Con un par de apuntes breves, voy a terminar con la historia del cochinillo de la rifa del Santo Cristo. A muchas familias de Deza, oía comentar en mis tiempos, que la suerte no les había sonreído jamás y el cerdito nunca tocó en su casa. En cambio la mía fue visitada dos veces. En uno de los sorteos, la agraciada fue mi madre y en otro fui ganador yo mismo, en una papeleta conjunta con una hermana difunta que no conocí y que falleció a la edad de dos añitos. Ya sabéis que como las papeletas son ... (ver texto completo)