No hay lugar, nombre, espacio suficiente para que se replante la arboleda,
Ni
río que nos alce, curso arriba, por sobre del olvido. Bien sabemos
Que no hay
campos abiertos al retorno ni surcos en el
mar cuando hay peligro.
Construyamos, de
piedra, en los
caminos señales de profunda plenitud.
Compartimos ansias y misterios arraigados secreta y noblemente
En el tiempo en que ocurre nuestra vida. Compartiremos desazón, proyectos,
Placer, dolor, con suma dignidad,
agua y sed, el amor y el desamor.
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