Una vez más observo en los anteriores
correos la arrogancia, soberbia, y prepotencia de los sevillanos, les sobra orgullo y les falta humildad. Es bueno estar orgulloso de una ciudad y de su gente, lo que no es tan bueno es ser permanentemente crítico con todo lo que está más allá de su demarcación. Sigue habiendo mucho provincianismo en una ciudad de más de 1 millón de habitantes, y no hay visos de que se cambie de mentalidad. El más cosmoplita es el que es capaz de valorar lo bueno y lo malo de
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