UNA AUSENCIA DE VIENTO
Están los robles dormidos, ausentes de eólicas corrientes; en “el Vallejo “ el silencio manda… silencio. Atrás, en la memoria del visitante, quedan pasados alegres y venturas agridulces. Bailes de verano, verbenas locas. Ruidos de algarabías y tortuosos remeneos de gentío. Muchedumbre arreglada que se aventura en fiesta. Ahora, el frio invierno, niega aquel pasado de pusilánime aptitud. Y, a pesar de este frio invernal, no mueve una brizna de aire y, éste, se halla dormido.
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Están los robles dormidos, ausentes de eólicas corrientes; en “el Vallejo “ el silencio manda… silencio. Atrás, en la memoria del visitante, quedan pasados alegres y venturas agridulces. Bailes de verano, verbenas locas. Ruidos de algarabías y tortuosos remeneos de gentío. Muchedumbre arreglada que se aventura en fiesta. Ahora, el frio invierno, niega aquel pasado de pusilánime aptitud. Y, a pesar de este frio invernal, no mueve una brizna de aire y, éste, se halla dormido.
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