Para nieves, las que cayeron en Aldea cierto fin de semana de febrero de 1983. Todos nos habíamos acostado la
noche del viernes con el regusto del Un, Dos, Tres, tan sabiamente conducido por Mayra Gómez Kemp. Hacía un frío de bigote, y comenzaban a caer tímidos copos que no eclipsaban la incandescencia de estrellas que se percibían en aquel firmamento del pasado.
Amaneció el sábado, y el
pueblo se nos descubrió cubierto de un blanco sudario. Fue difícil levantarse de la cama, pues era muy deleitable
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