciones anteriores, y ahora les condena a vivir con mucho menos de lo que les corresponde y, con frecuencia, en condiciones cercanas a la pobreza. Los mayores son por su propia naturaleza una especie de discapacitados económicos a los que hay que ayudar con todo tipo de descuentos en el transporte y en los espectáculos, con vacaciones organizadas por el IMSERSO y con otros beneficios que no serían ni remotamente necesarios si el sistema de reparto no hubiera empobrecido a estas personas.

Un abrazo. ... (ver texto completo)
Los pensionistas reciben una cantidad u otra en virtud de intervalos decididos por el gobierno del momento, sin que se aplique una justa proporcionalidad directa a las aportaciones realizadas. Además, el sistema prevé topes máximos de pensión pero no de cotización. Y por supuesto, el pensionista no puede optar por recibir de golpe una parte del dinero para, por poner unos ejemplos, cancelar su hipoteca, montar un negocio, comprar un inmueble o ayudar a sus hijos, porque la pensión siempre se percibe ... (ver texto completo)
Finalmente, la lógica del sistema de reparto hace necesario igualar la edad de jubilación de las personas, con independencia del capital que hayan aportado y acumulado, y al margen de cualquier otra consideración. Esto impide a quienes aman su trabajo continuar más allá de la edad prevista, y a quienes desean retirarse más temprano, hacerlo aunque hayan cotizado sobradamente. Además, las diferencias de longevidad entre individuos, determinadas frecuentemente por la genética o por las dolencias de cada persona, o incluso por zonas, por tipos de trabajo desempeñado o por género, hacen particularmente dramática la inflexibilidad en las edades de jubilación, ante la cual nada puede hacer la persona afectada. Como toda generalización, la del momento de jubilarse es, sencillamente, injusta.

Un abrazo. ... (ver texto completo)
A los pensionistas, el sistema les da la cantidad que estima conveniente (o simplemente la cantidad posible en función del estado de las arcas públicas). Un cálculo de todo lo cotizado durante una vida laboral entera, en moneda constante y con una capitalización pesimista, arrojará generalmente un monto acumulado muy superior al dinero que va a percibir el pensionista durante lo que le quede de vida. La cuantía de la pensión vendrá determinada por un cómputo de los últimos quince años de cotización, ... (ver texto completo)
Los pensionistas reciben una cantidad u otra en virtud de intervalos decididos por el gobierno del momento, sin que se aplique una justa proporcionalidad directa a las aportaciones realizadas. Además, el sistema prevé topes máximos de pensión pero no de cotización. Y por supuesto, el pensionista no puede optar por recibir de golpe una parte del dinero para, por poner unos ejemplos, cancelar su hipoteca, montar un negocio, comprar un inmueble o ayudar a sus hijos, porque la pensión siempre se percibe ... (ver texto completo)
A los trabajadores, el sistema les obliga a entregar al Estado unas cantidades arbitrarias, idénticas para cada intervalo de cotización. No existe la menor flexibilidad para, por ejemplo, aportar de más durante las etapas de bonanza y así poder cotizar menos cuando venga una mala época. El trabajador pierde todo derecho sobre las cantidades aportadas, y nadie le lleva la cuenta de cuánto ha cotizado y qué valor actual tendría ese dinero.
Pero quizá lo más doloroso sea la certidumbre de que, si el ... (ver texto completo)
A los pensionistas, el sistema les da la cantidad que estima conveniente (o simplemente la cantidad posible en función del estado de las arcas públicas). Un cálculo de todo lo cotizado durante una vida laboral entera, en moneda constante y con una capitalización pesimista, arrojará generalmente un monto acumulado muy superior al dinero que va a percibir el pensionista durante lo que le quede de vida. La cuantía de la pensión vendrá determinada por un cómputo de los últimos quince años de cotización, y casi siempre será inferior al sueldo que alcanzó el trabajador en sus últimos años de trabajo.

En muchos casos el brusco descenso del nivel de vida al jubilarse llega a ser dramático, generando una sensación de pobreza, dependencia e indefensión en cuanto llega tu jubilación. En la práctica totalidad de los casos, los pensionistas cobramos cantidades injustamente bajas porque el sistema de reparto reduce la riqueza colectiva en lugar de preservar e incrementar la de cada cotizante. La sensación generalizada entre los pensionistas es la de haber sufrido un robo continuado durante décadas de trabajo y la de sentirse maltratados por la sociedad y obligados a vivir una vejez de privaciones y carencias.

Un abrazo. ... (ver texto completo)
En el sistema de reparto, es el gobierno de cada momento quien decide todo: el monto de las cotizaciones y sus intervalos, la edad de jubilación de las personas, la cantidad de años exigible para percibir una pensión y la manera de calcular su cuantía. Además, es el propio Estado quien gestiona en exclusiva los fondos que recauda. Los resultados de esa gestión están a la vista.

Un abrazo.
A los trabajadores, el sistema les obliga a entregar al Estado unas cantidades arbitrarias, idénticas para cada intervalo de cotización. No existe la menor flexibilidad para, por ejemplo, aportar de más durante las etapas de bonanza y así poder cotizar menos cuando venga una mala época. El trabajador pierde todo derecho sobre las cantidades aportadas, y nadie le lleva la cuenta de cuánto ha cotizado y qué valor actual tendría ese dinero.
Pero quizá lo más doloroso sea la certidumbre de que, si el trabajador fallece, su familia no recuperará de forma directa ni siquiera una parte de lo que aportó. Tampoco podrá rescatar él mismo parte de los fondos en caso de una necesidad grave. En la práctica, los trabajadores saben que están cotizando para que el Estado atienda (y mal) a los pensionistas actuales y no a los futuros.

Un abrazo. ... (ver texto completo)
El sistema de pensiones para la vejez imperante en Europa y en otros países desarrollados es el denominado “de reparto”. Este sistema exige de los trabajadores en activo unas cotizaciones que deben pagar al Estado durante toda su vida laboral. Las cantidades aportadas dejan de pertenecer al cotizante y no generan para éste derechos directos ni proporcionados. El trabajador no recibirá al jubilarse ni siquiera una devolución parcial de lo aportado, sino la pensión que el Estado en ese momento considere ... (ver texto completo)
En el sistema de reparto, es el gobierno de cada momento quien decide todo: el monto de las cotizaciones y sus intervalos, la edad de jubilación de las personas, la cantidad de años exigible para percibir una pensión y la manera de calcular su cuantía. Además, es el propio Estado quien gestiona en exclusiva los fondos que recauda. Los resultados de esa gestión están a la vista.

Un abrazo.
X- ¿ES NECESARIA LA REFORMA DEL SISTEMA DE PENSIONES? (Continuación)
-. POSIBILIDAD DEL PASE A UN SISTEMA DE CAPITALIZACIÓN.
-. Otra alternativa de reforma es pasar al sistema de capitalización. El problema está en que ya tenemos un sistema de reparto y como hacemos el tránsito, porque los cotizantes son los que pagan a los jubilados.
-. ¿Quién seguiría pagando si los que están hoy día en el sistema de reparto y están en activo pagando esas contribuciones, se fueran al sistema de capitalización?
-. ... (ver texto completo)
El sistema de pensiones para la vejez imperante en Europa y en otros países desarrollados es el denominado “de reparto”. Este sistema exige de los trabajadores en activo unas cotizaciones que deben pagar al Estado durante toda su vida laboral. Las cantidades aportadas dejan de pertenecer al cotizante y no generan para éste derechos directos ni proporcionados. El trabajador no recibirá al jubilarse ni siquiera una devolución parcial de lo aportado, sino la pensión que el Estado en ese momento considere adecuada en base a diversos criterios sociales y macroeconómicos.

Un abrazo. ... (ver texto completo)
X- ¿ES NECESARIA LA REFORMA DEL SISTEMA DE PENSIONES? (Continuación)
-. POSIBILIDAD DEL PASE A UN SISTEMA DE CAPITALIZACIÓN.
-. Otra alternativa de reforma es pasar al sistema de capitalización. El problema está en que ya tenemos un sistema de reparto y como hacemos el tránsito, porque los cotizantes son los que pagan a los jubilados.
-. ¿Quién seguiría pagando si los que están hoy día en el sistema de reparto y están en activo pagando esas contribuciones, se fueran al sistema de capitalización?
-. ... (ver texto completo)
Como siempre acertado y tocando un tema actual que nos afecta a todos. Tus escasas participaciones son excelentes, Lacalle, y reflejan el sentir de todos, porque todos, tarde o temprano tendremos que depender de la pensión, a no ser que seamos rentistas o tengamos acumulado un capital que nos permita vivir de él. Eres muy explícito en tus “cuatro líneas”, y estoy de acuerdo en tus apreciaciones. Quienes hemos cotizado tantos años, creo que tenemos derecho a percibirlas, que no es una gracia que nos conceda el gobierno de turno. Por eso, cuando escucho al presidente del gobierno decir que no nos preocupemos, que el estado velará por nosotros, me digo: pero si tengo derecho, si no es una prerrogativa que tu nos concedes…. No deberíamos temer el futuro de las pensiones pero, con estos individuos que nos gobiernan, no sabemos donde vamos a ir a parar. Mal lo tienen que ver, cuando el ministro de trabajo aconseja hoy mismo que nos suscribamos un plan de pensiones privado; es vergonzoso.
El modelo sueco, que mencionas, es, a mi entender, el más acertado.
Creo que sería necesaria una exhaustiva revisión, porque hay pensiones de escándalo, así como sustanciosas jubilaciones a los cincuenta años.
En fin, amigo, yo no quiero extenderme en el tema, porque tu ya lo has dicho todo.
Un abrazo. ... (ver texto completo)
A VUELTAS CON EL VOCABULARIO

AMOLAR: Me doy una vuelta por otro foro y veo que el abuelo nos obsequia con esta palabra que, instalado como estoy en la diáspora y en la madurez, ya tenía casi olvidada. Doy fe que en estas tierras sureñas no he oído nunca este verbo en ninguno de sus tiempos.
De chavales, y puede también dar fe mi buen amigo Félix, del que me alegra sobremanera su participación activa en el foro, era corriente que usásemos el verbo amolar. "Anda y no amueles"; "No te amuela ése..." ... (ver texto completo)
"Ahivadiai" es la palabra que más me gusta de todas las que se usan en Deza Era muy común en tiempos y cuando estorbabas o estabas de mas en algún lugar, te soltaban un ahivadiai, que no te quedaba otro remedio que salir disparado del lugar. Era como un aviso. El último "ahivadiai" o quiza "aivadiai" que oí se lo decían a uno que estaba citando a un toro, demasiado cerca y la gente le gritaba: ¡Ahivadiai tontolaba que como se arranque, te estoloza...!

Un abrazo.
LUIS PITA, autor de "El sauce llorón".

Luis Pita nació en 1942, en un lugar del noroeste de la península. Llegó a Soria, como comienza en su libro, una madrugada del mes de septiembre de 1952. Tenía 10 años y acababa de aprobar el ingreso de Bachillerato en Zamora, ciudad donde residía anteriormente. "Vivió dieciocho años en Soria, ciudad que le llegó tan adentro que va pregonando ser soriano. Estudió Periodismo en Madrid y ejerció la profesión en Galicia", como se recoge en la contraportada de ... (ver texto completo)
Buenos dias a todos, un gran miercoles, pasarlo bien, con animo y humor
un saludo.
Manuel para ti lo mejor, en este dia y todos, un abrazo.