" Supongo que era por culpa del clima tan lluvioso por lo que los ricos de mi infancia apenas salían a la calle y se sabía muy poco de sus vidas. Eran ricos de toda la vida, hombres y mujeres que a lo largo de varias generaciones habían heredado el dinero, los modales y el servicio. No hacían ruido, tenían unas limpísimas manos sin sangre y apenas gesticulaban. Fui desde Cambados en barco unas cuantas veces a visitar a uno de aquellos ricos en su casona de piedra de la isla de La Toja y recuerdo ... (ver texto completo)