Cierta vez un cura de Deza que había salido a otro pueblo vecino, creo que fue Bijuesca, tuvo que hacer el regreso a Deza y por el camino empezó a nevar tanto que hasta llegó a perderse. Ya ni sabía en donde se encontraba pues todo lo había cubierto una grandísima capa de nieve. Dando vueltas de aquí para allá, en el tacón de su calzado se había formado un pegote de nieve el cual le molestaba para caminar y decidió rascarlo en un pequeño punto negro que sobre salía en la superficie de aquel páramo ... (ver texto completo)