Me contaba un día un dezano que dejó ya sus huesos para siempre por Cataluña que en los tiempos últimos que estuvo en Deza trató de evitar la emigración arrendando multiples tierras de labor y trabajándolas por su cuenta. Era tanta la faena que se buscó que no la terminaba nunca y su descanso era el mínimo. Andaba siempre con sueño y alguna vez hasta se cayó a tierra cuando iba a acarrear sentado a garramanchones en las anganillas de las mulas a la ida de la pieza que es cuando se puede hacer. A ... (ver texto completo)