En Deza hace ya unos sesenta años que todo bicho viviente se paseaba por las calles. Por la mañana se abría la puerta de casa y salían las gallinas a la calle; salían los patos en dirección al cequión, los perros y los gatos ya ni siquiera entraban dormían dentro; las mulas si no había que arar se mandaban a la dula o bien se dirigían cargadas con los aperos para ir al trabajo, la cabra se soltaba para que fuese a la bicera y volviese al atardecer, los cerdos se sacaban a pasear cuando se les suministraba ... (ver texto completo)