- Las hermanitas Yullies, que cuando salgas para
casa les lleves medio kilo de lomo y jamón de york; quieren hablar contigo-. Una sonrisilla maliciosa denotaba que había negocio para un servidor. Estas hermanas, ya pasadas de edad casadera, ostentaban un laboratorio de cremas embellecedoras para el sector femenino, vivían a dos
calles más allá de nuestra
tienda. Así que cuando marché para casa me acerque al piso de ellas, toqué al timbre y me dieron paso hasta el
salón donde estaban tomando el sol
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