EL CIEGO.-Erase una vez un ciego que se pasaba el dia recostado sobre un muro del
parque pidiendo limosna. Para ello había escrito en una pizarra:"Por favor, ayudenme, soy ciego". Un hombre que comia cada mediodía en un banco cercano decidio acercarse al ciego para echar unas monedas en su sombrero. Viendo que apenas tenia dinero para pagarse un café con leche, decidio echarle una mano. Con ese fin, cogio la pizarra, le dio la vuelta y escribió un nuevo
mensaje en el reverso. Sin que el invidente
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