Tan arraigada estaba en Agustín esta pedagogía, que ya en el primer sermón que conocemos como suyo, pronunciado el día 15 de marzo, sábado del año 391, en que fue ordenado sacerdote, exhortaba a los catecúmenos:

“Honrad, amad, predicad a la santa Iglesia, vuestra madre, como a la santa ciudad de Dios, Jerusalén celestial. Ella es la que todos este mundo crece y fructifica en esta fe, siendo la Iglesia del Dios vivo, la columna y firmamento de la verdad” (1 Tim 3,15)”
En el sermón 81, datado en octubre o noviembre, a dos o tres meses de la caída de Roma, levantaba el ánimo de sus diocesanos, explicando el misterio del lagar del mundo:

“ En los tiempos cristianos es devastado el mundo, se viene abajo el mundo. He aquí que en los tiempos cristianos, Roma perece”.
A lo que contesta el Obispo:

“Roma no perece, Roma recibe unos azotes; Roma no ha perecido; tal vez ha sido castigada, pero no aniquilada. Tal vez Roma no perece, si no se pierden los romanos
“ Antes, cuando ofrecíamos nuestros sacrificios a nuestros dioses, Roma se mantenía en pie; ahora que ha triunfado y abundado el sacrificio a vuestro Dios, y han sido prohibidos y proscritos los nuestros a los dioses, ved en qué desventura se halla nuestra Roma”.
Ahora la tragedia de Roma irritaba y envalentonaba más a los enemigos del cristianismo. Los fieles se veían entre un continuo tiroteo de calumnias y objeciones. Las armas eran antiguas, pero ahora resplandecían buidas por la actualidad de la pavorosa catástrofe del Occidente
Así hablaba el Obispo de Hipona en su basílica de la Paz a los feligreses, llenos de pavor, en un sermón que lleva por título Sermón sobre la caída de Roma, pronunciado a raíz de los sucesos. Por él conocemos el estado de ánimo del Santo y de los cristianos que compartieron con él la común desgracia
No menos sensible a la desgracia común de Occidente, Agustín de Hipona seguía con espanto l las noticias que le llegaban de Roma.” Horribles noticias nos han llegado de mortandades, incendios, saqueos, asesinatos y otras muchas enormidades, cometidas en aquella ciudad.
San Jerónimo, embebido en sus comentarios sobre el profeta Ezequiel, acusaba el golpe desde su retiro de Belén con estas palabras “ La música en el duelo está fuera del tiempo”
En el día 24 de agosto del año 410 entraron en Roma, por la puerta Salaria, las tropas de Alarico, saquéandola a hierro y fuego. Aquel acontecimiento hizo temblar a los espiritus más fuertes del paganismo y de la cristiandad, con una depresión moral que no respetó a los altos ni a los bajos.
Aunque todo esta en los libros, pero hay que mecanografiarlo y eso lo hacemos nosotros porque nos gusta aprender a poner el punto y la coma, porque a esto todavía no hemos llegado a situarnos. Pero cada vez cometemos menos falta de ortografía.
Hola

Hoy halaremos de literatura por ser una rama que me encanta y hubiera disfrutado siendo profesor de la misma al haber podido estudiar la carrera, pero los tiempos no eran los más propicios y nos hemos tenido que conformar con leer. Que es de donde saco mis enseñanzas ya que he ido creado este hábito de la lectura con los años
Fabiola te quiero mucho
Y me esfuerzo y lucho
Para lanzate mi gancho
Porque me gusta tu
rancho.
Hola Agustín,

Para no meter las de andar, dime de qué año es la foto de Fidela porque estoy confundido. El vestido parece ser de los años 20, pero lo que enseña es de los 70 cuando las minifaldas nos alegraban la vista y nos subían la bilirrubina.

Un abrazo
Vicente
Alegrate el corazon
Y espera a mañana
Para ponerte el calzo
Si duermes con la sabana.
La necesidad del buitre
Tomando cierta carrera
Para subirse al aire
Desde un cajon espera.
Habilidad de golondrina
Para volar en vuelo raso
Esto veo en mi esquina
Y pasando del suelo un paso.
“DECIRLE A DON ALVARO VUESTRO SEÑOR QUE QUIEN ES FUIMOS Y QUIEN SOMOS SERA”

Esta historieta que vamos a contar es sacada de esta frase del encabezado que un día ya lejano leímos en un libro de frases celebres que me lo pidieron para su lectura y nunca más me lo devolvieron de aquí saque una lección “ Libro dejado libro perdido”.

Don Álvaro de Luna era natural de Cañete (Cuenca) y fue condestable de Castilla en tiempos del rey Don Juan II rey de Castilla, fue en lo natural pequeño pero gozo ... (ver texto completo)