Aquí tenemos un ejemplar, mejor diríamos un fósil, de aquella generación de frutales que poblaron durante tantos años las vegas de nuestro pueblo. Vegas que quedaron vacías de árboles en donde la fruta se daba de maravilla y con una calidad exquisita. Me contaron cierta vez, que las manzanas reinetas de Deza eran muy estimadas en el mismo Madrid; una manzana que estrellabas contra la pared y rebotaba como una pelota. Y la pera de Roma era una delicia. Cuando salías de la escuela ya sabías donde estaba ... (ver texto completo)