En el sermón 81, datado en octubre o noviembre, a dos o tres meses de la caída de Roma, levantaba el ánimo de sus diocesanos, explicando el misterio del lagar del mundo:
“ En los tiempos cristianos es devastado el mundo, se viene abajo el mundo. He aquí que en los tiempos cristianos, Roma perece”.
A lo que contesta el Obispo:
“Roma no perece, Roma recibe unos azotes; Roma no ha perecido; tal vez ha sido castigada, pero no aniquilada. Tal vez Roma no perece, si no se pierden los romanos”
“ En los tiempos cristianos es devastado el mundo, se viene abajo el mundo. He aquí que en los tiempos cristianos, Roma perece”.
A lo que contesta el Obispo:
“Roma no perece, Roma recibe unos azotes; Roma no ha perecido; tal vez ha sido castigada, pero no aniquilada. Tal vez Roma no perece, si no se pierden los romanos”