Siempre me he sentido atraido por las historias urbanas, que se cuentan por los mayores y pasan pos tradicción de padres a hijos. En este motículo, llamado por los lugareños "El Castillón del moro", se nos contaba, que había escondido un tesoro y nosotros los jovenes nos ilusionabamos y aceptabamos esa versión como una posible realidad. En ese afán de investigación, subimos a la cima y disfrutamos de todo el entorno, pero del tesoro, nada de nada, una odisea de difícil realización. El lugar representa ... (ver texto completo)