En tiempos pretéritos, guardábamos hasta las herraduras que nos encontrábamos por el camino que transitábamos, aunque estuviesen rotas. Servían para ir haciendo tu pequeño montón y con el tiempo poderlas cambiar por naranjas al chatarrero que venía a la plaza con su carro lleno de dicha mercancía y que se llevaba repreto de trapos, suelas de goma y hierros viejos.
Eran otros tiempos. Las mulas transitaban los caminos a cientos cada día.
Viene muy bien a cuento un artículo de Eduardo Galeano que ... (ver texto completo)
Eran otros tiempos. Las mulas transitaban los caminos a cientos cada día.
Viene muy bien a cuento un artículo de Eduardo Galeano que ... (ver texto completo)