Las viejas
casas deshabitadas, ¡qué solitarias están!, a pesar de la multitud de gente que ha estado dentro o junto a ellas en tiempos pasados, niños, padres, abuelos o los mismos vecinos pasando ratos de charla en el umbral de la
puerta o jugando en la espaciosa era de atrás los inquietos chiquillos.
Las construían con los materiales que existian en el derredor,
piedras, tierra y maderas, cuando no había nada que hacer en los
campos.
Recuerdo haber presenciado un velatorio en esta
casa tras
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