ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca)

Las primeras rosas
Foto enviada por cuenka

Sus restos fueron exhumados en 1910. El cráneo conservaba algunos cabellos. Eran de color castaño claro, excepto en una parte en la que resultaban mucho más oscuros por estar cubiertos de una sustancia que parece haber sido sangre. Los huesos del cráneo estaban muy fracturados, aunque ello no resulta prueba concluyente de muerte violenta, pues no queda totalmente descartado que fuera obra del tiempo, o bien ocurrido durante el traslado a Windsor. Sin embargo, las evidencias, sumadas, son tan abrumadoras ... (ver texto completo)
El afecto de la gente, especialmente los habitantes del norte, hizo que consideraran a Enrique un santo y comenzaran a atribuírsele milagros. Aún se conservan los himnos y oraciones que su pueblo compuso para él.
El rey que odiaba toda clase de violencia, aquel que nunca hubiera querido combatir, fue enterrado en la abadía de Chertsey, hasta que en 1484 Ricardo III autorizó su traslado a Windsor. De Enrique dijo un contemporáneo que “nunca hizo daño conscientemente a nadie”, y que “la rectitud y la justicia rigió su conducta en todos los asuntos públicos”. Una muestra de su carácter y de su sensibilidad, nada medieval, la hallamos aquel día que pasaba de St Albans a Cripplegate y vio expuestos los restos ... (ver texto completo)
Tomás Moro afirmaba que había sido el duque de Gloucester, futuro Ricardo III, la mano criminal, pero esto no está demostrado. Podría ser fruto de los esfuerzos de Moro por limpiar, a su vez, el nombre del primer Tudor. Sin embargo, es de notar que Ricardo estaba presente en la Torre la noche en que Enrique murió. También sería interesante considerar que Moro no fue el primero en acusar a Ricardo, sino que la primera mención corrió a cargo de Felipe de Commines. Commines era un francés que no tenía ... (ver texto completo)
Hasta entonces no había sido conveniente deshacerse de él, porque su hijo tomaría el relevo y era un contrincante más temible que aquel pobre loco que accedía a todo. Pero, muerto el príncipe, ya no necesitaban mantenerlo a él con vida. En ese sentido se expresa el embajador de Milán: “El rey Eduardo ha optado por no prolongar más el cautiverio del rey Enrique… Muertos el príncipe su hijo y el conde de Warwick, así como todos aquellos partidarios suyos que tenían alguna fuerza, hizo asesinar secretamente al rey en la Torre, donde se encontraba prisionero. Ha optado, en definitiva, por cortar de raíz”. ... (ver texto completo)
Enrique VI fue asesinado en la Torre la noche del 21 al 22 de mayo de 1471, a pesar de que una crónica escrita para limpiar la memoria de Eduardo afirma que murió de pena al enterarse de la derrota y de la muerte de su hijo. Dicha versión ni siquiera fue aceptada por sus contemporáneos
Cuando los yorkistas comenzaron a pelearse entre sí y el conde de Warwick expulsó a Eduardo IV, Enrique pudo abandonar la Torre y fue tratado de nuevo como rey. Fue una breve restauración que terminó cuando Eduardo regresó y derrotó a Warwick y a Margarita en Tewkesbury. Allí caía el hijo de Enrique, que perdía la vida con solo diecisiete años.
En 1464 un nuevo enfrentamiento entre ambos bandos condujo a otra derrota de los Lancaster. Enrique vagaba disfrazado por Lancashire y Westmoreland hasta que finalmente fue capturado y conducido a la Torre de Londres. Allí habría de permanecer prisionero durante cinco años.
Aunque Eduardo pudo retener el trono tras la batalla, Enrique y Margarita se le escaparon. Durante tres años el rey depuesto fue tan solo un vagabundo que erraba por la frontera de Escocia, viviendo de la caridad del rey de aquellas tierras mientras la reina asumía el liderazgo de la resistencia.
Pero el ambicioso duque dejaba un hijo que reaccionó con rapidez y logró apoderarse del trono, convirtiéndose en Eduardo IV. El nuevo rey empujó a Enrique y Margarita hacia el norte y derrotó a sus tropas en Towton. El 4 de marzo de 1461 Enrique era hecho prisionero. Para entonces su estado mental era tal que cuentan que mientras se desarrollaba la segunda batalla de St Albans, aquella que lograría liberarle, reía y cantaba como un lunático.
Ambos ejércitos volvieron a encontrarse en una nueva batalla, y esta vez era York quien perdía la vida sobre el campo de Wakefield.
Naturalmente Margarita de Anjou jamás iba a consentir que su hijo fuera despojado, y lucharía hasta las últimas consecuencias por sus derechos.
Al día siguiente proclamó su aspiración a la corona por derecho hereditario, pero el escaso apoyo entre sus pares impidió que sus ambiciones prosperaran. Tras varias semanas de negociaciones, se alcanzó un acuerdo mediante el cual Enrique podría conservar el título de rey de por vida, pero York y sus descendientes serían reconocidos como únicos herederos de la corona. York sería nombrado Príncipe de Gales y Protector del Reino.
En 1459, tras un nuevo enfrentamiento, esta vez en Ludford Bridge, York se vio obligado a huir a Irlanda, pero al año siguiente regresaba e iba más allá, reclamando formalmente la corona para sí. Llegó a Londres y se alojó en el palacio real. Entró en el Parlamento, avanzó hacia el trono y colocó su mano sobre él, como si tuviera intención de ocuparlo. Seguramente esperaba que la asamblea lo proclamara rey, como habían hecho con Bolingbroke en 1399; sin embargo, se hizo un gran silencio roto al fin ... (ver texto completo)
En 1455 daba comienzo la Guerra de las Dos Rosas con la batalla de St Albans. Allí se enfrentaron las tropas de la Casa de Lancaster, conducidas por Somerset, contra las del duque de York y su aliado Warwick. Somerset perdió la vida en la batalla y York capturó a Enrique, herido en el cuello por una flecha. Con el rey en su poder, se hizo nombrar Lord Protector de Inglaterra. Era vital para él que Enrique continuara con vida, puesto que York, con escaso apoyo entre la nobleza, no hubiera obtenido ... (ver texto completo)