Por allá, en los años treinta del siglo pasado, por eso y no se acuerda nadie de Deza hubo un hombre del pueblo que se fue a vivir a Madrid y llevó un invento. Tal era, unas píldoras para el estreñimiento que no le dieron mucho resultado porque se descubrió el amaño. Consistían dichas grageas en cagarrutas de conejo recubiertas de chocolate. El mismo médico decía que aquello no podía ser cosa mala puesto que era hierba molida y a eso sabía. Si llega a ser hoy en día, quizá hubiese tenido éxito puesto ... (ver texto completo)
Una vez fui con un amigo a Bordalba a comprar un conejo para tenerlo de macho en sus conejeras y el amo nos llevó a su casa. Los tenía completamente a oscuras y eran blancos como la nieve y tenían unos hojos rojos preciosos. Nos dijo que los criaba así porque de esta manera no le pillaban la mitomatosis.
Un abrazo.
Un abrazo.