
En
Carrocera confluyen los
valles de
Cuevas de
Viñayo y de
Santiago de las Villas, que dan curso al Tusinos y al
Torre. A este ángulo de la comarca de Luna, que limita con los
pueblos de Alba,
Gordón y
Ordás, se le llama el
Rincón, que es una forma directa de
bautizar su situación esquinada respecto al curso del
río que da nombre a la zona. En los años del miedo por la posible rotura de los
embalses, cuando reventó Ribadelago con su saldo más que
centenario de muertes, los habitantes del Rincón dormían más tranquilos que los ribereños del Luna. Unos habían asistido a la
construcción del
pantano de Los
Barrios de Luna y otros estaban al tanto de las sisas de material, así que durante al menos una década ninguna
noche faltó el pánico, por si les alcanzaba la
riada en la cama. Años más
tarde, fueron viendo caerse los
viaductos sobre el
lago, que en su derrota mostraban una construcción tramposa, en la que apenas una lámina de cemento revestía la
estructura de tierra.
Carrocera y sus aledaños no están de paso hacia ninguna parte y sólo se llega a ellos por elección, nunca por azar. Carrocera preside una amplia vega, que se prolonga hacia
Otero de las Dueñas y va a morir en el
embalse de Selga, adonde asoma
Benllera. Eso,
mirando hacia el Luna. Pero si volvemos la
vista hacia las estribaciones de la
Cordillera Cantábrica, se convierte en excelente lanzadera para
disfrutar de los valles y
puertos de
verano de Cuevas y Santiago. Son travesías de media
montaña, sin riesgos de treparriscos, que combinan el reto de los repechos con el frescor sombreado del
paseo entre
arboleda. Por Cuevas se ofrece la leyenda de Tusinos (versión montañesa de la hazaña de Clavijo), cuyo penúltimo despojo fue el
retablo gótico que actualmente se encuentra depositado en el
Museo del
Prado. Vendido en el verano de 1929 al dueño de la línea de autobuses Beltrán, fue intervenido por la policía en
Madrid, donde el
abogado Ramiro Gavilanes ya lo tenía embalado para un
anticuario de París.
Desde Santiago, el
valle del Torre da paso hacia Gordón por el ramal jacobeo ("
Viejo Camino de Santiago" o "Camino de la Montaña") que aprovechó el cordel trashumante de la Vereda de Buiza: la leyenda de
Camposagrado vendría a justificar la
tradición del peregrinaje. Actualmente está en proceso de recuperación este Camino Olvidado.
La peña del
Castillo tiene un peñasco gemelo al otro
lado del río, desde donde se controlaba este paso natural. Por la
ladera rocosa se observa el
canal tallado por los
romanos para conducir el
agua hasta las médulas del Órbigo, en Villarroquel. Hace un
siglo, los muñidores de la
Restauración manejaron el proyecto de enlazar por aquí el ferrocarril de La
Robla con Astorga. Más allá de su
reflejo en la prensa de la época, los
abuelos recordaban el rechazo de estos pueblos al trazado. Pero quedó en lo hablado, como el reciente proyecto de unir los accesos a
Asturias con quince kilómetros de autovía, entre
La Magdalena y La Robla. Deudas de la
historia.