Sería un milagro poder descifrar todos los sentimientos y traducir todos los mensajes al oído de los que fue testigo el viejo olmo de la plaza. Fue el fiel confidente de pequeñas historias de amor vividas en la penumbra de la noche, pero otras veces se convirtió en fuente de inspiración de romances de verano que en algunos casos crecieron después al abrigo del invierno. Nunca fallaba como fiel escudero de los primeros escarceos amorosos que nacían con el impulso de la adolescencia o con el atrevimiento ... (ver texto completo)