“ El amor es la alegría en la vida humana; sin él todo es vacío, todo es triste y pesado; con él todo es ligero, florido delicioso, sin él todo parece feo, inactractivo; con él hasta lo que era feo se reviste de una hermosura nueva, atrae, seduce, encanta”
"Donde hay amor hay vida: aun en el orden natural es el amor quien engendra; sin amor sobrevendría la muerte de la humanidad”
“El agua es el amor, o, si se quiere, el amor es el agua del corazón del hombre”
“El desierto más árido se tornaría en jardín, si en medio de él brotasen fuentes de agua viva, la tierra más pobre y pedregosa produce frutos óptimos si se riega, el paisaje más árido y desolado reverdece y se hermosea en mil colores si sobrevienen sobre él lluvias frecuentes”
“El agua es el amor. El agua es principio de vida, de hermosura, de verdor y de alegría”
“ Sale el sol, se seca el charco, y la fuente permanece”
La ley de los contrarios:

Cuando un sujeto se ve amenazado con un contrario, organiza mejor su resistencia, lo cual significa un aumento de fuerza, un desarrollo dinámico en la persona, que le obliga a realizarse más plenamente. Cuando un cristiano es tentado por un pagano o invitado a renegar de su fe, concentra mejor sus energías para defenderla y nace el nuevo atleta, animoso para sellar el testimonio de su fe, si es necesario con su sangre. Esta es la dialéctica de los contrarios que promueve el progreso personal o social. Así el desarrollo dogmático se obtiene entre las negaciones de las herejías, y la santidad cristiana avanza entre innumerables tentaciones de la vida. ... (ver texto completo)
Cristo puso en marcha hacia Dios, a los hombres, y les sembró en el corazón el deseo de la inmortalidad dichosa de la ciudad celeste, que mueve a los cristianos hacia arriba, como una planta celeste que se extiende sus ramas al cielo, buscando el calor del sol.

“ Por eso plantó en nosotros naturalmente el deseo de ser bienaventurados e inmortales, quedándose El bienaventurado y haciéndose mortal, para darnos lo que deseamos, y padeciendo no enseño a no hacer caso de lo que nos infunde miedo”
He aquí algunos textos:

“De lo dicho se ve claramente que hay dos ciudades y dos reinos y dos reyes, Cristo y el diablo; y ambos reinan sobre las dos ciudades…Estas dos ciudades desean servir la una al mundo y la otra a Cristo la una quiere dominar en este mundo, la otra quiere evadirse de él; la una vivir en la aflicción, la otra se divierte, la una flagela, la otra es flagelada”.
La ciudad del diablo nace de la soberbia, que es una forma de amor invertido y pervertido, que de suyo crea un reino de egoísmo. “ Porque en la soberbia está el principio de la mala voluntad” San Agustín se mantiene adicto al texto bíblico sapiencial.” Pues principio de todo pecado es la soberbia” Eclo 10,15)

“ ¿y qué es la soberbia sino la ambición de hacerse grande con malas artes? Porque grandeza de malas artes es la que se logra, abandonando el Principio al que se debe mantener unido el espíritu ... (ver texto completo)
Los dos nombres de la capital del pueblo hebreo, Jerusalén y Sión, definen su fisonomía.

“Aquella patria en Sión es lo mismo Jerusalén que Sión, y debéis conocerla significación de estos nombres, Así como Jerusalén se interpreta visión de paz. Sión significa especulación, esto es, visión y contemplación. No sé qué grandes espectáculo se nos promete; es el mismo Dios que fundó la ciudad Bella y adornada ciudad, pero ¡cuánto más bello es el fundador que tiene!”
La catequesis primera incluía en su programa esta instrucción, presentando a la ciudad de Dios en su doble vertiente, terrena y celestial, peregrinante y en reposo.

Bautizarse significaba incorporarse a una ciudad, tomar carta de ciudadanía nueva, saliendo de la ciudad de la confusión. Por eso, en el libro para catequizar a los ignorantes hay un desarrollo bastante amplio del tema. La intención pastoral era infundir un profundo sentimiento de las exigencias de la santidad que debe distinguir al cristiano como seguidor de Cristo.

“Dos ciudades, una de malvados, otra de santos, son conducidos desde el principio del género humano hasta el fin de los siglos; ahora mezcladas corporalmente, pero separadas según su voluntad, y en el día del juicio, vendrá la total separación”. ... (ver texto completo)
Tan arraigada estaba en Agustín esta pedagogía, que ya en el primer sermón que conocemos como suyo, pronunciado el día 15 de marzo, sábado del año 391, en que fue ordenado sacerdote, exhortaba a los catecúmenos:

“Honrad, amad, predicad a la santa Iglesia, vuestra madre, como a la santa ciudad de Dios, Jerusalén celestial. Ella es la que todos este mundo crece y fructifica en esta fe, siendo la Iglesia del Dios vivo, la columna y firmamento de la verdad” (1 Tim 3,15)”
En el sermón 81, datado en octubre o noviembre, a dos o tres meses de la caída de Roma, levantaba el ánimo de sus diocesanos, explicando el misterio del lagar del mundo:

“ En los tiempos cristianos es devastado el mundo, se viene abajo el mundo. He aquí que en los tiempos cristianos, Roma perece”.
A lo que contesta el Obispo:

“Roma no perece, Roma recibe unos azotes; Roma no ha perecido; tal vez ha sido castigada, pero no aniquilada. Tal vez Roma no perece, si no se pierden los romanos
“ Antes, cuando ofrecíamos nuestros sacrificios a nuestros dioses, Roma se mantenía en pie; ahora que ha triunfado y abundado el sacrificio a vuestro Dios, y han sido prohibidos y proscritos los nuestros a los dioses, ved en qué desventura se halla nuestra Roma”.