Aprovechando el puente de Todos los Santos, visité de nuevo el monasterio cisterciense de Veruela, evocador lugar para los amantes del arte y del misterio. Paseé por los mismos lugares en los que se inspiró Becquer; anduve por los oscuros claustros y recorrí el paseo que, desde la puerta amurallada, llega hasta las arquivoltas de la iglesia bajo el crismón entre las falsas columnas de su fábrica. Siempre encuentro algún motivo nuevo, algo que en otras visitas me quedó desapercibido. Allí, en el palacio ... (ver texto completo)