Dos buenas personas y dos buenos vecinos, todos los
veranos cuando yo subía a
San Roque hacia el
campo, Paco ya bajaba de vuelta a
casa pues había madrugado mas, siempre con su transistor, y nos parábamos hablar un rato, me preguntaba adonde tocaba ir esa mañana, y nos despediamos hasta la siguiente, lo hecharé de menos. Y Florencio tambien vecino de La Solana, la chapa de hierro que ponía para proteger la
puerta era la mejor
señal de si ya había venido o si había terminado sus vacaciones. Entre
... (ver texto completo)