Miren ustedes: todos somos hojas de un mismo
árbol. El problema está en el alma humana, no en las razas ni en las
costumbres.
Dios ama al emigrante, escrito está:
"... El Dios grande, fuerte y temible que no hace acepción de personas ni acepta sobornos; que hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al emigrante suministrándole
pan y vestido. Amad vosotros también al emigrante, ya que emigrantes fuisteis en el país de
Egipto" (Dt 10, 17-19)
El amor lo puede todo y todo lo perdona (1 Cor 13).
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