El cambio que significo para mí, residir en Herrera o en
Palencia, fue traumático, una de las consecuencias más notables era el sabor del
agua, en Herrera sabía a agua, en Palencia a lejía.
En esta
fotografía se observa la caseta donde estaban las bombas que hacían subir el agua del Pisuerga hasta un pequeño deposito de los Altos Renedos y desde éste a los depósitos reguladores del
pueblo, éste agua se bebía tal como venia del
río, no se sometía a ningún filtrado o tratamiento químico, nadie se
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