Continuando con el costumbrismo, hoy quiero mencionar algunos viejos recuerdos:
La monotonía de la vida en el pueblo se veía interrumpida varias veces al año: cuando llegaba el Maruso con su circo ambulante mostrando algún mono o animal exótico, otras veces los húngaros con las famélicas cabras amaestradas que, al ritmo de la trompeta hacían equilibrios sobre unas sillas, un cine ambulante que colocaba el telón bajo el balcón des ayuntamiento y al que acudíamos provistos de nuestra respectiva silla ... (ver texto completo)
La monotonía de la vida en el pueblo se veía interrumpida varias veces al año: cuando llegaba el Maruso con su circo ambulante mostrando algún mono o animal exótico, otras veces los húngaros con las famélicas cabras amaestradas que, al ritmo de la trompeta hacían equilibrios sobre unas sillas, un cine ambulante que colocaba el telón bajo el balcón des ayuntamiento y al que acudíamos provistos de nuestra respectiva silla ... (ver texto completo)
No voy a tener más remedio que dejar de opinar sobre los relatos de pefeval porque va a terminar por sentirse molesto, pues puede parecer empalagoso o adulador. Hasta más de uno podría pensar que nos unen lazos de parentesco o de amistad. Doy fe, como puede dar él, de que no nos conocemos. Pero estos relatos costumbristas me tocan la fibra sensible por su calidad y su calidez. Constituyen todo un tratado de etnología y nos ilustran sobre unos tiempos ya idos. Lástima que más paisanos no secunden ... (ver texto completo)