En nuestro pueblo Deza, se fabricaron verdaderos ejemplares de museo de máquinas de ablentar. Las hacía el tio José Luengo artesanalmente pues no había planos ni moldes para hacerlas. Encargaba las piezas mecánicas necesarias y él mismo hacía el resto del armazón, que además de ser bonito tenía que funcionar correctamente, buscando a la vez que fuera suave para que el motor, que era humano, no se dejara allí el aliento y muriese en el empeño. Lo digo por el esfuerzo que había que ralizar durante ... (ver texto completo)