Recuerdo de pequeño, en los largos atardeceres y frías noches de invierno, antes de irnos a la cama, los más mayores se reunían entorno al pequeño brasero de "cisco" a echar unas partidas de cartas. Yo, como algún otro, como meros espectadores, presenciábamos el desarrollo de la partida y del guirigay que allí se montaba. Como mi mente y mi entendimiento no me daba para saber la estrategia que se hacía del naipe, solo me quedaba con la letanía que le correspondía a cada carta cuando esta se echaba ... (ver texto completo)