Y tie, y tie, y tie sangre de duquesa en la,
en la, en las parmas de sus manoooós,
porrompompon, porrompomporropempero peró,
así, así me preguntó yo así, qué pinta esta tía aquí,
aquí en to er medio de Madriz, Madriz.
De verdad de verdad, amadísima lectora o lectorcete que recreas tus negros ojazos entornados en cuyo fondo se adivinan ramalazos tintos en sangre mientras los pasas por estas mal pegeñadas líneas que, cada día estoy más convencido que por los madriles, sus mandamases o están tarados o han surgido del fondo de un hediondo contubernio cuyo director hace ya años que está reinando en una de las salas del infierno sentado a la derecha de su presidente vitalicio.
Porque es que a mi parecer y dentro de mi lógica supina ignorancia debido a mi baja extracción social y falta de estudios y sobretodo entendederas, cada día que pasa me huele más a podrido todo lo que emana de ese conglomerado de presuntas políticas y supuestos políticos refugiados en sus torres marfileñas y empeñados en mirar sus orondos y perfumados ombligos para luego, ponerlos como espejos en el que debemos mirarnos todos los insignificantes mortales que tenemos el altísimo honor de ser gobernados por esta atufadora pléyade de monigotes descerebrados.
Porque vamos a ver, ¿no es bien verdad que JFK fue asesinado por un sicario de......., de quién?
¿No es también verdad que todas las vidas son iguales y que, en los cercanías de Madrid que circulaban aquella mañana de aquél once de marzo no había ningún político? Quiero decir ya consagrado a ese noble (perdón) arte de ganarse la vida, al menos que se sepa. ¿Y no es verdad también que de toda esta caterva de energúmenos cavernarios que vociferan clamando ejemplar venganza, que se sepa, tampoco había ninguno en los fatídicos convoyes? Luego, yo me pregunto si la sinvergonzonería (por no escribir algo peor) de algunas y algunos, no está ya rayando en el escarnio, burla y befa a la memoria de unas víctimas que, por la causa que fuese, iban ese día en esos trenes y murieron asesinados por la metralla de las bombas colocadas por otras personas tan primitivas y fanatizadas, que fueron incapaces de vislumbrar la inmensidad del daño que iban a hacer. Y total, ¿para qué? ¿Para qué les sirvió cometer tamaña matanza? ¿Para qué les va a servir a estos de ahora reabrir o no reabrir el caso? ¿A qué o a quiénes están intentado soliviantar o segar la yerba bajo los píes, con tal de conseguir sus espurios intereses?
Lo tienen todo. Pero aún quieren comerse nuestro toscos cerebros mientras beben cava francés en el zapatito de alguna linda entretenida o en el borceguí de algún macho cabrío preñado de viagra.
La madre que los paríó, qué descansada quedó.
Salud.
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